Lo que causas en mí.
Estos últimos días de mi vida, han sido determinantes y detonantes. Estos días me han enseñado a sufrir pero a mantenerme firme. Me han enseñado que a veces, por más que el corazón se aferre a algo/alguien, si tu lugar no es ahí, debes quitarte de inmediato. Me han demostrado que a veces si hay personas que se aman así mismos más de lo que en algún momento podrían amar a alguien. Me han golpeado con situaciones que yo no quería admitir, pero siempre han sido de esa manera... Estos últimos días me han hecho pensar en mi, en lo que quiero para mi vida. Y en lo que ya no necesito en ella. Y definitivamente me he dado cuenta que mi almohada si está harta ya de escuchar tu nombre, que mis pulmones ya no quieren andar después de acabarme una o dos cajetillas por día, que mis ojos se están limpiando de tanto llorar, que mi boca ya se canso de besar tus labios con sabor a vacío/egoísmo/lujuria, que mi esófago se ha tragado cada una de tus mentiras y que mi estómago está apunto de vomitarlas. No sé cuanto amor he construido y sentido por ti en tantos años; un amor platónico, imposible que se tornó al amor más catastrófico que he vivido. Sin embargo, al que más le he aprendido. No puedo decirte adiós. No quiero decirte adiós. Ya me acostumbre a tus manos, a tu boca, a tus ojos, a tus manías, a tus desplantes, a tus vicios, a tus canciones. Me acostumbre a mi alado tuyo. No es posible olvidar de la noche a la mañana. Y aunque se que es lo correcto para mí alma y corazón; simplemente no quiero desaparecerte. De los días más vacíos de mi vida, ha sido este. Sin ti. Leyendo tus mentiras. Creyéndote. El día más vacío donde aprendí a tomar el whisky solo, donde mi garganta ya no soportaba más humo de cigarro, y mis ojos ya no se podían abrir de estar tan hinchados. Ya te sufrí, ya te llore, ya te escribí. Ya te inmortalice. ¿Y dónde quedo yo?...












