Cómo te transformas en mar,
arrastras el silencio de las sirenas con tus pies al caminar,
tienes un oleaje perpetuo en tu vientre,
las olas rompen el viento cuando mueves tu cabello,
posees el secreto arrecife de la noche,
tus manos separan los mares del mundo,
en tu boca nacen los cristalinos murmullos de la arena,
llevas en los ojos dos faros,
ellos guían mi felicidad,
cuánto del mar hay en ti,
mujer marítima,
tu corazón es el pulso de las mareas.
Argumento: Estaba por comenzar una nueva etapa en la vida de Namjoon. Una nueva etapa sin ti. Aquellos murmullos lejanos serían quienes le diesen la bienvenida.
N/A: Se hace alusión a uno de nuestros anteriores escenarios (“El tiempo lo cura todo” - Yoongi). ¡Espero que os guste!
Namjoon no apartó su vista de ti en todo el tiempo que estuviste en casa, recogiendo las últimas cosas que ahí te quedaban. Se mantuvo en una esquina del salón mientras tú ibas de un lado para otro, sin atreverte a dirigirle ni una mirada.
Una vez habiendo terminado, cerraste la cremallera de tu bolso y te dirigiste a la entrada. Antes de salir, por fin tus ojos se enfocaron en la esquina en donde estaba él: su brazo derecho estaba sobre su pecho, sirviendo de apoyo para el codo izquierdo, con cuya mano se tapaba la boca, escondiendo esos hoyuelos que tanto habías amado antes; las irises marrones de sus ojos estaban fijos en ti, y cuando vuestras pupilas se conectaron en la distancia, su corazón se encogió. Esos ojos, los tuyos, que tantas otras veces le habían dedicado miradas llenas de amor y calidez, ahora sólo reflejaban dolor y frialdad.
“Bueno,” -enganchaste tu bolso al hombro, conteniendo el nudo que en tu garganta se formaba- “me voy.”
Estuvisteis un par de segundos más ahí, quietos, degustando el amargo sabor del saber que así era como terminaba vuestra historia.
Definitivamente, este era el último adiós.
Suspirando, sin esperar a que Namjoon dijese nada más, giraste el picaporte de la puerta y saliste, dejando atrás a ese hombre que, no mucho antes, te había hecho tan feliz; pero que ahora solo te causaba sufrimiento.
Tras el eco del sonido de la puerta al cerrarse, todo quedó en silencio. Un silencio que, irónicamente, ensordecía los oídos de Namjoon.
Tu ausencia, si antes dolía, ahora que sabía que no había nada más en esa casa que te hiciera volver dolía aún más, sintiéndose caer en un agujero sin fondo.
Permaneció ahí varios minutos más, sin moverse de donde lo habías dejado antes de irte. El vacío que sentía en su corazón era el peor dolor que jamás había experimentado en toda su vida.
Cuán impotente se sentía sabiendo que a partir de ahora tendría que vivir sin ti…
Dio un sorbo a su café mientras observaba atentamente a su ordenador y analizaba la pista en la que estaba trabajando.
Hacía una semana que no salía de ahí, de su estudio.
Esa casa que había compartido contigo durante tanto tiempo era ahora peor que una tortura china, por lo que, unas horas después de irte tú, él también recogió sus cosas más básicas y se instaló en su pequeño refugio musical.
Sin embargo, era notable el estado deplorable en el que se encontraba Namjoon: totalmente desaliñado y con la falta de sueño evidente en las bolsas de sus ojos. El estudio parecía la habitación de un universitario, toda llena de porquería, sobras de comida y latas de cerveza.
Yoongi sabía por lo que pasaba su amigo, ya que él también había vivido una situación muy parecida hacía un tiempo. Apoyaba su decisión de aislarse del sufrimiento a base de trabajo. Al fin y al cabo, esa era la mejor manera de mantener la mente ocupada y alejada de los recuerdos dolorosos.
Pero lo que no sabía es que para Namjoon el trabajo no era suficiente. A pesar de que el joven rapero sabía mantener la compostura y realizar su papel de líder adecuadamente en cada actuación y evento al que tenía que acudir con su grupo -ya que es un profesional en su trabajo-, no podía evitar caerse en aquel oscuro y profundo hoyo cada vez que se encontraba solo.
Simplemente no lo podía evitar… Te echaba de menos.
Te echaba tanto de menos que hasta le provocaba dolor físico.
Dejando su café apoyado en la mesa, echó la cabeza hacia atrás, estirando el cuello de un lado a otro y cerrando los ojos fuertemente mientras se escapaba por su boca un suspiro de cansancio. Pasando sus dedos por los mechones de su pelo, volvió a abrir los ojos hasta enfocarlos en el techo.
Ahí dejó su vista perdida, sin poder evitar que la imagen de tu rostro volviera a evocarse en su exhausta mente.
La cabeza le dolía de haber pasado tantas horas despierto y trabajando; pero si dormía o se despistaba, los recuerdos acudían como un tornado a su mente, haciendo que se volviera a hundir de nuevo… como ahora mismo.
Sin control, comenzó a divagar en el pasado:
“Hey” -dijiste, en un tono suave y dulce.
“Hey…” -contestó él, viéndote cerrar la puerta detrás de ti.
Era muy tarde por la noche, y se te había ocurrido hacerle una pequeña visita a tu trabajador novio para alegrarle la velada.
“¿Y eso que has venido? Es muy tarde.” -preguntó Nam, girando su silla completamente hacia ti y echando una ojeada a su reloj. La 01:24 de la madrugada.
Sin embargo, no podía evitar que una amplia sonrisa se formase en sus labios, apareciendo así esos tiernos huequitos que adornaban sus mejillas.
“Nunca es tarde para hacerte una visita, ¿no?” - Dijiste, intentando poner un tono “provocador”.
Pero cualquier plan de seducción que habías creado en tu cabeza se vio truncado al casi morir, tropezando con una mochila de Namjoon que había tirada en el suelo, cerca de la puerta.
Él, alarmado, se incorporó a tiempo para evitar una estruendosa caída, parándote con sus brazos. Una vez pasado el peligro, ambos comenzásteis a reír.
Volvió a sentarse y te arrastró consigo, sentándote en su regazo, mientras vuestras risas iban apagándose.
“¿Estás bien?” -preguntó Nam, comenzando a pasar las yemas de sus dedos sobre tu muslo, creando dulces caricias.
“Mhmm” -emulaste afirmativamente mientras enganchabas tus brazos alrededor de su cuello.- “Un día de estos me mato, con lo patosa que soy…”
Namjoon soltó una ligera risa.
“¿Qué dices? El patoso y torpe aquí soy yo.” -dijo él.
“Pero hoy has evitado mi muerte. Con estas ya van…” -pusiste una de tus manos entre vosotros, contando con los dedos mientras ponías semblante de estar pensando. - “no sé, pero muchas”.
“Te recuerdo que tú ayer evitaste, no solo mi muerte, sino la de los dos, cuando se volcó la vela en el baño y se prendió la toalla.”
“Ay, calla” -comenzaste a reír al recordar ese suceso, acompañándote la dulce risilla de Namjoon al toque.
“Entonces nos salvaremos mutuamente de nosotros mismos” -sonreíste, situando ahora las palmas de tus manos a cada lado de su carita, acariciando con tus pulgares sus mejillas.
Él ya tenía los ojos cerrados antes de que acercaras tus labios a los suyos, juntando vuestras bocas en un amoroso y dulce beso.
Namjoon era feliz así: recibiendo furtivas visitas tuyas; riendo y hablando contigo; haciéndoos tontas e inocentes promesas; besándote, acariciándote. Amándote.
Eso era ‘felicidad’ para él.
Ughh.
De nuevo había sucumbido a los recuerdos…
Ahora ni su estudio, ese privado refugio en donde buscaba evadirse, era suficiente. Estabas en todos lados.
Soltando un grito de rabia e impotencia, chocó su puño contra la madera su escritorio, haciendo que el dichoso café se volcara sobre sus pantalones.
“Mierda… ¡MIERDA!” - Se levantó de golpe, maldiciendo a diestra y siniestra su mala suerte y su desgraciada existencia, perdiendo así su usual carácter manso y tranquilo.
Pateó la taza de cartón con todas sus fuerzas, haciendo que el desastre se extendiera aún más por el suelo.
¿Por qué todo tenía que haber acabado así? Era insoportable vivir.
Muerto en vida. Así es cómo se sentía.
Tú eras el amor de su vida; todo lo que necesitaba.
Y ahora que no estabas… ¿cómo se suponía que iba a seguir?
¿Cómo podría sobrevivir sin ver tu preciosa sonrisa cada mañana? ¿Y sin escuchar tus diarias y graciosas anécdotas; o tus estufidos cada vez que algo te salía mal, mandando audios de 5 minutos? ¿Cómo superaría su estrés diario si tú no estabas ahí en casa cada noche, esperándolo con tus brazos abiertos, para abrigarse en tu calor y refugiarse en tus caricias?
Te echaba de menos, Dios. Extrañaba sentirte entre sus manos, tu piel contra la suya; tus labios en su cuello y tus dedos en su pelo.
De nuevo, ese sentimiento de impotencia lo invadió. Le dolía el pecho. Sentía que estaba muriéndose, que le faltaba oxígeno. Y deseaba morirse de verdad, si así podía dejar de sentir.
Necesitaba salir de ahí, que le diese el aire.
Sin pensarlo y susurrando maldiciones cogió su abrigo y una de sus gorras del perchero que había cerca de la puerta, colocandose dichas prendas mientras salía del estudio y se dirigía a la calle.
Un murmullo llegó hasta sus oídos, haciendo que parase por un instante para apreciarlo e identificarlo.
El murmullo era de las gotas que caían del cielo e impactaban sobre el alféizar de la ventana más cercana. Estaba lloviendo.
Dudó unos segundos, pero al final se decantó por coger un paraguas y seguir con su plan.
Decir que diluviaba sería quedarse corto, pero a él no podía importarle menos. Sus pasos sobre los charcos hacían música, acompañando el instrumental de gotas que chocaban con cualquier objeto que encontraban en medio de su camino descendente.
Paseaba, ahora más tranquilo, bajo la cubierta del modesto paraguas, que no lo protegía lo suficiente ya que sus hombros estaban comenzando a mojarse ligeramente.
Las farolas iluminaban escasamente el entorno, el cual estaba ya de por sí emborronado ante la vista de Namjoon debido al manto de agua que caía sin control.
Sus pasos se pararon de repente, en medio de la nada. En medio de nadie.
Estuvo un par de minutos ahí, quieto, simplemente viendo la lluvia descender desde el cielo hasta la tierra, colándose por todos lados y desapareciendo por sitios escondidos. Dejó así a sus lágrimas también deslizarse por sus mejillas, acompañando a las fieras gotas en su camino oculto.
Lloró largo y tendido, en silencio. Solo, pero acompañado. El cielo lloraba con él.
Dejaría ir su tristeza y dolor junto a las pequeñas gotas saladas que caían desde su mentón hacia abajo, uniéndose con el resto del llanto celestial.
Te dejaría ir.
Dando gracias a la soledad y a la lluvia, giró sobre sus talones, comenzando a andar nuevamente.
Lamentamos mucho la inactividad del blog... Estamos demasiado ocupadas con nuestras obligaciones. ¡Aún así, siempre que podemos, intentamos sacar un tiempito para escribir algo! Este escenario, por ejemplo, lleva hecho como dos semanas, pero no he podido subirlo hasta ahora skfhskajfhks.
En fin, poco a poco, y de vez en cuando, iremos subiendo cositas.
El telón de la noche no cierra, sin tu suave vivir acariciándome la espalda y un par de murmullos roncos besándome el pecho. El día empieza con tus débiles ojos distantes pidiendo perdón, labios con sabor a ausencia y un par de rosas rojas manchadas con polvo de estrellas. Atardece finalmente en tu cuerpo sobre el mío al tranquilo vaivén de un columpio. llevándome aún más lejos del Edén. - Salemjr
Yo trepaba la pendiente
y me detenía frente a esa boca, una oquedad
donde el viento se huracanaba,
y escuchaba
murmullos, palabras que se formaban a medias
y luego, sin decir nada, se diluían.
Nunca hubo una frase clara. La boca
como un oráculo piadoso
trababa sus propias frases ante el niño:
lo sé ahora
y le agradezco la vida ciega.
Oías los murmullos, los silencios,
los grandes estruendos, explosiones,
tú, pero tu pañuelo que dormía
seguía sin decir adiós a nada.
Oyendo en la penumbra los corales,
oyendo en la penumbra las bielas,
oyendo en la penumbra las penumbras,
oyendo en la penumbra las acacias,
tu pañuelo, un Edipo, un dios y un asa
en el ayer te anclaba,
tan quietísimo.
¡Ay!, con qué adiós de mármol en su lienzo.