A diferencia de lo que creía Piaget, el niño llega mucho mejor preparado al mundo. La mente esta compuesta por módulos de datos genéticamente especificados e independientes, que están dedicados a propósitos específicos.
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A diferencia de lo que creía Piaget, el niño llega mucho mejor preparado al mundo. La mente esta compuesta por módulos de datos genéticamente especificados e independientes, que están dedicados a propósitos específicos.
DE JOHAN CRUYFF AL SPUTNIK: La modularidad de los virus como un ejemplo de la modularidad de la vida
La vida es modular. Sirvámonos de una analogía. La analogía por excelencia en Europa y América: el fútbol. El fútbol, como la historia de la vida, es modular. Personas que juegan en el campo, que establecen las tácticas, que las entrenan. El módulo básico. Pero, evidentemente, el juego no es la suma de las personas. El juego se inicia cuando comienza la interacción entre los módulos básicos. Un pase aquí, uno allá, la defensa y el medio campo se adelantan y presionan, funcionando como un bloque. El otro equipo intenta evadir la presión juntando jugadores para que existan las máximas probabilidades de éxito en el pase: los famosos triángulos de Johan Cruiff. Bloque y triángulo. Ya tenemos un módulo de nivel superior. Son módulos que, de forma permanente o temporal, emergen mediante la interacción compleja de los módulos básicos. Otros ejemplos de módulos de nivel superior en el fútbol: defensa en zona en un córner, defensas adelantadas para hacer caer al rival en fuera de juego o las barreras en los libres directos.
El fútbol es solamente la analogía. Podemos analizar, de igual manera, casi cualquier deporte colectivo, los grupos humanos, los ecosistemas (no dejan de ser agrupaciones, colectividades, de organismos de especies diferentes), los programas informáticos, el genoma o cualquier otra colectividad que se nos ocurra. Parece una analogía fructífera. ¿Puedes ser algo más que una analogía?, ¿y si realmente las sociedades que forman los diferentes organismos de la vida, cada organismo y cada célula pudiera ser estudiado bajo el prisma de lo modular?
CONCEPTO DE MÓDULO
La palabra módulo proviene del latín modulus (que significa medida). Definía una proporción entre la sección de, por ejemplo, una columna y su altura total. Un modulo de 20 indicaría que la altura de la columna es 20 veces mayor que la longitud de su sección. El primero en definir esta proporción fue el arquitecto romano** Vitrubio** en el primer siglo d.n.e. El módulo fue recuperado en el siglo XVI para determinar las propiedades arquitectónicas de los estilos clásico y, además, fue dividido de diferentes maneras (hasta en treinta partes) para poder determinar más precisamente la proporción. Inicialmente Vitrubio optó por definir el módulo como la mitad del diámetro (en nuestro ejemplo, un módulo de 20 indicaría para Vitrubio una altura de 10. Es lo que se conoce como módulo vitrubiano) pero históricamente el concepto de módulo ha mutado hacia “una parte unitaria que da la unidad de medición para todo” porque es como se ha utilizado a lo largo de los siglos: todo el diámetro como representación proporcional de la estructura arquitectónica.
Así un módulo es una parte de un todo. Una parte que podemos definir de forma independiente con respecto a otros módulos y con respecto al todo, pero que guarda una relación con este y con las otras partes. Vitrubio definió la relación que guarda la mitad del diámetro con la altura de una columna. Se nos podrían ocurrir muchas más relaciones: área de la sección de las estructura arquitectónica con respecto a la altura, proporción entre el área superior de una estructura arquitectónica y el área de su base, etc.
De la misma manera, podemos extender este concepto para definir un módulo más allá de la arquitectura. Esto se ha hecho en múltiples disciplinas. En física se habla de módulo elástico para definir la relación existente entre la tensión a la que se somete un material y su deformación —muy útil para estudiar los efectos de los terremotos en geología o para saber porqué los huesos de los vertebrados, así como las columna de un edificio, tienen dos componentes importantes que les permiten resistir las tensiones de cizalladura y las de compresión (en el caso de los huesos son el fosfato cálcico cristalizado, denominado hidroxiapatita, que da resistencia a la compresión, y las fibras de colágeno, una proteína que actúa dando resistencia a la cizalladura lateral; en el caso del cemento armado son el propio cemento y las barras de acero las que dan resistencia a la compresión y a la cizalladura respectivamente—. Un módulo informático es una parte autónoma de un programa informático. Los programas informáticos constan de diferentes tareas. Por ejemplo, se puede definir código específicamente para la importación de una tabla de datos para poder trabajar con ella. Posteriormente, se puede definir otra porción de código para realizar una transformación de esos datos, o para realizar un determinado análisis estadístico o para su representación visual. Cada porción de código es autónoma con respecto a las otras —aunque como vemos está relacionada—. En matemáticas este concepto ha sido muy fructífero. Por ejemplo, se ha definido el módulo de un vector como la longitud del segmento que define a ese vector.
Hay, además, usos del lenguaje que también evocan esa parte del todo como concepto: se habla de módulos como las diferentes partes de una asignatura o de un programa educativo, en el diseño modular arquitectónico cada módulo es una parte repetitiva e independiente de dicho diseño, en mecánica el módulo es una relación existente entre el diámetro del mecanismo y el número de dientes, etc.
¿Podemos entender la materia viva de la misma forma?, ¿podemos definir partes más o menos autónomas, con propiedades características, que además se relacionan con otras partes y que puedan conformar un sistema complejo capaz de sostener eso que llamamos vida? Vamos a explorar esa posibilidad a través de unas partículas biológicas que muy probablemente sean esenciales para comprender la historia de la vida. Los virus no están vivos, al menos en el uso habitual del término. No pueden replicarse sin la ayuda de terceros. Pero su composición, su historia natural, su relación íntima con los seres vivos y en la forma en la que se relacionan los hacen inseparables de nosotros. Veremos que esto es cierta de una manera que, quizá, nunca se hubiera imaginado. Y son, también, una forma de comprobar si podemos aplicar este concepto de módulo al mundo biológico.
LA MODULARIDAD DE LOS VIRUS
Eugene V. Koonin, Valerian V. Dolja **y **Mart Krupovic escribieron en 2015 una revisión de lo que sabemos sobre los virus, sobre su biología, sobre cómo están hechos, sobre cómo aprovechan la maquinaria celular de sus hospedadores y sobre las hipótesis existentes sobre su evolución, bajo el seductor título “Origins and evolution of viruses of eukaryotes: The ultimate modularity” *(1). Pero, ****¿*****qué es un virus? Podríamos definir virus como partícula biológica compuesta fundamentalmente por una porción de material genético con la información estrictamente necesaria para su replicación mediante el uso de maquinaria proteica de terceros organismos y que es capaz de organizarse a sí misma como entidad independiente. En esta definición quizá falten elementos clásicos de la definición de virus: pequeño tamaño, parásitos celulares obligados, que poseen una cápside proteica que envuelve el material genético, etc. Sin embargo, algunas de estas características definiciones tradicionales son, también, características de algunos organismos vivos: hay bacterias más pequeñas que algunos virus y hay virus del tamaño de células eucariotas (unas 2 micras), hay muchos protozoos parásitos obligatorios de células animales y existen partículas biológicas no infectivas, producidas por las células eucariotas, que se encapsulan mediante una cápside proteica muy similar a las cápsides víricas.
Sin embargo esta definición si que incluye el concepto autooranización (organizarse a sí mismo). En el clásico de Donella Meadows “pensar en sistemas” —que se puede considerar como la obra incial de la teoría de sistemas— podemos leer una definición de sistema más o menos como la siguiente:
¿Qué es un sistema? Cualquier objeto, organización, materia viva
o cualquier cosa que se os ocurra
que tienda a autoperpetuarse y esté compuesto por elementos y por relaciones entre esos elementos, teniendo todos ellos una función,que puede ser solamente la de autoperpetuarse o que puede ser más compleja (3).
Vaya, casi cualquier ser vivo y partícula viva, como un virus, tiende a autoperpetuarse y está compuesta por elementos (¿módulos?) y por relaciones entre esos elementos. D****idier Raoult y Patrick Forterre, mientras estudiaban los raros y gigantescos mimivirus, citan la siguiente definición de vida:
“La vida es una característica de los sistemas autoorganizados y de autorreciclaje, que consiste en poblaciones de replicadores capaces de mutar, alrededor de las cuales evolucionan organismos homeostáticos y metabolizadores” (4).
Bajo esta definición de vida, bajo esta definición de sistema, los virus están vivos y están compuestos por módulos, formando un sistema capaz de autoperpetuarse y de evolucionar. Vamos a conocer un poco más en detalle la historia natural de estas partículas biológicas, su evolución y porqué Koonin et al. (2015) consideran que son “La modularidad definitiva”.
Como hemos visto, el corazón de un virus es su material genómico. La diversidad de este material es asombrosa. Cualquier combinación que se pueda imaginar ha evolucionado aquí. Existen virus de ADN, de ARN e, incluso, híbridos de ADN-ARN. Recordemos que el mundo tradicionalmente considerado vivo (desde los pinos hasta las bacterias extremófilas de las fumarolas submarinas) almacena su información genética en “formato ADN”. Es más estable químicamente. Sin embargo, también nuestras células utilizan el ARN como un formato intermediador entre el ADN y la fábrica de proteínas que son los ribosomas. Pues bien, eso a los virus parece importarles bien poco y han sido capaces de explorar vías adaptativas extremadamente diversas. Porque, además, el ADN puede ser de simple o de doble cadena (las células eucariotas como las nuestras siempre almacenan la información en ADN de doble cadena), y los de ARN pueden ser, igualmente, de simple cadena y de doble cadena. Además, si son de cadena simple la lectura de la información genética puede hacerse de “izquierda a derecha” o en el sentido positivo (ARN+) de esa cadena de ARN, o también hay virus que leen la información de “derecha a izquierda” o sentido negativo (ARN-). La primera regla de los virus es la diversidad.
La segunda regla **es el reciclaje. Todos los grupos víricos han adquirido elementos genético de otros virus, de otros elementos bacterianos y de las células eucariotas. Por ejemplo, los virus más abundantes del planeta (hasta lo que se conoce actualmente) son los virus ARN+. Hay unas tres grandes superfamilias de estos virus (Figura 1**): los picornavirus, los alfavirus y los flavivirus. Todos ellos infectan a células eucariotas (desde paramecios, hasta tulipanes, pasando por níscalos o armadillos). Se baraja la hipótesis de que los módulos del genoma que sintentizan las proteínas típicas de los picornavirus tienen su origen en las bacterias. En concreto, se piensa que el endosimbionte bacteriano que dio origen a las mitocondrias (una bacteria tipo alfa-proteobacteria probablemente) llevaba los módulos precursores de los picornavirus. En el genoma bacteriano de este tipo de bacterias actuales podemos encontrar proteínas que rompen otras proteínas (proteasas) muy similares a las de los picornavirus; proteínas que ayudan a desenredar el material genético para copiarlo más rápidamente (helicasas) muy similares a las de los picornavirus; proteínas que forman polímeros (que se unen entre ellas muchas veces) y que forman icosaedros, igualitas a las que forman icosaedros en los picornavirus; y podemos encontrar los fundamentos de las proteínas capaces de copiar el ARN una y otra vez para producir masivamente copias de ese ARN+ (la ARN polimerasa dependiente de ARN).
Figura 1. Modificada y simplificada de Koonin et al. (2015) para mostrar solamente las superfamilias víricas de RNA+ y su relación evolutiva con los procariotas y los virus de RNA-. Se muestran los módulos reciclados y la transferencia horizontal de genes.
Por esta razón se considera que los picornavirus son los virus ancestrales de todos los virus de ARN. Las otras dos familias conservan alguna de estas proteínas que hemos comentado, pero otras las han cambiado o han incorporado nuevas. Hay muchos casos de virus cuyo clado es específico de insectos y que ha dado el salto a plantas, clados específicos de plantas que se pasan a insectos, clados de insectos que pasan a mamíferos. La hipótesis de que los insectos vectores (que pican a plantas o vertebrados) han jugado un papel fundamental, tanto en la adaptación a otros organismos como ventana a una nueva fuente de material genético por parte de los virus de ARN. Por ejemplo, los potyviridae es una familia que pertenece a la superfamilia de los picornavirus. Conserva las proteínas típicas de los picornavirus (la ARN polimerasa o la proteína de la cápside) pero incorpora a su genoma una una helicasa y una proteína de cápside extra de la superfamilia de los alfavirus que le hace tener una geometría final en forma de cilindro.
Recapitulemos: hay cuatro elementos básicos que compondrían este virus ancestral —la ARN polimerasa dependiente de ARN, la helicasa, la proteína de la capside y la proteasa— que habrían sido cooptados (reciclados) de diferentes componentes del genoma bacteriano y, a partir de ahí, la propia evolución de este ancestro (con una participación muy preeminente de la transferencia horizontal de genes) habría dado lugar a las otras tres superfamilias y, de ahí, a toda la diversidad de virus de ARN. Vale. Pero esta es solamente una parte de la historia modular de los virus.
La porción de ADN que codifica el precurso evolutivo de la ARN polimerasa dependiente de ARN en bacterias codifica una proteína capaz de leer el ARN y sintentizar ADN. Es lo que se denomina una transcriptasa inversa. Pues bien, a partir de la cooptación de esta proteína se ha originado toda una rama diversisima de partículas biológicas y de elementos esenciales para la vida: los retrovirus y los retroelementos. Hay 4 tipos de estos elementos que, recordemos, ha evolucionado gracias a la cooptación del módulo “transcriptasa inversa”
Los **virus de transcripción inversa **(retrovirus) y los retrotrasposones. Los retrovirus son un tipo de virus de ARN especial que ha conseguido la capacidad de convertir su genoma a ADN, para poder integrarlo en el genoma del hospedador (que siempre es de ADN) gracias a la transcriptasa inversa. Quizá el virus más conocido de este tipo sea el VIH, pero lo que quizá no sea tan conocido es que este tipo de virus es capaz de volverse “endógeno” —quedarse definitivamente en el genoma del hospedador—, y en no pocas ocasiones siendo cooptados por a evolución para nuevas funciones: algunos oncogenes que participan en la regulación del ciclo celular (y también cuando mutan causan su descontrol) tienen su origen evolutivo en un retrovirus
Los denominados elementos Penélope están formados por un fragmento de ADN capaz de sintetizar, en la misma secuencia, una transcriptasa inversa y una endonucleasa (una proteína capaz de cortar el ADN y/o el ARN). Pues bien, estos elementos han sido cooptados en la mayoría de eucariotas para proteger sus cromosomas. La Telomerasa es una versión simplificada de estos elementos Penélope. La telomerasa añade secuencias repetitivas de ADN en nuestros cromosomas para paliar el recorte que, por razones de la mecanica replicativa, sufren cada vez que la célula se divide. Es como si cada vez que copiaramos un libro se arrancara la primera y la última de sus páginas. La telomerasa añade páginas escritas con letras “sin sentido” que permiten que el verdadero contenido del libro no se recorte. Los insectos son un caso especial porque, secundariamente en la evolución, han sustituido esta telomerasa por hasta tres retroelementos diferentes, pero que realizan la misma función de incorporar secuencias repetitivas al final de los cromosomas.
Los** elementos LINE** y los elementos SINE —siglas de elementos nucleares interexpresados largos y cortos) no son más que secuencias capaces de autocopiarse a sí mismas e insertarse en el genoma del hospedador una y otra vez. Son muy frecuentes en los eucariotas, alcanzando un número enorme de copias y acaban desactivándose con el tiempo, quedando como una especie de “remanente” en el genoma. En no pocas ocasiones se ha cooptado estas secuencias para la producción de proteinas con nuevas funciones. Por ejemplo, elementos del metabolismo del ácido retinócio —esencial para la visión—, elementos de estabilidad de los ARN mensajeros —la cola de decenas de nucleótidos de adenina, también llamada cola poliA, que se añade en su extremo final— y, de forma más genérica, han sido reclutados para formar parte de las “señales de reconocimiento de partículas” (por ejemplo, ¿cómo una proteína sabe que tiene que ir a la mitocondria o a la membrana plasmática? Uno de los mecanismos que han encontrado las células es añadir secuencias de aminoácidos que no van a formar parte de la actividad de la proteína pero que la “etiquetan” geográficamente. Una secuencia de nucleóticos como los de estos elementos, que dará lugar a una secuencia de aminoácidos determinada, puede utilizarse para esto)
Los intrones **y los **retrones son secuencias de origen bacteriano, compuestas por un retroelementos autoempalmante que en bacterias se asocia también con endonucleasas y otras proteínas. Los retrones son bastante raros porque no se les conoce función y, de momento, no sabemos si han sido cooptados para otras funciones, pero los intrones si. Los ARN mensajeros, grosso modo, pueden dividirse internamente en exones, o parte del ARN que será llevado a los ribosomas para codificar la proteína, y en intrones. Si, intrones. Evolutivamente son lo mismo, solo que estos intrones —que únicamente están presentes en eucariotas (porque en procariotas ya hemos visto que son elementos que van saltando por el genoma de estos microorganismos)— solamente conservan su capacidad para autoempalmarse. Aunque con ayuda de alguna proteína, básicamente dentro de nuestras células estos intrones se “sueltan” solos de este ARN mensajero que está madurando. Este sistema ha sido utilizado evolutivamente como fuente de variación. Podemos pensar idealmente en un ARN mensajero compuesto por 3 exones y 2 intrones que proviene de una sola secuencia (gen) de ADN. De este ARN mensajero sin madurar se pueden “soltar” dos intrones, uno (el primero o el segundo) o ninguno, dando lugar a 4 secuencias diferentes de ARN mensajero. Potencialmente 4 proteínas diferentes ¡De una sola secuencia de ADN! Este mecanismo se denomina *splicing alternativo *y está detrás de la capacidad del sistema inmunitario de producir anticuerpos de variabilidad prácticamente infinita.
Es decir, 4 tipos de elementos que tienen en común el módulo de la proteína “transcriptasa inversa” son, a su vez, cooptados para formar parte de otros módulos en eucariotas: el módulo “ARN mensajero”, el módulo “telómero”, el módulo “señales de reconocimiento de partículas”, etc.
Incluso los virus son capaces de rizar el rizo aún más. También existen los virus de ADN. No son tan diversos como las partículas biológicas que ya hemos mencionado, pero tienen su importancia evolutiva. De hecho, algunos virus de ADN de doble cadena (es decir, que poseen su genoma en un formato idéntico al de los seres vivos senso stricto) poseen los genomas más grandes observados en los virus. De hecho, esta superfamilia de virus con genomas enormes (Megaviridae) es la más diversa de este conjunto de virus y en algunas hipótesis se han postulado como virus implicados en la evolución del último ancestro común de los eucariotas (LECA, por sus siglas en inglés). Sus genomas son realmente grandes. Incluso más grandes que una bacteria promedio. Entre ellos comparten un grupo de 50 genes, poco conservados, y se desconoce su origen. Sin embargo, son lo suficientemente grandes y complejos como para albergar sus propios virus. Sí, virus que “infectan” virus. Sputnik, descubierto en 2008 en un megavirus que infecta a la ameba Acanthamoeba castellanii (¿Puede haber mejor ejemplo de modularidad en la ecología?), era un virus que estaba utilizando la maquinaria de ese megavirus para replicarse a sí mismo (2). Sputnik, y otros virus pequeños de ADN de doble cadena (denominados en conjutno virus satelitales) son evolutivamente virus antiguos porque también infectan a eucariotas unicelulares. Sin embargo, Sputnik se adaptó a la forma de vida “matrioshka”.
UN PATRÓN REPETIDO EN LA HISTORIA DE LA VIDA
Los virus y el ARN son los módulos básicos de la historia de la evolución de la vida en la tierra. La capacidad catalítica, la capacidad autoreplicativa y la capacidad para almacenar información hacen del ARN una de las moléculas sobre la que pivota el origen de la vida (esta idea se conoce como hipótesis del mundo del ARN). Hay virus y elementos similares (intrones, elementos Penélope o los propios virus de ARN que utilizan la ARN sintentesa dependiente de ARN que no es más que la evolución de una transcriptasa inversa) que hacen valer de alguna de las propiedades del ARN para su reproducción. Actualmente su estrategia vital se basa en el parasitismo, utilizando las herramientas moleculares de los organismos vivos para replicarse, pero en un pasado remoto la mayor parte de los módulos virales hacían otro tipo de funciones en organismos procariotas y eucariotas, y otros módulos han sido cooptados por los eucariotas para sus propios Fines. La suma de módulos permitió acceder a nuevos escenarios evolutivos o, dicho de otro modo, abre la ventana al incremento de complejidad.
Koonin et al. (2015) acaban su revisión sobre la evolución de los virus con una seria advertencia que deberemos tomar muy enserio para futuros ensayos:
“Una de las tendencias más llamativas es la distinta composición del virioma eucariota en comparación con los viriomas de las arqueas y las bacterias, es decir, la alta prevalencia y enorme diversidad de los virus de ARN. Podría ser tentador derivar directamente el virioma eucariota de ARN del hipotético mundo primordial de ARN, pero la plausibilidad de este vínculo depende del escenario que adoptemos para el origen de los eucariotas”.
Es decir, aunque suene tentador tender una línea recta entre la hipótesis del mundo del ARN y el origen de los virus, todo lo que sabemos sobre los virus nos indica que esta relación es, de todo, menos lineal y que, si tomamos como un hecho probado (y la evidencia así nos lo indica) que la endosimbiosis es uno de los mecanismos más potentes en la historia de la vida de producción de diversidad, y que funciona directamente fusionando módulos (seres vivos), es difícil entonces no ver el origen de los virus en elementos con relación filogenética estrecha que ya estaban presentes en las bacterias. ¡Y viceversa! Si nuestra hipótesis no es la de la endosimbiosis, habrá que explicar muy bien como es posible la diversidad de modos de vida de los diferentes virus y cómo es posible que todas las células conocidas (salvo alguna que otra excepción muy sonada) tengan mitocondrias y que todas las plantas tenga, además, cloroplastos.
REFERENCIAS
Koonin, E. V., Dolja, V. V., & Krupovic, M. (2015). Origins and evolution of viruses of eukaryotes: The ultimate modularity. Virology, 479-480, 2-25. https://doi.org/10.1016/j.virol.2015.02.039
La Scola, B., Desnues, C., Pagnier, I., Robert, C., Barrassi, L., Fournous, G., Merchat, M., Suzan-Monti, M., Forterre, P., Koonin, E., & Raoult, D. (2008). The virophage as a unique parasite of the giant mimivirus. Nature, 455(7209), 100-104. https://doi.org/10.1038/nature07218
Meadows, D. H., & Wright, D. (2011). Thinking in systems: A primer (Nachdr.). Chelsea Green Pub.
Raoult, D., & Forterre, P. (2008). Redefining viruses: Lessons from Mimivirus. Nature Reviews Microbiology, 6(4), 315-319. https://doi.org/10.1038/nrmicro1858
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Modularidad:
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Sugerencia de Germán Muñoz para reconcebir la propiedad intelectual en tiempos del remix y la modularidad.
Intel está forzando el fin de la modularidad en la plataforma PC
http://www.leanoticias.com/2012/11/30/intel-esta-forzando-el-fin-de-la-modularidad-en-la-plataforma-pc/
Intel está forzando el fin de la modularidad en la plataforma PC
Durante muchos años una de las principales ventajas de la plataforma PC frente a Mac OS X ha sido la de sus posibilidades mucho más amplias en términos de DIY (do it yourself, o hazlo tu mismo) por lo que cualquier usuario que tuviera los suficientes conocimientos podía armarse su ordenador a medida. Esto también tiene implicancias económicas ya que esto es mucho más económico para el usuario y además le permite una mayor independencia respecto de la opción de placa madre que utilizará.
Quedará para otra oportunidad debatir si a esto se deben muchos de los problemas de desempeño que a veces manifiesta Windows al ser comparado frente a la plataforma de Apple. Pero en todo caso esto puede estar por cambiar, no un poco sino de manera significativa ya que Intel está analizando la posibilidad de pasarse de una arquitectura LGA (land grid array, la utilizada en la actualidad) a una BGA (ball grid array) que es la utilizada en los notebooks y tabletas, y que no permitirá el reemplazo de CPU o de motherboard en caso de falla debido al hecho de que vendrán soldadas de fábrica.
Hace ya tiempo que en la industria se viene escuchando este rumor acerca de los planes de Intel de optar por la tecnología BGA, pero al parecer ahora hay confirmaciónes semi oficiales (esto es, de parte de algunos fabricantes menores) respecto del cambio que la compañía norteamericana comenzaría a llevar adelante a partir de 2013.
Para Intel está claro que esto le permitirá tener una posición todavía más dominante, puesto que podrá imponer las reglas en forma incluso más abusiva de lo que ya lo ha hecho en el pasado. Para los fabricantes la opción no es mala ya que es más económico soldar el procesador a la placa madre en lugar de soldar a esta un socket y luego ubicar a mano el procesador en este. Y si hay un gran perdedor no queda duda alguna de que serán los usuarios que gustan de elegir todos los componentes de sus ordenadores, algo que parece pronto será algo del pasado ya que además de esta postura de Intel también tenemos la de Apple, que hace tiempo ha comenzado a soldar las memorias RAM en sus MacBook Pro.
Así las cosas, la modularidad que tanto ha hecho por la industria de los ordenadores, estaría por desaparecer, y se llevará consigo a miles y miles de usuarios que gustan del modding. A no ser, claro, que otros fabricantes tengan algo para decir al respecto y sean capaces de traernos productos competitivos y que nos ofrezcan la posibilidad de actualizar a medida.
[Fuente]