Parte 1: https://www.tumblr.com/myoneand1/790077015743217664/xviii-adopci%C3%B3n-parte-1-de-4?source=share
Satoru sabía que no podía adoptar a todos los niños por más que quisiera hacerlo.
Eran demasiados y no podría darles la atención y amor que necesitaban. Y sería injusto para ellos.
Así que, ante eso, comenzó a donar una gran cantidad de dinero, semanal, al centro.
Manami estaba más que encantada, podrían mejorar todas las instalaciones en poco tiempo gracias a las donaciones de Satoru, tenían más variación en las comidas y se permitirían algunos lujos, como juguetes nuevos.
Para algunos de los niños, sería la primera vez que pudieran abrir el empaqué de uno.
Así que hizo lo posible por mover las influencias que tenía y junto al dinero que Satoru siguió aportando, los papeles de adopción para Megumi llegaron en orden y más rápido.
Las inspecciones en la casa de los Gojo fueron rápidas y bastantes satisfactorias, era el ambiente perfecto para un niño.
Y Manami enserio esperaba que Megumi pudiera encontrar una familia en ellos.
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—¿Guardaste todo? —Satoru preguntó con una sonrisa, sentandose en el catre al lado de Megumi, quién asintió con suavidad, señalando una bolsa de plástico negra.
Suguru frunció el ceño.
—¿Sólo tienes eso?
El pequeño asintió, soltando un suspiró, aún no hablaba mucho, en realidad, no había dicho palabra hacia ellos.
—Bueno —Satoru dijo, levantando la bolsa y poniendola en los brazos de Suguru, antes de levantar a Megumi en brazos— le podemos comprar más cosas, vida mía, no tienes que preocuparte.
Megumi agarró a Satoru del cuello de la camisa, aferrandose a él, sacandole una sonrisa más grande a Satoru.
—Podemos comprar muchos peluches.
Le comenzó a decir, caminando hacia el auto, aún con Megumi en brazos.
—Todos serán muy lindos, los puedo mandar a traer, aunque podemos regalar los que no te gusten, Megumi. No creo que todos sean particularmente lindos, tal vez te gusten solo pocos, ¿No crees?
Megumi se dejó caer en el asiento cuando Satoru le abrió la puerta, antes de asentir y levantar sus manitas, permitiendo que el omega le abrochara el cinturón.
—Sí, eso mismo pensé.
Satoru le sonrió, acariciando su cabello antes de cerrar la puerta y subir al asiento del copiloto.
—¡Por cierto! —Satoru dijo cuando Suguru comenzó a conducir, pasandole a Megumi las cosas que habíra traido— una lonchera, tiene comida, por si te da hambre en el camino, es largo y una cobija también, lo sé, sé que hace calor, pero por si refresca.
Megumi aceptó las cosas, sosteniendolas cerca de su pecho y con cuidado, una pequeña sonrisa se plantó en sus labios antes de cambiarlo a una mueca.
Pero Satoru y Suguru lo notaron.
El beta le sonrió a Satoru con suavidad, poniendo una mano en el volante y la otra extendiendola, colocandola con suavidad en el muslo de su pareja, acariciando un poco.
El omega acarició su mano antes de solta un suspiró y ver por el espejo como Megumi abría su lonchera y sacaba su cajita de jugo.
Un progreso.
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Megumi observaba la casa en silencio, sin poder creerlo.
La casa era enorme, con una gran parte de jardín delanterlo y trasero, por los árboles que lograban verse desde la cochera.
—¿Te gusta? —le preguntó Satoru con suavidad, extendiendo la mano hacia él.
Megumi asintió con suavidad, parpadeando, aún sin poder creer que viviría en un lugar tan grande.
—Bienvenido a casa, Megumi —Suguru le dijo con suavidad, abriendo la puerta para que ambos entrarán.
El pequeño no respondió al instante, pero tampoco se apartó cuando Satoru se agachó a su altura para ayudarle a quitarse los zapatos, sonriendo y palmeando sus pequeños hombros, antes de, con cuidado y con una ternura bastante relevante, Satoru le alisó con cuidado el cabello.
Megumi no se apartó, se quedó quieto, en silencio, antes de abrazar a Satoru cuando el omega lo volvió a levantar en brazos.
—¿Tienes hambre? —preguntó Satoru, en voz baja— hoy le toca a Suguru cocinar, ¡Hace una pasta deliciosa!
Megumi asintió con suavidad.
Suguru le sonrió a ambos, acariciando un momento la cintura de Satoru para entrar a la cocina.
Los vio desde la cocina, Satoru sentado en el sillón y Megumi en su regazo, escuchando con atención todo lo que Satoru le decía de como podrían decorar su habitación.
Satoru brillaba. Siempre lo había hecho, con tanta intensidad que a veces superaba al sol y agotaba al mundo, a veces le costaba creer que verdaderamente se hubiera casado con él.
Pero aquí estaban, formando una familia juntos.
Y Satoru parecía saber eso, porque brillaba más que nunca.
Aunque la primera semana fue como caminar en hielo roto.
Megumi seguía sin hablar, así que era algo díficil tener que decifrar que era lo que necesitaba todo el tiempo.
Pero se lograron adaptar.
Satoru quería abrazarlo todo el tiempo, Megumi no se resistía, en realidad, parecía ser de las pocas veces que estaba seguro de aceptar algo, claro, se terminaba por apartar, pero se quedaba casi un minuto enteró en sus brazos.
Con Suguru parecía más cauteloso, no porque Suguru fuera una mala persona o le gritará, simplemente no parecía estar muy cómodo en la presencia de betas, lo cual era... Con muchas personas.
Le preguntaron a Manami si se debía a algo y la omega les dijo que era simple, su padre biologíco era un beta, así que atribuía las cosas malas a los betas.
Suguru lo entendía y no quiso presionarlo, más cuando observaba a Megumi dormir con los ojos entreabiertos, abrazando un peluche con miedo y acurrucado casi como si quisiera desaparecer.
No pensaba presionarlo cuando Megumi estaba claramente pasando por una transición de un lugar seguro a un lugar que apenas comenzaba a conocer.
Y a ambos tampoco les paso desapercibido que Megumi despertará por la noche.
—¿Crees que funcione? —preguntó Satoru— ¿No lo estaremos presionando?
Suguru negó con suavidad.
—Solo... Necesitamos que él entienda que no esta solo.
El albino asintió, sentandose en el sillón para esperar el momento, Suguru se sentó a su lado, acariciando su brazo con suavidad.
Y no tardó en suceder.
Pequeños pasos, seguidos del ruido al abrir la puerta y finalmente, Megumi bajando por las escaleras, frotandose los ojos, quitandose las lagrimas de su carita.
El pequeño observó a los adultos, haciendo una mueca antes de entrar a la cocina.
—¿Todo bien, pequeño?
Megumi no dijo nada al inicio, se quedó dentro de la cocina, tratando de alcanzar un vaso de agua.
Al principio, no pidió ayuda, no dijo palabra, ni siquiera los volteó a ver .
Pero después de unos segundos, asomo su carita, buscando a Satoru con la mirada.
Satoru le sonrió, levantarse del sillón y acercandose.
—¿Quieres un poco de leche caliente?
El pequeño lo pensó un momento, antes de asentir.
Suguru se acercó a los pocos minutos, sonriendo para ambos y sentandose al lado de ambos.
—Hice un poco de pan al vapor en la tarde —el beta le dijo a Megumi— queda bien con leche caliente, ¿Quieres un poco?
Satoru, sin esperar respuesta de Megumi, comenzó a sacar el pan, sosteniendo uno para si mismo y sumerguiendolo con cuidado en su vaso de leche.
Suguru le sonrió a su esposo, imitando sus acciones.
Megumi los miró confundido, mordisquiando un poco su pan, sin decir palabra.
No lo presionaron, Megumi hablaría cuando tuviera la seguridad para hacerlo, su trabajo en ese momento, era decirle que podía confiar en ellos.
Que ellos no lo lastimarían.
Aún así, el niño no dijo nada, se quedó quieto, pero dejo que Suguru colocará una manta sobre sus hombros y Satoru rellenará su vaso de leche una vez más.
Megumi los miró, solo una pequeña mirada, de pocos segundos.
Antes de tomar otro trozo de pan y sumergirlo en la leche, imitando lo que hacian Suguru y Satoru.
Fue un gesto pequeño, seguramente no significaba nada y solamente tenía curiosidad.
Pero para ellos, fue otro progreso.
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Las siguientes semanas, Megumi se comenzó a sentir mejor al rededor de ambos.
Era un día lluvioso, Satoru corría hacia la casa con un paraguas ya a medio despadazado por los vientos fuertes, no fue en auto porque 'había sido un día esplendido para caminar'.
Satoru abrió la puerta lo más rápido que pudo, entrando a la casa de un salto y empapando el piso.
—¡Estoy en casa!
Megumi, quién estaba en el sillón observando una caricatura, lo miró fijamente. una de sus cejas alzandose.
—Pareces un trapo mojado —dijo con suavidad, una sonrisa apareciendo en sus labios.
Satoru parpadeó, sorprendido.
Suguru, que preparaba el arroz, salió casi corriendo de la cocina.
—¿Dijiste algo, Megumi?
El niño regresó la vista hacia la televisión, como si quisiera evitar lo que dijo, acurrucandose sobre si mismo cuando Satoru se acercó.
—L-lo siento —susurró debilmente.
Pero Satoru, con el cabello y ropa aun goteando, abrazó a Megumi como si le hubiera dicho lo mejor del mundo.
—¡¿Escuchaste, Suguru?! ¡Me hablo! ¡Fue un insulto, pero lo hizo!
Megumi se quedó quieto en sus brazos, sin entender bien porque Satoru lo abrazaba, pero al final se acurrucó contra su hombro.
Suguru se acercó, abrazando a ambos y dandole un pequeño beso en la mejilla al pequeño.
—¡Aw, Megumi! —dijo con una gran sonrisa.
No eran las palabras que hubieran esperado escuchar, pero estaban felices de que al fin decidiera decir algo.
Após acomodar a mãe no quarto de hotel, a última coisa que Woojin queria era ficar por ali e lidar com o irmão, por isso, após a mãe finalmente dormir saiu para caminhar um pouco. Estava cansado do dia esperando por notícias e todo o resto, mas não era como se fosse conseguir dormir naquele momento.
Caminhou um pouco pelo entorno da hospedagem até que avistou uma pojangmacha, uma barraca de lona com mesas e cadeiras que vende comida e bebida. Sentou-se em uma cadeira, pediu cerveja e soju. Beber o ajudaria a relaxar um pouco.
Não sabia se era com ele ou não, nem entendeu direito o que ouvi, apenas reagiu com seu sarcasmo usual. "claro que estou aqui. onde mais eu estaria?"