Siguiendo la metodología del design thinking, la cuarta etapa es: prototipa.
Esta, se basa en volver real la idea, hacerla física. Para ello, se suelen construir prototipos para lograr visualizar las posibles soluciones o adaptaciones, para poder desarrollar un resultado final de calidad.
En la fase anterior, definimos que queríamos crear un espacio anti-tecnología, donde los jóvenes se pudieran desconectar de sus aparatos tecnológicos, principalmente su celular, y conectarse aún más con las personas que lo rodean, y el entorno.
Una buena forma de probarlo, fue realizar esta experiencia entre nosotros. Para ello, nos juntamos en la casa de Mati un viernes a la noche. Una vez allí, decidimos probar dos espacios distintos de “anti-tecnología”: uno que estuviera en el interior de la casa, y otro en el exterior. Acordamos que el tiempo en cada caso sería de 1 hora.
Dejamos nuestros celulares en el cuarto de Mati y partimos para la sala de entrada de la casa. Allí, jugamos al Monopoly y al dígalo con mímica, lo cual nos divirtió bastante, pero llegó un punto que nos aburrió. En ese entonces, se dieron unos silencios, que para mí fueron muy incómodos, ya que habíamos hablado tanto que nuestros temas de conversación se habían agotado. Personalmente, en ese momento tuve el reflejo de agarrar el celular del bolsillo de mi pantalón, pero no estaba; ahí sentí un poco de ansiedad.
Rápidamente el silencio desapareció, ya que a pesar que nos conozcamos hace poco, hay mucha buena onda entre nosotros, y comenzamos a pensar posibles ideas para el video final. ¿qué pondríamos en él? ¿qué información compartiríamos en esa instancia con el espectador? ¿vale la pena explicar la metodología del design thinking?
Luego de tantas preguntas, la hora se cumplió y decidimos pedir algo de comer. En ese momento nos dimos cuenta de que el clásico: PedidosYa, no lo podíamos utilizar, así que resolvimos ir caminando a una pizzería, que quedaba cerca, para comprar unas pizzas. Como se hacía en otros tiempos.
Cuando volvimos, comimos en el patio, y al finalizar, empezó a correr el reloj del segundo espacio.
En este espacio nos sentimos mucho más cómodos, ya que estábamos más “libres”, podíamos caminar por el patio, sentarnos, o simplemente mirar al cielo. Hicimos nuevas actividades como: jugar al ping pong, y al twister, el cual fue muy divertido y gracioso.
Los silencios dejaron de ser incomodos, ya nos habíamos acostumbrado a estar “on my own”. En ellos algunos miraban el piso, algún objeto, o como yo: el cielo. Donde no se veía ni una sola estrella.
También conversamos de distintos temas en común, como: series, pasatiempos, adicciones (teniendo en cuenta nuestro proyecto), y como nos estábamos sintiendo en aquel momento.
En los últimos minutos, le dedicamos un tiempo más al video, y Mati comenzó a pensar los guiones y posibles diálogos.
Esta experiencia me hizo acordar cuando era pequeña, donde no utilizaba celular, debido a que solo existían los famosos “ladrillos”. En esa etapa de mi vida, pasaba jugando a los mismos juegos que jugamos, y hablaba con mis amigos o familia. Me hizo darme cuenta el tiempo que hacía desde que no me “desconectaba” de la realidad virtual.
Entre todos, concluimos que había sido una experiencia muy positiva, y que era mejor realizarlas en espacios grandes, donde la persona se pueda mover: sea una habitación en el interior, o un patio o jardín.
Ninguno sacó fotos del evento, debido a que, sinceramente, nos olvidamos, y no teníamos con que hacerlo. Es la gracia de desconectarse ,¿no?