Estoy recorriendo nuevos caminos, pisando fuerte y aferrándome en que no me dejaré caer. No otra vez.
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Estoy recorriendo nuevos caminos, pisando fuerte y aferrándome en que no me dejaré caer. No otra vez.
Hace rato no escribo porque miento si te digo que mis letras no se inclinan a intentar transcribir lo que tuvimos con más verbos en presente por encima del pasado.
Conozco niñas bien bonitas, con carisma, sonrisas color pastel y caricias que te dejan viendo todo al revés. Pero te conocí a ti, y el párrafo dejó de ser en plural.
Le dije que no existe punto final en nuestra historia. Pero me di cuenta es mejor ponerla que dejar un punto y coma en una historia que no da para escribir más.
Después de tanto quererte, olvidé quererme a mí.
¡Ay, mi vida!, lo que daría yo por llorar en tus brazos sabiendo que mientras esté en ellos estoy a salvo.
A mí no me afecta que te vayas en busca de algo mejor, tampoco me afecta dejar de escucharte o no saber de ti. Me afectaría más que vuelvas, escucharte y al saber de ti; me digas que nada salió como esperabas.
El otro día tomando una cerveza llegué a la conclusión que mis noches se hacen más eternas cuando no te escucho desearme dulces sueños.