Noiz & Aoba (Natsu) +18
→ Noiz Ruff. → Aoba Seragaki Natsu. [Fem.]
Noiz Ruff. El irrumpir en residencias ajenas ya parecía ser un hobby que desarrollaba diariamente, pero por desgracia no se podía considerar como tal si sólo era en una vivienda en particular. Esta vez logró colarse por la ventanilla del balcón mientras la abuela no se encontraba, había esperado en las cercanías hasta que la casa se vaciara antes de ingresar en ella.
Tomando asiento para acomodarse en la cama, dejó a un costado la caja con pizza que había comprado en el camino. Todavía estaba caliente y le tentaba a comer aunque sea un trozo. Nope, tenía que esperar a la llegada de su "objetivo".
Mientras tanto aprovechó de usar la computadora de Aoba, se dice que puedes conocer muy bien a la persona con sólo revisar las descargas, música, imágenes y toda clase de archivos en general que guarde en sus dispositivos. Sólo cuando escuchó la cerradura de la entrada, seguido de unos pasos torpes, desconectó todo y fue a "recibirla" en la cima de la escalera.
–Por lo visto, hoy llegaste temprano a lo habitual.
Aoba Seragaki Natsu. El cansancio del día se sentía en todo su cuerpo y parecía hacer hincapié en su espalda. La posición en la que se sentaba para dormitar en aquella tienda era bastante incómoda si se estaba en ella por largas horas, lo que era su caso. No tenía entregas que hacer y volvió a casa a paso lento y cansado, hasta que entró a su casa, subiendo las escaleras. Fue entonces cuando el aroma a pizza llamó su atención, además de notar luces encendidas. —Noiz... ¿No te han dicho que irrumpir en casa ajenas es un delito? —Lanzó el bolso a un costado, percatándose de que habían manoseado su computadora. —¡T-tú!
Noiz Ruff. Rodó los ojos apartando la mirada de la peliazul, esto ya era chiste, parecía ser que la única capacidad de habla de Aoba se limitaba a reprenderlo; como si realmente necesitase de ello. –Como sea –alzó los hombros y no comentó más sobre el asunto. Volvió en sus pasos en dirección a la cama para tomar la caja de pizza, abrirla, sacar un trozo de la misma y llevarla técnicamente a las manos de su recién llegada. –Toma, come un poco, probablemente te quite esa cara que tienes –y obviamente estaba ignorando la importancia de haber husmeado, nuevamente, en la computadora de la fémina.
Aoba Seragaki Natsu. —Uh... ¿Crees que arreglarás todo con comida? Eres una especie de acosador extraño. —Ahora tenía un trozo de pizza entre las manos, y no se decidía entre reír o llorar por la situación así que finalmente optó por darle una mordida a aquel trozo. —Mhm. ¿Y alguna razón para venir a verme o sólo estás muy aburrido? —Se sentó en la orilla de su cama, prácticamente engulléndose la pizza. Esperen... Era más o menos tarde, el otro en su cuarto... Comida ¿Era una especie de cita?
Noiz Ruff. –No estoy arreglando las cosas, simplemente comparto algo que me gusta –su explicación fue precisa y sencilla. Además ambos debían tener hambre y era mejor comer acompañado que solo. Por otro lado, imitó las acciones de la peliazul tomando asiento a su lado y sacando su propio trozo de pizza que no demoró en devorar. El silencio se prolongó un poco más de lo habitual en que Noiz sólo se dedicó a comer. Cuando hubo terminado su parte, se saboreó los dedos con unas pequeñas lamidas a sus yemas. –¿Realmente no sabes por qué estoy aquí, Aoba?
Aoba Seragaki Natsu. —Rhyme ¿no? La verdad es que no sé cuántas veces te tendré que decir que ya no hago eso, ni siquiera recuerdo cuando lo hice, así que... ¿Por qué no mejor pasar un momento más relajado? Solo hablando o algo así. Tal vez era demasiado inocente de su parte ofrecerle sólo una platica en lugar de las batallas virtuales que el otro parecía exigir con desesperación. —¿Quieres que vaya a la cocina a buscar algo de beber?
Noiz Ruff. Hizo un mohín, estaba resultando ser algo transparente y Aoba podía leerlo. –Te equivocas, no es sólo Rhyme. Quiero la revancha, te quiero a ti –acortó la distancia para tomarla de ambas muñecas y empujarla hacia atrás. Como una especie de animal se agazapó sobre ésta, usando el peso de su cuerpo para que no se levantase. –No me cambies el tema, Sly Blue –esbozó una sonrisa ladina, presionaría hasta la muerte para que ella accediera nuevamente a enfrentarle en Rhyme, el sólo hecho de recordar cómo fue la última vez ya era suficiente para hacerle emocionar.
Aoba Seragaki Natsu. Puso los ojos en blanco un momento, era increíble, ese 'niño' no pensaba en otra cosa que no fuera Rhyme ni pelear. O comida, exclusivamente pizza o quién más sabe qué era capaz de comer. —... Ya te dije que no recuerdo nada de Sly Blue... No sé que decirte para dejarte tranquilo, si juego contigo perderé porque simplemente es algo que no sé hacer. —Ahora no tenía como quitárselo de encima. Era bastante deprimente que la persiguieran para jugar, incluso hubiese sido hasta romántico si no fuera porque el otro lo único que quería era pelear.
Noiz Ruff. Intercambiaron miradas por un momento. No estaba siendo romántico, sino demandante(?), y la insistente negativa de Aoba sólo avivaba más sus ganas de pelear. Sin soltar el agarre de las muñecas, bajó poco a poco su cabeza hasta quedar lo más cerca del oído contrario. –Mentirosa –le dijo, y aprovechando la cercanía y zona abrió la boca para proferir una mordida en el cuello ajeno, incluso aplicó algo de presión en la carne contraria para dejar una notoria marca.
Aoba Seragaki Natsu. Demasiado insistente, estaba perdiendo la paciencia. Y sus ganas de golpearlo incrementaban con el pasar de los segundos y se detonaron cuando le llamó mentirosa. Ella no estaba mintiendo, todo aquello era real ¿Por qué nadie podía entenderle? ¿Era tan difícil? —Basta... ¡Ya te dije que te detengas! —Forcejeó, era irritante que abusara así de su cercanía sólo para querer ganar en una estupidez. —No pienso jugar ese estúpido juego y voy a gritar tan fuerte que la policía llegará ¿Sabes qué harán contigo?
Noiz Ruff. Soltó una risa sin aflojar el agarre, de cierta forma el verla enfadada le gustaba más; había algo en su expresión que le motivaba a continuar. –La policía no llegará y tu abuela tardará un buen rato, ¿lo recuerdas? Hoy tenía que ir a cierto lugar... –usualmente precavido, se enteraba de las salidas de Tae gracias a su Allmate antes de actuar, hubiese sido un completo idiota estar en pleno acto y que los pillase la vieja. –¿Y qué debería hacer si llegase alguien? Sólo diré que el juego previo no es lo tuyo, Aoba –volvió a enterrar su rostro cerca del cuello ajeno y con la lengua lamió el mismo, subió lentamente hasta la oreja de su compañera y con la puntilla de los dientes mordió la misma y tironeó un poco.
Aoba Seragaki Natsu. —Diablos, sabes más de mi abuela que yo misma... —Murmuró de mala gana. Maldito mocoso, no había forma de deshacerse de él, era un molestia total. Además ¿Cómo diablos había entrado a su cuarto? Cerró ventanas y puertas y aún así encontraba la forma de evadir todo. —¿Juego...Previo? —Sus mejillas adquirieron un tono rojizo de golpe, estremeciéndose con la pura sensación de una lengua recorriéndole la piel. Mal, eso estaba yendo demasiado mal para su gusto ¿Qué era lo que realmente deseaba Noiz? Porque eso no parecía ser una invitación a jugar Rhyme, sino que a otra cosa muy distinta.
Noiz Ruff. Le dio otro mordisco al lóbulo de la oreja, él no tiene límites en sus acciones no importa de quién ni qué se tratase. Ahora volviendo a retomar una postura más "alejada", inquirió con la mirada en el sonrojo de Aoba, al parecer sus palabras estaban teniendo el efecto deseado. –Sí, no te hagas la desentendida, sabes muy bien a qué me refiero –con su lengua saboreó sus labios, era consciente de que su acción era un tanto lasciva.
Aoba Seragaki Natsu. —No... No sé, ya deja de hablar de esa manera tan ambigua... —Desviaba la mirada, los ojos ajenos eran demasiado... ¿Profundos? Aunque no fuera un sujeto que expresaba demasiado, en realidad parecía decir mucho y nada a la vez, y aquello le perturbaba. Quizás por la costumbre de que todos fuesen un tanto más claros debido al poder convincente de su voz, pero Noiz era una de esas pocas excepciones a la regla. —Estás asustándome un poco ¿Sabes?
Noiz Ruff. Dejó que hablase todo lo que quisiese, mientras tanto él se fue acomodando sobre las piernas de ella para evitar que se levantara. No estaba apoyando todo su peso sobre la dama, eso podría lastimarla y no eran sus intensiones actuales. Poco a poco aflojó el agarre de las muñecas para dar paso a una caricia en su pecho, más que nada fue un roce sobre ellos antes de dejar reposar ambas manos a los costados. –Tienes la cara completamente roja, Aoba. ¿Es que tu rostro dice más de lo que hablas? –con ambas manos comenzó a quitarse la chaqueta de encima, la dejó caer al suelo en el costado de la cama antes de proseguir con sus brazaletes y gorra.
Aoba Seragaki Natsu. El otro no contestaba, prácticamente no hacía nada al respecto. Tampoco le daba respuesta alguna, era como estar hablando con una pared que no le dejaba levantarse de la cama. Comenzaba a preocuparse bastante de su integridad física. —¿D-dónde estás...? —Se sobresaltó un poco, no era bueno que el otro le tocará así, era un ser humano también y tenía sus debilidades. Suerte que a las chicas les costaba menos disimular ciertas situaciones. —Cállate, no estoy... No... —Giró el rostro hacia un costado, apretando los labios con frustración.
Noiz Ruff. –Hey... ¿por qué no me miras? –alzó una de sus cejas al ver que la otra no estaba dedicándole la más mínima atención a su streptease(?); ya se había quitado la camiseta negra y tenía el torso al descubierto. Volvió a apoyar las manos en la cama y se inclinó hacia ella. Sin más demora inclinó su cabeza buscando el rostro contrario. Con la yema de los dedos le acarició la boca, recorrió la comisura de sus labios antes de separarlos un poco con el mismo dedo. Él mismo se estaba acercando poco a poco al punto de poder respirar uno el aliento del otro. –¿ ...es que tanto me detestas? –esta vez, su voz fue más suave a la de siempre.
Aoba Seragaki Natsu. —Porque estás... Haciendo cosas extrañas... —Murmuró, tal vez esa no era la palabra en específico que quería usar para referirse al hecho de que el menor estuviese desnudándose sobre ella. Además ¿Por qué diablos estaba tan en forma si lo único que comía era chatarra? No entendía esa capacidad del otro para mantener un cuerpo así, y a ella que tanto le costaba conservar una figura relativamente proporcionada... Sin mencionar que estaba siendo verdaderamente erótico a la hora de actuar. Sus labios se entreabieron casi automáticamene a su tacto. —... No es eso, para nada. Sólo no soporto que todo el tiempo quieras acercarte para jugar Rhyme...
Noiz Ruff. Tiene metabolismo rápido(?) o bien el tanto correr por aquí y por allá lo mantienen en forma. Pero bueno, si de mantener la figura se trataba, Aoba podría bajar las calorías de la pizza recién comida (a medias) con el ejercicio que harían. Esperaba después recibir un gracias por ser considerado con el cuerpo de la fémina, no cualquiera hace eso. –Ya te dije, esta vez... no es sólo Rhyme –se lo demostró acercando sus labios a los contrarios, ya que ella había separado un poco al hablar, aprovechó la instancia de entorpecer con su dedo y así tener pase libre a saborearle los labios con la lengua, mordiendo un poco el inferior antes de separarse.
Aoba Seragaki Natsu. —... —Iba a responderle que dudaba bastante de aquella afirmación, porque era obvia la razón por la que siempre se le acercaba. Volvía a escuchar 'Rhyme' y se volvía loca. O simplemente lo mataría y no habría vuelta atrás... Pero nada, terminó suspirando acalorada por aquella acción. No esperaba que Noiz fuera capaz de ser tan seductor con ella. La manera que sintió su lengua, y eventualmente la perforación que tenía en la misma, eso sumándole a la mordida que hizo enrojecer su labio, fue bastante como para bajar sus defensas.
Noiz Ruff. El cuerpo de Aoba iba poco a poco dejando de resistirse, el hecho de que ya no forcejease, e incluso que ni siquiera le había dado manotazo alguno, era uno de los indicios para saber que ella le estaba aceptando. O bueno, de alguna manera. Noiz por su lado se debatía entre sus siguientes acciones, había un sin fin en sus posibilidades pero la duda entraba en la intensidad de las mismas. Cada toque se sentía tan lejano, era su realidad, la que por más cerca que estaba con ella había una capa gruesa que se interponía. Un titubeante germano pasó sus manos por el cuello de la peliazul, bajando poco a poco hasta detenerse sobre su pecho. La respiración de Aoba era notoria, él podía ver como su pecho subía y bajaba con cada bocanada de aire. –¿Nerviosa? –soltó apenas una risa, nunca había creído ver esa faceta de su compañera, como que cada día sólo la veía enojarse y fruncir el ceño cuando le daba la negativa.
Aoba Seragaki Natsu. ¿Qué tanto dudaba? Estaba llenándose la cabeza de supuestos. Si realmente el otro le quería de 'esa' manera, no se estaba esperando ninguna clase de declaración romántica. Sólo le bastaba saber que despertaba en el otro alguna clase de deseo, pero no obtenía respuestas claras. Era difícil leerlo. —... ¿Quieres... Hacerme enojar? —Susurró, porque si aquello se trataba de una broma, era la peor que le hubiesen hecho en la vida, pero había cumplido con la función de hacer que su corazón golpeara con tanta fuerza su pecho, que probablemente hasta el otro sería capaz de escuchar esos torpes latidos. —... —"Vamos, sólo dí que quieres esto", su mirada parecía exigirle aquello, una muestra más, un pequeño indicio. Al diablo. Noiz pese a su apariencia, seguía siendo un mocoso en todo sentido, así que alzó su rostro, sólo para recordarle quién 'mandaba' allí, y unió sus labios a los contrarios, besándole. No tierna ni delicadamente, era un beso demandante. Una especie de pedido "¡Haz algo!".
Noiz Ruff. Negó con la cabeza. –Por ahora, hacerte enojar es lo último que quiero –alcanzó a decir antes que sus labios le fuesen arrebatados. Aoba tenía una peculiar forma de exigir las cosas, nada comparado a las acciones dulces, sensibles y seductoras de las otras mujeres, ella iba y clavaba el clavo directamente. No se iba con rodeos y la manera en que jugueteaban con sus labios, su lengua y lo salvaje de sus acciones, era muestra de ello. Él no hizo más que corresponder, el juego de toqueteos y movidas había estado haciendo efecto y no iba a negar un roce más profundo. Con una de sus manos acarició el pecho de la fémina, fueron masajes circulares a su seno derecho que, por suerte, podía tocar casi directamente. El que Aoba llevase una camiseta simple bajo la chaqueta, hacía que sus manos pudieran fácilmente palmar lo que había más abajo. Deshaciendo el beso Noiz se encargó de saborear sus labios, era el único lugar donde podía sentir algo. Ahora él estaba sintiendo a su compañera y quería sentirla aún más. –No quiero que calles, quiero oírte gemir –aplicó una innecesaria presión al agarre en su mano, quizás le iba a dejar marcas luego de que todo eso terminase; era una mezcla de caricias con apretones torpes los que estaba dando.
Aoba Seragaki Natsu. No se iba a ir con rodeos. Él entró a su casa estando ella sola y después de una agotadora jornada de trabajo, no iba a tomarse demasiado tiempo en hacerse de rogar. Además, ya lo tenía con poca ropa, sería inútil hacerse la difícil en ese momento. Alzó ambos brazos para rodearle el cuello, arqueando ligeramente la espalda, lo suficiente como incitarle a seguir explorando con las manos. Su lengua lentamente recorrió los labios contrarios, sonriendo apenas al escucharle decir aquello. —¿Ah sí? Tendrás que hacerme gemir entonces... —Ese agarre fue ¿Extraño? Su cuerpo reaccionó de todas formas, y comenzó a preguntarse si el otro se atrevería a tocar su piel directamente o ella tendría que, nuevamente hacer algo para incitarlo. Era difícil saber como actuar cuando llevaba un buen tiempo sin ningún tipo de acción de ese estilo, aunque oportunidades no le faltaron. Ningún chico satisfacía sus gustos en absoluto. Salvo ese rubio torpe, era adorable, era atractivo ¿Qué más se podía pedir?
Noiz Ruff. –¿Es un reto? –esbozó una sonrisa, él no iba a negar un desafío, menos si se trataba de esa chica en específico. Ahora se vio la oportunidad de despojar a Aoba de la gruesa chaqueta que llevaba, usó ambas manos para quitársela y dejarla caer al costado, en el suelo. Menos ropa, más piel. Él quería contacto y lo tendría, si algo quiere, lo obtiene. Poco a poco iba agarrando ritmo, le introdujo una de sus manos bajo la camiseta para ir quitándosela, se ayudó de la cercanía que tenían para que fuese más fácil y menos enredado. La blanca y tersa piel estaba expuesta frente a sus ojos, pero aún quedaba algo de color ahí: el brasier. Se sentía un idiota por no haber quitado uno nunca antes en su vida, ahora el objeto pasaba a ser un obstáculo más. –Ah, quítate eso –tomó uno de los tirantes, lo levantó y dejó caer en un sonoro golpeteo al tocar la piel contraria. Claro que no iba a meter sus manos a desabrochar algo que desconocía, mejor que ella se lo quitase por sus propios medios. Era una mezcla de demandar una acción sumisa y vergonzosa, conociendo a Aoba, podría negarse, ¿accedería tan rápido a desnudar su pecho frente a él?
Aoba Seragaki Natsu. — Claro que lo es... — Bueno, aquel era un desafío mucho más interesante que el Rhyme. Por lo menos para ella, pero tampoco es que fuera a decírselo directamente. No, también tenía su gran dosis de orgullo que le impedía ser totalmente clara y que era en parte la razón de que siempre pareciera molesta con él. Le ayudó con la tarea de dejar la ropa a un lado, incluso con la camiseta pero luego llegó el momento más teso de todos... —Pfff... Hahahaa. Auch. —Se rió de aquella orden por parte del otro, y luego e quejó del golpe que le dio el tirante del brasier. —Espera ¿es en serio? Lanzó un suspiro resignado. Bien, ayudarlo un poco no estaría demás así que volvió a arquear la espalda para llevar ambas manos al broche de su ropa interior, el cuál soltó, dejando aquella delicada prenda a un lado. Y sí, se había desnudado de la cintura para arriba frente a él Ahora estaban en igualdad de condiciones.
Noiz Ruff. Desvió la mirada hacia un costado, no era por el pudor de tenerla desnuda y tan cerca, sino por la cierta vergüenza de que se habían reído. Ya, está bien, no es la persona con más experiencia en el mundo y menos a la hora de desnudar mujeres; pero algo como eso no lo admitiría abiertamente. Cuando volvió la mirada a la fémina no pudo evitar que sus mejillas se sonrojaran, la vista sin duda no se podía comparar a los torpes toques de antes. Cerró los ojos un momento y carraspeó para arreglar su voz. –No me lo esperaba... –susurró, porque si lo decía para ella quizás terminaba muerto(?). Retomó su compostura y empezó a quitarse las vendas de las manos, ¿qué importaba si estaban llenas de cicatrices y marcas? Si iba a tocarla lo haría con su propia piel. Nuevamente dirigió la mirada hacia ella, iba de sus ojos a su pecho. Ayudándose con ambas manos los cubrió por completo, eso era lo que estaba comentando, parecía que sin la ropa interior eran más pequeños.
Aoba Seragaki Natsu. —Estás rojo... —Susurró, ella también lo estaba, pero no lo sabía. No del todo, así que si el otro quería avergonzarle también, tenía una buena excusa para ello. Era muy extraño estar así frente a alguien, y que le estuviera mirando con tanta atención ¿Habría algo de malo en ella? Tal vez se mostró demasiado rápido... —Ngh. Espera... ¿Q-qué es lo que no te esperabas? —Apenas cayó en cuenta, mientras el otro ponía sus manos sobre su pecho. Tal vez algo andaba mal ahí... Comenzó a dibujar una mueca extraña en el rostro, sacudiendo la cabeza de un lado a otro, tal vez se adelantó... Sí, eso, lo había hecho todo mal desde un comienzo. No era justo ¿Acaso significaba la falta de experiencia?
Noiz Ruff. –Cállate –no necesitaba que se lo dijeran, era suficiente con que su rostro y cuerpo en general estuviese acalorado. Para desviar la atención se encargó de acariciar sus senos con algo más de intensidad y estimular sus pezones, lentamente ese botón de piel rosa iba tomando forma, de cierta forma era tierno. Por más que pidiera que esperara, su cuerpo pedía a gritos que no lo hiciera. Nuevamente evitó todo contacto visual cerrando sus ojos, dedicó toda la concentración a usar sus manos para acariciarla y recorrerla. Iba poco a poco explorando más el cuerpo de Aoba, a veces profería un par de apretones, otras veces pasaba sus uñas por la piel. Bajó hasta el estómago de ella y le contorneó el ombligo con la yema de un dedo. Se sonrío al imaginar en cómo estaría la expresión de Aoba, si sería una mezcla de cosquillas o vergüenza. Continuó sus caricias llevándolas hasta la espalda. Recorrió desde abajo hacia arriba, acariciando la nuca de ésta y sujetándole para acercarla a su propio cuerpo. Se guió por la anatomía humana para llevar sus labios al cuello de la joven y plantar unos pequeños besos, en un principio titubeantes, luego cada vez más intensos. Le besó en la clavícula y aplicó succión para dejar un chupetón; las marcas invisibles no eran de su agrado. Él deseaba una huella en la piel, una marca que dijese "yo tomé este cuerpo".
Aoba Seragaki Natsu. Su respiración se hizo notoriamente más irregular y acalorada, y eso no era bueno, porque ya se estaba notando que las reacciones iban por 'buen camino' sin mencionar sus pezones ya bastante duros y sensibles por el tacto. Quería morir de vergüenza, apretaba las piernas para dejar de sentir tantas cosas incómodas. —... Ah... —Otro suspiro, y su piel se erizaba por cada roce, sus dedos se hundían en la nuca del rubio, atrayéndolo más contra su cuerpo, rozando aquel cabello claro y corto. Diablos, se sentía muy bien. Sus besos, sus marcas... No estaba demás querer formar parte de eso ¿No? Además tenía curiosidad de saber si el otro también estaba reaccionando así como ella se sentía, y su diestra se coló entre ambos cuerpos, desbrochándole el pantalón. Si aquello estaba bien o no, no estaba segura, pero creía que estaba en todo su derecho de tocar también.
Noiz Ruff. Obviamente entre tanto jugueteo de cuerpos y caricias el propio Noiz se había acalorado, tenía que respirar en bocanadas profundas para mantener un ritmo constante a diferencia de su compañera. Su propio aliento bañaba el cuerpo de la mujer con la cercanía de sus besos y respiración, veía como la piel de ella se erizaba en el cuello gracias a sus caricias. Los mismos pezones estaban endurecidos y rozaban sus pectorales, Él también tenía la piel erizada y lo fue aún más cuando una mano traviesa se adentró en sus pantalones, quitándola del camino al desabotonarla. –Mhh... –ahogó un gemido mordiéndola sobre el hombro. Por otro lado, separó sus piernas para darle más espacio, no negaba que deseaba ser tocado por ella. Una de sus manos bajó en busca de la otra para guiarla a su entrepierna y por dentro de su ropa interior. –Tócame –se tomó la molestia de guiarle los dedos para que acariciasen su intimidad, ella se encontraría con las perforaciones de su miembro. ¿Le diría algo? Soltó una risa entre dientes y recargó la barbilla en su hombro, sus besos se habían apagado lentamente, ahora su concentración plena estaba ahí abajo.
Aoba Seragaki Natsu. Estaba preguntándose qué clase de sorpresas encontrarían sus manos, tal vez el otro también estaba bien dotado ahí abajo ¿Y si tenía perforaciones ahí también? Sus manos parecían ansiosas y sólo reafirmaron sus nervios cuando el otro le guiaba a seguir tocando, y ni hablar de sus palabras... Ya que lo pedía, sus dedos fueron explorando, rodeándolo con los mismos y presionando suavemente sólo para darse cuenta que en efecto habían piezas metálicas ahí. —¿No te duelen esta clase de cosas? —Murmuró, aunque ya presentía cual sería la respuesta. Si no dolía ¿Era capaz de sentir como lo estaba tocando? Porque sus manos no se quedaban quietas, de hecho le estaba bajando el pantalón para poder tomar ese sexo entre sus dedos y masturbarlo de arriba a abajo, desviando la mirada hacia esa zona para poder contar cuantos piercings habían habían.
Noiz Ruff. Aoba no era la única que estaba con la mirada atenta en su intimidad, el rubio se veía obligado a ver como los dedos de su compañera recorrían su entrepierna. ¿De qué otra manera se daría cuenta de su contacto físico? Su piel parecía cubierta por una especie de plástico que aminoraba cada caricia a su cuerpo. –No, no duelen –era un alivio que ella no le mirase a la cara, porque el ver cómo le masturbaba directamente y sin clase de pudor, había vuelto a marcar su rostro de un color rojo. –Hmh... –separó un poco sus labios. Él no se quedaría atrás, con sus manos recorrió los muslos femeninos en busca de su calor y firmeza. El punto fuerte de su cuerpo, según el germano, eran las esbeltas piernas de la peliazul; ahora mismo lo comprobaba con cada toque que daba. –Me gustan –podría ser un chico de pocas palabras, pero las que dijera iban envueltas en completa sinceridad. Realmente le gustaban esos muslos, rodillas y pantorrillas que descubría poco a poco. Hasta hace unos segundos sólo las había visto de lejos, ahora era diferente, como una especie de sueño hecho realidad.
Aoba Seragaki Natsu. Claro que se avergonzaba un poco de hacer aquello, no era algo que considerara malo, sino que la falta de costumbre le hacía sentir que hacía algo tal vez muy osado. Sólo rezaba porque su abuela no llegase y la viese ahí, semidesnuda y tocándole la entrepierna a ese chico. Aunque era natural en una persona tener esa clase de instintos ¿no? Además la forma en la que él le estaba tocando... No creyó que fuese tan suave al tacto, que le trataría hasta con ternura dentro de lo cabía en una situación así. Lo único que lamentaba es que el otro no sentiría las cosas de forma tan nítida como ella si lo hacía. Probablemente porque ella tenía toda clase de sensaciones a flor de piel, el calor y la situación la volvían hipersensible. —¿Si...? —Sólo quería comprobarlo, eso no podía estar mal si de sentía tan bien. Sus dedos presionaban esas piezas de metal y jugueteaban con ellas en un esfuerzo por hacerle sentir cosas.
Noiz Ruff. –Bastante –confirmó. Realmente le gustaba la zona inferior de Aoba y no se molestaría en negarlo. –Tus piernas son firmes y proporcionadas pero... también hay otra zona que me atrae más –el booty de la joven, ¿quién podría resisitirse a ese par de nalgas apretadas y cubiertas sólo por un short de mezclilla? Había que ser un completo idiota para no desviar la mirada hacia esa zona cuando se veía a la peliazul caminar por la calle. Con sus manos acarició y acarició por sus piernas hasta la prenda. La desabrochó de un tirón y bajó la cremallera, fue un tanto brusco pero cuando se tiene en frente el booty de Aoba, hay que dejar rienda suelta. –Separa las piernas –fue demandante con su voz, él estaba cediendo espacio mientras era masturbado, quería que ella también lo hiciese. Ahogó un gemido, ella estaba llevando a cabo muy bien su trabajo porque el rubio ya tenía una erección que danzaba con cada caricia de la fémina. –Hmm, mhh... ¿Ya habías hecho esto?
Aoba Seragaki Natsu. —No me hagas adivinar qué otra cosa te gusta más... —Era consciente de sus atributos, no por nada usaba prendas que realzaban esa parte de su cuerpo. Era parte de su vanidad como chica querer sacar provecho de su cuerpo de la manera que más le acomodara, aunque obviamente no dejaba que nadie se propasara. o se ganaban una buena patada en la cara. Y no era sólo una amenaza, ya había golpeado a más de una persona por querer tocar o incluso sólo rozar esa parte. No le había tomado el peso al asunto hasta que lo poco de ropa que le quedaba encima amenazaba con ser apartada de su cuerpo. Sin embargo las ganas eran mucho más fuertes que el pudor así que hizo caso, sólo a medias, pues no separó demasiado sus piernas. —¿A-ah? Bueno... —¿Qué responder? Le daba vergüenza admitir que hacía prácticamente años que no estaba con un chico, aunque sí lo había estado en el pasado, por tanto sus técnicas probablemente no eran las mejores. —D-digamos que hace mucho tiempo... —Susurró. —¿Y tú?
Noiz Ruff. Si Noiz tuviese conocimiento de esa vanidad femenina, estaría más que seguro de querer apoyar y le regalaría toda clase de ropas para resaltar sus atributos; nada mejor que ser el proveedor de una vista espléndida, aunque debía admitir, compartirla no estaba en sus planes. –No necesitas adivinar si ya lo sabes –acarició la parte baja de su abdomen y deslizó sus dedos por sobre la ropa interior, él tampoco tenía las mejores técnicas a la hora de acariciar el cuerpo de alguien, los golpes y la violencia era casi la única forma de tratar con los demás. –¿Hmm? –levantó la mirada encontrándose con la de ella, no se esperó la devuelta de su pregunta. Sinceramente nunca ha tenido relaciones con alguien, ni con una mujer y mucho menos con un hombre; pero decir que era un completo inexperto además de virgen, conllevaría a darle la razón cuando Aoba dice que sólo es un "niño". –Sí, eh... también –devolvió su atención a lo de antes, era mejor que estarla mirando directamente. Tomándose la molestia, rodeó la cintura contraria y la alzó con facilidades para que ella se sentase a horcajadas sobre él; de esta manera la cercanía de sus zonas íntimas era más estrecha. Con una mano entrelazó los dedos que acariciaban su miembro, los arrebató y alejó, ahora las riendas estaban en manos de Noiz. Lentamente apegó su cuerpo al otro e inició movimientos con su cadera, alzar su cuerpo con la mitad del otro sobre sus piernas no era la gran cosa, la peliazul era increíblemente delgada. –¿Te gusta? –estaba rozando su virilidad contra la apenas perceptible ropa interior de Aoba, debía sentirse bien ¿no? incluso si no era un toque directo, era un toque entre ellos.
[abandonado ]













