Camilla from Fire Emblem done in Super Mario style
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Camilla from Fire Emblem done in Super Mario style
Her Royal Highness Princess Camilla of Bourbon-Two Sicilies, Duchess of Castro, visited Egypt with her husband Prince Charles and their family — exploring the timeless wonders of the land of the Pharaohs.
Now, you can experience the same royal journey — private, elegant, and truly unforgettable.
👑 Camilla di Valeriano
“Retrato oficial de Su Alteza Serenísima la Princesa Camilla di Valeriano”, óleo sobre lienzo atribuido a Girolamo Bassi, fechado en 1834. Actualmente en la colección permanente del Museo Real de Montevalle.
Nombre completo: Camilla Elisabetta Anna di Valeriano Fecha de nacimiento: 3 de mayo de 1791 Lugar de nacimiento: Palacio Real de Montevalle Padres: Giovanni I di Valeriano y Anna Beatrice d’Este Casa de origen: Casa di Valeriano Títulos: – Su Alteza Serenísima la Princesa Camilla di Valeriano, hija del Rey – Fundadora del Círculo de Música Sacra Santa Cecilia – Dama Protectora del Monasterio de San Giuliano – Guardiana del Archivo Musical de Villalba – Patrona Espiritual de la Capilla de Santa Cecilia en Montevalle (título póstumo otorgado en 1870) Sucesora: Maria Teresa I di Valeriano (como patrona espiritual y continuadora de su legado) Fallecimiento: 12 de noviembre de 1855 (64 años), Casa di Luce, Montevalle Sepultura: Oratorio lateral del Monasterio de Santa Clara, Montevalle
✦ Infancia y educación: entre dos mujeres, dos mundos (1791–1806)
Camilla Elisabetta Anna di Valeriano nació el 3 de mayo de 1791 en el Palacio Real de Montevalle, como la segunda hija del entonces príncipe heredero Giovanni di Valeriano y de su esposa, la princesa Anna Beatrice d’Este. Su nacimiento tuvo lugar en un momento de estabilidad en la corte, pocos años antes de que su padre accediera al trono. Desde los primeros días de vida, Camilla fue descrita por las damas de honor como una niña de complexión frágil, silenciosa y de mirada penetrante, distinta en temperamento a sus hermanos más activos y extrovertidos.
Fue bautizada solemnemente en la Capilla Palatina de San Luigi, con agua traída del río Arno, siguiendo una antigua costumbre vinculada a la rama Este. En la ceremonia, oficiada por el entonces arzobispo de Montevalle, estuvieron presentes su abuela materna Elisabetta Farnese di Parma, el rey Vittorio Emanuele I, el joven príncipe heredero Luigi y el cardenal Filippo Augusto di Valeriano, su tío.
La infancia de Camilla transcurrió en un entorno palaciego marcado por dos influencias femeninas contrapuestas y determinantes: su abuela Elisabetta, encarnación de la disciplina tridentina y del deber religioso, y su madre, la brillante y provocadora Anna Beatrice, patrona de artistas, pensadores y músicos. Entre ambas corrientes, Camilla fue desarrollando un carácter introspectivo, sobrio y receptivo, que muy pronto se manifestó en su fascinación por la música litúrgica, la lectura espiritual y la vida conventual.
Desde muy joven recibió una formación selecta pero diversa. Por decisión de la reina madre Elisabetta, fue instruida en catecismo, latín e historia sagrada por religiosas del convento de Santa Clara; al mismo tiempo, su madre organizaba para ella tardes privadas de lectura con pensadores ilustrados, veladas musicales y clases de clavecín y canto gregoriano. Camilla alternaba con naturalidad entre los rezos de laudes y las tertulias de filosofía moral, desarrollando un equilibrio poco común entre espiritualidad y sensibilidad artística.
A los ocho años, ya leía con soltura a Teresa de Ávila, y a los once podía recitar de memoria fragmentos de Petrarca. En una carta de Anna Beatrice a su confesor, conservada en el archivo del Palacio de Villalba, la reina escribe: “Mi hija menor parece crecer sin necesidad de luz exterior. Es una flor que medita antes de abrirse, como si temiera profanar el aire con su perfume”.
Camilla fue una de las que acompañó con regularidad a su madre durante las temporadas de retiro en el Palacio de Verano de Villalba, especialmente entre 1802 y 1805, justo cuando el escándalo cortesano que envolvía a Anna Beatrice alcanzaba su punto más álgido. A diferencia de su hermano mayor Luigi, quien ya comenzaba a distanciarse de su madre por razones políticas y de formación hereditaria, Camilla jamás rompió el vínculo con ella. Permaneció a su lado, escuchó sus lamentos y aprendió de su resistencia. Este lazo marcaría no solo su identidad personal, sino también el propósito de toda su vida posterior: ser guardiana de una sensibilidad femenina, artística y espiritual marginada por el protocolo oficial.
El ambiente en el que creció, entre la severidad del dogma y la audacia de lo sensible, hizo de Camilla una figura profundamente valeriana: heredera de la fe, pero también de la belleza; hija del deber, pero también del consuelo. En ella empezaban a resonar los acordes de una vida destinada no al poder ni al matrimonio, sino al arte de hacer del silencio un espacio sagrado.
“Bautizo de la princesa Camilla di Valeriano”, óleo sobre lienzo atribuido a Vittorio Greggi, fechado en 1791. Representa a la infanta en brazos de su madre, la reina Anna Beatrice d’Este, junto a su abuela Elisabetta Farnese, el rey Giovanni I, el rey Vittorio Emanuele I y el pequeño príncipe heredero Luigi. Actualmente en exhibición en el Ala de Ceremonias del Museo Real de Montevalle.
✦ Vocación artística y el nacimiento del Círculo Santa Cecilia (1807–1819)
La adolescencia de Camilla di Valeriano fue, más que una transición social, una eclosión interior. Mientras la corte se sumía en protocolos, recepciones y alianzas estratégicas bajo la supervisión cada vez más visible del joven príncipe heredero Luigi, Camilla tomaba distancia de los salones dorados para refugiarse en la música sacra, la lectura mística y los espacios de recogimiento. La princesa, a diferencia de muchas damas de su tiempo, no se proyectaba hacia un matrimonio brillante ni una vida diplomática: su vocación era íntima, silenciosa, y profundamente estética.
Fue hacia 1807 cuando, según su diario personal, comenzó a componer piezas vocales con texto litúrgico y estructuras inspiradas en el canto gregoriano. En los salones menores de Villalba, instaló un pequeño órgano de cámara y convirtió uno de los antiguos salones de costura en una sala de ensayo para jóvenes doncellas de la nobleza que compartían su sensibilidad. Allí nacieron sus primeras composiciones himnos marianos, motetes penitenciales, antífonas en modo dórico y también su deseo de dignificar el canto femenino dentro de los espacios sacros del Reino.
Ese mismo año redactó en cuaderno manuscrito una serie de meditaciones tituladas Pensieri su Santa Cecilia, donde afirmaba: “Hay música que asciende como incienso sin nombre. No adorna, no entretiene. Se inmola. A esa música aspiro”. El cuaderno circuló de forma anónima entre religiosas, artistas devotas y ciertos círculos episcopales, recibiendo elogios del entonces obispo auxiliar de Montevalle, quien escribió al Senado Real recomendando “atención al raro talento compositivo y espiritual de la hija del rey Giovanni”.
La fundación del Círculo de Música Sacra Santa Cecilia tuvo lugar oficialmente en 1811, tras una prolongada estancia de Camilla en el Monasterio de Santa Clara, donde se empapó del repertorio coral medieval y de la regla benedictina del ora et labora. Con el aval implícito de su madre Anna Beatrice ya entonces recluida en Villalba y con la bendición discreta del arzobispo primado, la princesa convocó a un grupo inicial de doce mujeres jóvenes, algunas nobles, otras vinculadas a conventos reformistas, para iniciar una experiencia inédita: formación musical, vida espiritual comunitaria y creación artística orientada al servicio litúrgico.
La inauguración del Círculo tuvo lugar el 22 de noviembre de 1811, día de Santa Cecilia, con una misa solemne en la Capilla de San Giuliano, interpretada íntegramente por voces femeninas bajo la dirección de Camilla. El impacto fue inmediato y polarizante: los sectores más abiertos del clero lo vieron como una renovación litúrgica digna de los tiempos; los más conservadores lo denunciaron como “una desviación pietista que diluía la separación de estados”.
Pese a las críticas, el Círculo prosperó. Instalado inicialmente en una sala lateral del antiguo Palacio Episcopal de Montevalle, muy pronto adquirió una pequeña capilla propia, dos aulas de formación musical y una biblioteca especializada. Allí se enseñaban solfeo, latín eclesiástico, historia de los himnarios y práctica coral; también se realizaban encuentros de meditación, lectura de textos de Hildegarda de Bingen, Teresa de Ávila, Gertrudis la Magna, y debates sobre el papel de la mujer en la teología del sonido.
Camilla no concebía el arte como ornamento. Para ella, la música era un canal místico, una ofrenda verbal cuando la oración enmudecía. En carta a su confesor, fechada en 1813, escribió: “Cuando el altar calla, que canten las mujeres. No por presunción, sino por compasión”.
El Círculo de Santa Cecilia, bajo su liderazgo, promovió también becas musicales para jóvenes de familias sin fortuna, organizó procesiones cantadas en festividades menores y elaboró un misal alternativo el Cantus Interioris con salmos y cánticos seleccionados por Camilla, aún hoy conservado en el Archivo Musical de Villalba.
Hacia 1819, el Círculo ya contaba con tres capillas asociadas, dos escuelas de canto litúrgico en parroquias de las afueras de Montevalle y un incipiente programa de transcripción y rescate de obras corales renacentistas. La influencia de Camilla en la vida estética y devocional del Reino era tan evidente como cuidadosamente contenida por los círculos cortesanos. A ella no se la citaba en decretos ni en recepciones, pero sus motetes sonaban cada domingo en las misas altas, y su nombre, aunque no proclamado, era ya símbolo de una fe que sabía cantar sin imponer.
“Camilla di Valeriano componiendo en su juventud”, óleo sobre lienzo atribuido a Eleonora Bassi, ca. 1807. Representa a la princesa en un momento íntimo frente al clavecín, en los salones menores de Villalba. Colección del Archivo Musical del Círculo Santa Cecilia.
✦ Conflictos cortesanos y renuncia al matrimonio: la elección del retiro (1820–1832)
La proclamación de su hermano Luigi Francesco Vittorio como Luigi II di Valeriano el 9 de noviembre de 1820, tras la muerte repentina de su padre el rey Giovanni I en el Palacio de San Leonardo, marcó un punto de inflexión en la posición de Camilla dentro de la corte. Aunque su título como hija de rey se mantenía intacto, la atmósfera palaciega cambió de manera drástica: se impuso un ceremonial más rígido, impulsado tanto por el nuevo soberano como por su consorte, la reina Carlotta di Braganza e Borbone, mientras el duelo nacional se entrelazaba con una reconfiguración del poder que marginó progresivamente a las voces femeninas autónomas. En ese nuevo escenario, las formas de espiritualidad libre, artística y silenciosa promovidas por Camilla comenzaron a verse con recelo.Los primeros roces surgieron con el Consejo de Damas de Corte, organismo encargado de velar por el decoro femenino en palacio. A Camilla se le reprochaba su escasa asistencia a eventos protocolares, su trato directo con jóvenes sin dote y su negativa reiterada a participar en bailes de temporada. Las sospechas se intensificaron cuando, entre 1821 y 1825, la princesa rechazó públicamente al menos tres propuestas de matrimonio, todas ellas cuidadosamente promovidas por sectores aliados al Consejo Real.
La más notoria de estas propuestas fue la del príncipe Raimondo di Castellorino, aristócrata napolitano de sólida devoción papal, que contaba con el beneplácito de la reina madre Elisabetta Farnese antes de su muerte. Las otras vinieron de la corte de Parma y de un vizconde francés relacionado con la diplomacia pontificia. Camilla, sin rodeos ni dilaciones, declinó cada una, amparándose no en razones políticas, sino en lo que ella definía como "el voto interior de no pertenecer".
En una carta privada enviada a su hermana Eleonora, fechada en septiembre de 1825 y conservada en el Archivo de Correspondencia Familiar del Palacio de Montevalle, Camilla escribe:
“No estoy hecha para pertenecer. Ni a un hombre, ni a una causa, ni a una idea única. Mi alma no cabría en un contrato de alianzas. Mi vocación no es la corona de esposa, sino la música de las campanas cuando nadie las oye”.
La firmeza de su decisión generó un debate cada vez más agudo entre los sectores cortesanos. Algunas voces del clero ortodoxo, cercanas a la reina Carlotta, llegaron a sugerir la conveniencia de que Camilla se retirara a un convento, no por vocación, sino por "conveniencia institucional". La sugerencia fue percibida como una forma encubierta de censura moral, ante la cual Camilla respondió no con confrontación, sino con una acción definitiva: su retiro voluntario y progresivo de la corte.
En 1827, trasladó la sede del Círculo Santa Cecilia a una pequeña finca heredada de su madre en las afueras de Montevalle. Allí fundó la Casa di Luce, un espacio comunitario y artístico donde convivían en discreta armonía damas sin dote, religiosas progresistas, copistas de música antigua y jóvenes intérpretes. No era un convento ni un salón aristocrático, sino algo intermedio: una residencia consagrada al silencio, a la belleza litúrgica y al pensamiento sin dogmas.
Este retiro no supuso una ruptura ni un exilio, sino una decisión madura y deliberada de mantenerse fiel a su vocación original. En palabras del historiador cortesano Giulio Fabbri, que años más tarde escribiría una monografía sobre ella:
“Mientras muchas princesas temían el silencio social de la soltería, Camilla di Valeriano hizo de ese silencio su partitura personal. Fue la única mujer de su generación en elegir la soledad activa como forma de expresión política”.
La Casa di Luce fue desde entonces su nuevo reino interior. Desde allí dirigía el Círculo, componía piezas musicales que circulaban de forma manuscrita por conventos y parroquias, y recibía discretas visitas de artistas, teólogas y jóvenes devotas. Allí, entre hiedras y salmos, la princesa Camilla comenzó a escribir la parte más silenciosa y profunda de su legado.
La princesa Camilla di Valeriano durante una disertación en la Casa di Luce. Óleo sobre lienzo, autor anónimo, circa 1838. Colección del Instituto de Estudios Históricos de Montevalle.
✦ Últimos años: memoria materna, fe y legado artístico (1833–1855)
La década de 1830 trajo consigo una etapa de recogimiento luminoso para Camilla di Valeriano. Libre de presiones cortesanas, y consolidada ya la Casa di Luce como residencia espiritual y artística, la princesa encontró en la madurez una forma serena de autoridad no oficial: la de quien no necesita trono para inspirar, ni decreto para influir. Alejada de todo protagonismo político, su figura fue adquiriendo un carácter casi monástico entre los círculos cultos y eclesiásticos del Reino.
La muerte de su madre, la reina Anna Beatrice d’Este, ocurrida en 1844, supuso para Camilla no solo una herida emocional, sino también el inicio de una nueva misión interior: custodiar y transmitir el legado sensible, intelectual y espiritual de una de las mujeres más controversiales y fascinantes de la historia valeriana. A diferencia de otros miembros de la familia real, que optaron por el silencio o el olvido, Camilla reivindicó a su madre sin idealizarla, abrazando su humanidad herida y su genio indomable.
En Casa di Luce, instauró una serie de encuentros discretos llamados Serate della Regina, en los que se leían fragmentos de cartas personales de Anna Beatrice, se interpretaban motetes compuestos por Camilla en su juventud y se debatía sobre el papel de la mujer en la vida espiritual del Reino. Las reuniones no eran públicas, pero tampoco secretas: asistían jóvenes nobles, religiosas reformistas, músicos, poetas, e incluso algunos clérigos con sensibilidad pastoral. En todas las sesiones ardía una vela encendida ante un retrato juvenil de su madre, pintado en Villalba años antes del escándalo.
Uno de los vínculos más significativos de estos años fue su estrecha relación con su sobrina, la princesa Maria Teresa di Valeriano, hija del rey Luigi II y futura soberana. A pesar del distanciamiento entre Camilla y su hermano, Maria Teresa halló en su tía una figura de referencia emocional e intelectual. En cartas privadas, la joven se refería a ella como “mi segunda madre”, y asistía con regularidad a los encuentros en Casa di Luce, donde absorbía una espiritualidad que combinaba rigor y libertad, tradición y búsqueda. Fue Camilla quien, según testimonios conservados en la Biblioteca Real, le entregó en mano el último diario de Anna Beatrice, susurrándole: “Lee, no para saber lo que fue, sino para decidir lo que serás”.
Con su sobrino Giovanni II, heredero de Luigi II, la relación fue más distante en lo cotidiano, pero marcada por una mutua estima estética. Ambos compartían un amor por el silencio, la belleza formal y los gestos simbólicos. En una de sus últimas visitas a Casa di Luce, Giovanni pidió autorización para reproducir uno de los himnos de Camilla durante la liturgia de Pascua en la Capilla Real. El gesto fue interpretado como un acto de reconocimiento al linaje femenino marginado de la historia oficial.
En 1848, Camilla promovió la restauración de la Sala d’Este en el Museo Real de Montevalle, y dispuso que en ella se instalara una copia del retrato de su madre en su juventud, acompañado por una dedicatoria que generó admiración y controversia por igual:
“Aquí reposa, no una escandalosa, sino una fundadora de sensibilidad. La mujer que me enseñó que ser princesa no es obedecer, sino resonar.”
Los últimos años de su vida transcurrieron entre la composición de piezas menores, la meditación privada, el acompañamiento espiritual de jóvenes músicas y la recepción de visitantes que, más que buscar consejo, buscaban un tipo de presencia: la de una mujer que había logrado vivir fuera de las convenciones sin ser expulsada de la historia.
Camilla nunca aceptó títulos adicionales, ni condecoraciones. El rey Giovanni II, ya en el trono, le ofreció una capilla personal en el Palacio Real como signo de homenaje; ella agradeció, pero declinó con sencillez, diciendo: “Las paredes que escuchan el alma no necesitan escudos.”
Murió el 12 de noviembre de 1855, a los 64 años, en su habitación de la Casa di Luce, rodeada por sus discípulas del Círculo Santa Cecilia y por su sobrina Maria Teresa, quien acompañó sus últimos momentos recitando fragmentos del Cantus Interioris. Según los testimonios conservados en el Diario del Círculo, sus últimas palabras fueron: “Cantad. Cantad aunque no haya liturgia. Cantad porque Él escucha.”
Por voluntad expresa, fue enterrada sin procesión, con una sencilla cruz de madera y una placa de bronce donde se leía: “Camilla, la que escuchó a Dios en la música”. Su sepultura se encuentra en el oratorio lateral del Monasterio de Santa Clara, a escasos metros de la cripta donde reposa su madre.
Con el paso del tiempo, su figura sería reconocida como una de las más singulares del siglo XIX valeriano: una princesa sin corona, una compositora sin firma, una mística sin convento. Una inscripción en la biblioteca del Museo Real resume su legado con palabras que aún resuenan:
Camilla di Valeriano (1791–1855) Princesa sin trono, música sin escenario, voz sin temor. Su existencia fue un salmo escrito en clave menor.
Retrato conmemorativo del 50º cumpleaños de la princesa Camilla di Valeriano junto a su madre, la reina Anna Beatrice d’Este. Óleo sobre lienzo, atribuido a Giuseppe Mancinelli, 1841. Colección privada, Palacio de Villalba.
✦ Títulos, obras y legado espiritual: entre el silencio y la resonancia
Aunque jamás ostentó una dignidad oficial dentro del aparato cortesano ni ocupó cargos eclesiásticos, Camilla Elisabetta Anna di Valeriano fue reconocida, dentro y fuera del Reino, como una de las figuras más influyentes de la espiritualidad estética valeriana. Su vida —al margen del matrimonio, la política activa y el ceremonial palaciego— fue un acto sostenido de consagración artística, resistencia silenciosa y fidelidad profunda a una forma femenina del poder no institucionalizado.
🏷️ Títulos y designaciones honoríficas
En los documentos reales, cartas pastorales, registros del Senado y memorias conventuales, Camilla fue mencionada con los siguientes títulos o designaciones simbólicas:
Su Alteza Serenísima la Princesa Camilla di Valeriano, hija del Rey
Fundadora del Círculo de Música Sacra Santa Cecilia
Dama Protectora del Monasterio de San Giuliano
Guardiana del Archivo Musical de Villalba (título simbólico asignado en el testamento de Anna Beatrice d’Este)
Patrona Espiritual de la Capilla de Santa Cecilia en Montevalle (título póstumo otorgado en 1870 por decreto de la reina Maria Teresa I)
Estas denominaciones, aunque sin rango jurídico, tuvieron un profundo valor simbólico y cultural, y fueron posteriormente incorporadas al archivo heráldico del Reino.
🎼 Obras musicales y escritos espirituales
Durante su vida, Camilla compuso más de cuarenta piezas de música sacra, la mayoría en latín, y redactó numerosos textos espirituales de carácter poético y meditativo. Muchas de sus obras fueron publicadas de forma anónima o atribuidas erróneamente a autores masculinos. A lo largo del siglo XX, los trabajos de musicólogos del Conservatorio Real permitieron recuperar y atribuirle autoría plena. Entre sus composiciones más reconocidas se encuentran:
Composiciones musicales (selección):
Ave Stella Clara (1812) – Himno mariano a cuatro voces, interpretado en la consagración de la Capilla del Círculo Santa Cecilia.
Lacrimae Sine Fama (1816) – Motete para voz solista y laúd, compuesto tras la muerte de una religiosa amiga.
Officium pro Matre Mea (1844) – Oficio completo dedicado a la reina Anna Beatrice d’Este, interpretado en Villalba durante sus exequias.
Salve Silens (1830) – Antífona meditativa utilizada en retiros espirituales de la Casa di Luce.
Benedicta Soror (1842) – Canto procesional en honor a su hermana Eleonora y su obra caritativa en Montevalle.
Escritos y documentos:
Pensieri su Santa Cecilia (1810) – Cuaderno de meditaciones místico-poéticas sobre la música como forma de oración.
Cartas a Maria Teresa di Valeriano (1839–1855) – Correspondencia íntima con su sobrina, actualmente conservada parcialmente en la Biblioteca Real.
Pro Memoria Mater (1845) – Ensayo breve sobre el legado simbólico de su madre, leído durante la apertura de la Sala d’Este.
Diario Espiritual de Casa di Luce – Texto inédito parcialmente publicado en el centenario de su nacimiento.
🌸 Legado cultural y espiritual
El legado de Camilla trasciende sus obras musicales o su linaje. Representa una corriente alternativa dentro de la historia valeriana: la del poder discreto, la reforma desde el arte, la santidad sin hábito. Entre sus principales aportes se reconocen:
La dignificación del canto litúrgico femenino, mediante la fundación del Círculo Santa Cecilia y su modelo pedagógico-musical.
La preservación del legado emocional, cultural y espiritual de Anna Beatrice d’Este, más allá del escándalo y el silencio institucional.
La reforma de la vida devocional a través de una estética religiosa no rígida, que integró belleza, libertad y profundidad mística.
La formación de generaciones de intérpretes y copistas que diseminaron su estilo musical en parroquias y conventos del Reino.
Su influencia directa sobre Maria Teresa I, quien adoptó muchos de sus principios para impulsar las reformas culturales y educativas de su reinado.
Desde 1958, una de las alas del Conservatorio Real de Música lleva su nombre: Ala Camilla di Valeriano, con el lema inscrito en mármol a la entrada:
“Musica sine timore, fide sine reclusione” (Música sin temor, fe sin encierro)
Cada 12 de noviembre, aniversario de su muerte, se realiza un concierto de voces femeninas en la Capilla de San Giuliano en Montevalle, donde se interpreta Salve Silens, pieza considerada su testamento sonoro.
Último retrato oficial de la princesa Camilla di Valeriano, a los 61 años de edad. Óleo sobre lienzo, atribuido a Vittorio Gherardi, 1852. Colección de retratos de la Casa Real de Valeriano, Galería de Montevalle.
This is my fave gif! The side eye! To Camilla!
Today was so much fun wearing Camilla! It was nice and chill before competing tomorrow! #camilla #camillacosplay #princesscamilla #fireemblemconquest #fireemblemfates #fireemblemheroes #fireemblemcosplay #fireemblemfatescosplay #springcamilla #springcamillacosplay
@princess--camilla
“Big Sister, Big Sister! Will you play with me? We can play catch, or tag, or hide-and-seek... Oh, or we could talk! Like grown-ups do! We could talk about mature, grown-up things. Like fashion, or...something! ...What do grown-ups talk about?”