Cuando mi voz se vuelve silencio y tu existencia poesía
hacemos visible lo que nos une.
Para amarse solo se necesita esa oquedad
sagrada donde solo dos caben.
Buenas noches amor

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Cuando mi voz se vuelve silencio y tu existencia poesía
hacemos visible lo que nos une.
Para amarse solo se necesita esa oquedad
sagrada donde solo dos caben.
Buenas noches amor
Armado caballero en la colina del monte donde fue reina y señora digna Venus triunfal, dale contento con sabio gesto a la oquedad divina. No dudes sumergirte sin demora en tan filosofal conocimiento.
Carpe diem | María Rosal
Hablan las rosas rotas de la noche terrible, callan las mariposas quietas su tristeza de ocaso, ay la distancia al sur que disfraza los ríos y el océano, la oquedad del alma bañada por las sombras del retorno, la dulzura invisible de la fragilidad del ave.
Adolfo Burriel
Yo trepaba la pendiente y me detenía frente a esa boca, una oquedad donde el viento se huracanaba, y escuchaba murmullos, palabras que se formaban a medias y luego, sin decir nada, se diluían. Nunca hubo una frase clara. La boca como un oráculo piadoso trababa sus propias frases ante el niño: lo sé ahora y le agradezco la vida ciega.
"La boca", José Watanabe.
Una vez tuve una pesadilla: soñé que vivía en un mundo construido con ladrillos huecos a punto de desmoronarse. Ahí lo importante era parecer y no ser, donde la máscara valía más que tu rostro, y los objetivos eran más importantes que los sueños. Era horrible. 5 días esclavos pagaban 2 libres, y 1 año de tu vida se escurría entre los dedos como si nada para conseguir menos de un mes de descanso. Vivíamos enchufados, constantemente electrocutados. Nadie dormía lo que quería sino lo que podía. El cansancio y el hastío eran pandemia mundial. No existía el presente, todos vivían construyendo su futuro eternamente hasta morir, cosa que a veces sucedía antes de dejar de respirar. No éramos nosotros, casi todo el tiempo éramos otros para otros. Estábamos al borde de la extinción, pero no recuerdo de qué lado del borde. La democracia era el simulacro favorito de los poderosos para aparentar que les importa lo que pensamos. También era la manera de demostrar que somos un grano de arena en un desierto que siempre tuvo dueño y nunca fuimos nosotros. En ese mundo mis amigos tenían hijos y me excomulgaban; el amor era un cuento de hadas y la felicidad una app gratuita que solo podías usar en un aparato que sí o sí debías comprar. Nos regalaban sueños pero nos cobraban por su mantenimiento. Nos suscribíamos a todo y nuestro comportamiento generaba información encapsulada en datos, y este era el nuevo petróleo que movía el mundo dominado por los fanáticos del dataísmo. Las obras más importantes de la humanidad sólo eran simple escenografía para los primeros planos de todos los rostros insípidos del planeta (selfies). En mi pesadilla era más importante que te vieran los otros que mirarse al espejo, y nadie tenía nada adentro de sus cabezas de alfiler coaguladas. Todavía no desperté.
Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo Twitter: @GestoObsceno Instagram: acostumbrado_al_fin_del_mundo
Estas letras pronto estarán tan secas que no volverán a brotar. Solo por un poco mas.
Gabrielle De Lumiere
Un socavón "se traga" a dos mujeres que caminaban por una calle
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El pavimento de una calle de Turquía cede bajo los pies de dos mujeres provocando un inmenso socavón mientras caminaban tranquilamente, siendo literalmente tragadas entre una nube de polvo
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