Una lectura de <i>Donde termina la lluvia</i> de Norberto Gugliotella, por Gloria Peirano
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas, dice un verso de un poema de Cummings. Mientras leía esta novela, el verso resonaba en mí, cercano a Violeta, una de las voces narrativas en las que está articulada. La lluvia, entonces, como un fenómeno trivial, conocido, pero también, como se plantea en una escena de este texto, un extraño perímetro, que sucede pocas veces, en el que…
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