Entendí.
Y es que creo que entendí de una manera no tan grata, no tan natural quizás.
Entendí que no soy parte de ese gremio, que no me encuentro luz en el fin y que no me da esa calma ver en qué desemboca mi ciencia.
A menudo encuentro que a la hora de aprender, es necesario ver "para qué" estás desarrollando una nueva habilidad, en qué se puede usar o si genera un bien al mundo. Los días pasan, estudio y entiendo que por eso no me siento cómodo con la física. La gente espera algo allá afuera de lo que estás haciendo, como si así funcionara genuinamente el progreso. Bajo el criterio opuesto, veo ya por qué los matemáticos se sienten tan cómodos con lo que hacen. Quizás han vivido vidas difíciles y el historial de matemáticos ha tenido finales no tan gratos, pero es que si a la mayoría les preguntasen ¿Por qué hacen lo que hacen? Un gran número (si no es que todos), dirán que es por placer. Y es que es evidente que cuando se vive haciendo lo que uno ama, el final a veces es lo más irrelevante.
No me siento cómodo viendo en dónde van a terminar mis resultados, me disgusta la astronomía, el área de materiales, fluidos, los superconductores y a su vez, me causa tanto placer leer las palabras "grupo", "variedad", "morfismo".
Habría sido un rebelde y habría abandonado el camino de la física hace tiempo, optando por las matemáticas y gozando de los pequeños placeres de la física-matemática, pero también es cierto que soy un hombre de palabra y procuro terminar lo que empecé. Me dieron una oportunidad y debo ser leal a aquellos que lo han sido conmigo. Sin embargo, bajo esta misma premisa, prometo a mi persona que no volveré a pisar terrenos de aplicación, de física "natural" (como algunos dicen) porque entendí, entendí que no es lo que me hace feliz.

















