prefiero saber todo a nada simple.
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prefiero saber todo a nada simple.
Un innovador estudio de la Universidad de Cambridge sitúa a nuestra especie por encima de la mayoría de los primates en exclusividad reproductiva, compañía de suricatas y castores, y muy lejos de la promiscuidad de chimpancés o delfines. Los humanos se sitúan entre suricatas y castores en la ‘liga’ de la monogamia de los mamíferos / Pixabay ¿Es el ser humano monógamo por naturaleza? La pregunta, eterna fuente de debate filosófico y social, encuentra ahora una respuesta cuantificada y contextualizada en el árbol evolutivo. Un novedoso estudio del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge ha establecido por primera vez una “clasificación” de la monogamia reproductiva entre mamíferos, colocando a Homo sapiens en una posición destacada: la séptima plaza entre once especies socialmente monógamas, firmemente anclado en lo que los investigadores llaman la “Premier League” de la fidelidad. La investigación, publicada en Proceedings of the Royal Society: Biological Sciences, rompe con los métodos tradicionales de observación conductual. Su autor, el antropólogo evolutivo Mark Dyble, ha ideado un enfoque computacional que mide la exclusividad reproductiva real a través de un indicador genético concreto: la proporción de hermanos completos (comparten madre y padre) frente a medio hermanos (solo comparten uno de los progenitores) en una población. “Las especies y sociedades con mayores niveles de monogamia tienden a producir más hermanos completos”, explica Dyble. El modelo ha cruzado datos genéticos de diversas especies con registros etnográficos de 94 sociedades humanas preindustriales, desde cazadores-recolectores hasta agricultores. El podio animal y nuestro lugar en la tabla Los resultados pintan un panorama fascinante. El campeón absoluto de la fidelidad es el ratón ciervo de California, con un 100% de hermanos completos, ya que forma parejas de por vida. En lo alto de la tabla también están el mono tití bigotudo (78%) y el castor (73%). Los humanos, con una tasa global del 66% de hermanos completos, se sitúan en un meritorio séptimo lugar, por delante de las suricatas (60%) y muy cerca del gibón de manos blancas (63.5%), nuestros parientes primates más próximos en esta liga. “Existe una liga premier de monogamia, en la que los humanos se encuentran cómodamente, mientras que la gran mayoría de los otros mamíferos adoptan un enfoque mucho más promiscuo”, afirma Dyble. El contraste con otros parientes cercanos es abismal. Especies como los chimpancés y los delfines apenas registran un 4% de hermanos completos, y los gorilas de montaña un 6%. Esto confirma que, en términos reproductivos, los humanos nos hemos desviado significativamente del patrón predominante en otros primates. La paradoja cultural: poliginia sí, pero con fidelidad reproductiva Uno de los hallazgos más reveladores del estudio surge al analizar la diversidad humana. Hasta un 85% de las sociedades preindustriales estudiadas permitían la poliginia (un hombre con varias esposas). Sin embargo, incluso en estos casos, la proporción de hermanos completos se mantuvo consistentemente alta en comparación con otras especies no monógamas. “Esto sugiere que, más allá de la estructura matrimonial formal, los vínculos de pareja estables han sido el patrón reproductivo dominante y más exitoso en nuestra especie”, señala Dyble. El investigador aclara una distinción crucial: el estudio mide la monogamia reproductiva, no necesariamente el comportamiento sexual. Un vínculo que, en los humanos modernos, la cultura y los métodos anticonceptivos han logrado separar. El trabajo de Cambridge no solo aporta una nueva herramienta para entender la evolución social de los mamíferos, sino que ofrece una perspectiva científica para un debate a menudo cargado de prejuicios. Lejos de los extremos, los datos indican que la fidelidad reproductiva es una característica profundamente arraigada en la biología humana, que nos sitúa, curiosamente, en un entorno de elite al lado ...
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¿El ser humano, por lo general, es ajeno a este mundo?
Bécquer interpelándome
Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, como el pájaro duerme en las ramas, esperando la mano de nieve que sabe arrancarlas! ¡Ay! -pensé-. ¡Cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma, y una voz, como Lázaro, espera que le diga: «Levántate y anda!» Dice el poeta.…
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Los humanos somos pedazos de cristal. Nos rompemos fácilmente y dañamos a quien nos recoge.