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𝐄𝐑𝐄𝐒 𝐔𝐍 𝐂𝐀𝐎𝐒 | 𝐇𝐖𝐀𝐍𝐆 𝐉𝐔𝐍-𝐇𝐎 | (001)
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El sonido de las botas golpeando el asfalto era lo único que rompía el silencio en la fría noche. Hwang Jun-ho avanzaba con cautela al frente del grupo, su mirada fija en el almacén a unos metros de distancia. A su lado, (T/N) sostenía su arma con una relajada confianza que contrastaba con la tensión en el aire. Era el tipo de persona que parecía disfrutar del caos, como si el peligro fuera un juego que siempre sabía cómo ganar.
Eran cinco en total, un equipo formado por los mejores detectives del distrito. La misión parecía sencilla: investigar un presunto intercambio de drogas en el almacén y asegurar el perímetro. Sin embargo, Jun-ho sabía que las cosas rara vez eran tan simples.
—¿Por qué siempre eligen lugares como este? —murmuró (T/N), lanzando una mirada a las estructuras metálicas oxidadas y las cajas apiladas en el exterior del edificio.
—Porque les gusta lo dramático, como tú —respondió Jun-ho sin apartar los ojos del camino.
Ella sonrió, dándole un suave golpe en el brazo.
—Admite que te encanta.
Antes de que él pudiera responder, uno de los compañeros del grupo levantó la mano, indicándoles que se detuvieran.
—Escuchen —susurró.
Por un momento, solo se escuchó el murmullo del viento, pero entonces, un estruendo rompió la calma. El sonido de disparos resonó en el aire, y el grupo se dispersó instintivamente, buscando cobertura.
—¡Es una emboscada! —gritó alguien mientras las balas llovían desde todas direcciones.
Jun-ho se lanzó detrás de una pila de cajas, su corazón latiendo con fuerza. Desde su posición, vio a (T/N) rodar ágilmente hacia una columna cercana, disparando con precisión hacia los atacantes que salían de las sombras.
—¡¿Estás bien?! —gritó Jun-ho, disparando a un hombre que se acercaba por su flanco.
—¡Estoy genial! —respondió ella, con una sonrisa que parecía fuera de lugar en medio del caos.
Las balas seguían volando, y dos de sus compañeros ya habían caído. La situación estaba fuera de control, y Jun-ho lo sabía.
—¡Necesitamos refuerzos! —gritó al radio, pero solo recibió estática como respuesta.
(T/N), mientras tanto, estaba en su elemento. Se movía como un torbellino, esquivando y disparando con una precisión que desafiaba toda lógica. Sin embargo, su valentía rozaba la imprudencia, y Jun-ho lo notó demasiado tarde.
Un disparo resonó cerca, y (T/N) se tambaleó, cayendo al suelo. Jun-ho sintió que el mundo se detenía mientras corría hacia ella, ignorando el peligro a su alrededor.
—¡(T/N)! —gritó, deslizándose a su lado.
Ella estaba jadeando, pero cuando él revisó su torso, vio que el chaleco antibalas había absorbido el impacto. Aunque magullada, estaba viva.
—¿Qué dijiste sobre confiar en mí? —murmuró ella con una sonrisa débil, tratando de recuperar el aliento.
—Dije que eras una lunática, no que fueras indestructible —respondió Jun-ho, entre la preocupación y el alivio.
El sonido de sirenas llenó el aire mientras los refuerzos finalmente llegaban. La emboscada estaba perdiendo fuerza, los atacantes se dispersaban, y Jun-ho sabía que habían logrado resistir lo peor.
El equipo había sufrido bajas, pero la misión había terminado. Jun-ho y (T/N) estaban sentados en la parte trasera de una ambulancia, mientras un paramédico revisaba las heridas de ella.
—Deberías estar más molesto —comentó ella, observando cómo él revisaba el arma, todavía tenso.
—¿Molesto? Estoy furioso. —Jun-ho finalmente la miró, sus ojos oscuros cargados de emociones contenidas. —Podrías haber muerto, (T/N).
Ella le dedicó una sonrisa cansada pero sincera.
—Pero no lo hice. ¿Sabes por qué? Porque sabía que estarías ahí. Siempre estás ahí.
Él no respondió. En lugar de eso, tomó su mano con fuerza, como si temiera que soltarla significara perderla.
—Eres un caos, (T/N), pero eres mi caos. No me hagas esto otra vez.
Ella apretó su mano, dejando que su sonrisa hablara por ella. Porque en el fondo, ambos sabían que, aunque trabajaran en un mundo lleno de peligros, nunca estarían realmente solos mientras se tuvieran el uno al otro.
Dangerous khalil Salomon© NIKON D90
Ann en rojo 🔴
Entre drogas y llantos ya no te extraño tanto.
“Yo nací para mirar lo que pocos quieren ver.”