Morante, el Papa del toreo en Sevilla. Faenón de José Antonio en la Real Maestranza al segundo de su lote. Lances de recibo proverbiales y aforísticos, a una sola mano, patente de una soberbia y sobrada capacidad de improvisación. No se puede resolver con más arte en la cara del toro.
Morante trajo de vuelta a Sevilla el aroma de Rafael Gómez Ortega, 'El Gallo'.
Con la tela roja, qué manera de correr la mano, tiempo y distancia para extraerle lo mejor al de Domingo Hernández. Otra vez, la muñeca rota del maestro, de terciopelo.
Mató de entera, rodó sin puntilla. Dos orejas y la inmortalidad.













