Ya que la temática de este año en la materia fue el diseño colaborativo, qué mejor que colaborar con otro proyecto del curso y contarles mi experiencia para que puedan tener otro punto de vista sobre el tema que están tratando.
Su proyecto se basa en la Nomofobia. Qué es? Es el miedo irracional a salir de casa sin el celular. El término es una abreviatura de “no-mobile-phone phobia”
Mientras escuchaba la presentación me pregunté realmente si yo sufro de este problema. Porque me comunico, trabajo (Mails, whatsapp, redes sociales) me informo(portales de noticias), me transporto (uber), me entretengo (instagram), hasta incluso es parte de mi billetera (apps de bancos que uso frecuentemente).
Debo admitir que pensar todo lo que hago con el celular me hizo sentir adicta. Cómo es posible que lo precise tanto en mi vida?
Inevitablemente al llegar una notificación además de mirarla ya me atrapan otras apps, y el tiempo corre, cuando quiero acordar estuve 30 minutos en nada productivo. (y puse 30 minutos porque me da vergüenza decir que paso más)
Entonces dije basta. Seré capaz de vivir 2 días sin celular? Veremos.
Me preparé, le avisé a mi compañero de trabajo y a algunos compañeros con los cuales hago proyectos en grupo que sólo iba a revisar mails desde la compu. Y si era muy urgente podían llamarme al teléfono de linea de mi casa.
Una vez organizado todo a las 00:00 del 3 de Diciembre apagué mi celular.
Bueno y ahora qué hago? Siempre que me acuesto reviso las redes sociales antes de dormir. Y como ya no las tenía me dispuse a leer (cosa que en realidad siempre hago los fines de semana).
Al despertar me di cuenta de algo fundamental, no sabía qué hora era. Siempre miraba el celular enseguida que abría un ojo. Es acá cuando vuelve mi amigo fiel, el reloj de pulsera.
Mi grado de dependencia del celular era tan grande que hasta le pedía a Siri: “Avisame en tantos minutos” para poder cocinar. Y ahora solamente tenía que estar pendiente del reloj.
El día transcurrió tranquilo, revisé los mails, estudié y me dispuse a organizar todo para ir a facultad. Usualmente cuando llevo la compu voy en uber por un tema de seguridad, pero esta vez no lo tenía. Así que salí con más tiempo de casa para tomar un ómnibus.
Cómo es ir en ómnibus sin celular?
Al principio me aburrí, no tenía ninguna red social para revisar y tampoco tenia algo fundamental: música. Pero me hizo ver cosas que hacía tiempo no veía, o hubiera sido muy difícil si tenia el celular en mis manos. Aprecié la arquitectura de Montevideo, además como estudiante de diseño (con el ojo entrenado), me hizo dar cuenta de varios errores en algunas marquesinas de 18 de Julio. Una en particular que me rompió los ojos, con la tipografía deformada a lo largo y ancho. (QUE?)
También presté atención a los sonidos. Dentro del ómnibus no se escuchaba ninguna conversación, solamente ringtones de mensajes. Una y otra vez.
Debo admitir que la ida no me molestó para nada. Pero a la vuelta de facultad, a las 22hs, y cansada, por Dios. No tener el celular conmigo me dio un tremendo mal humor. Solo pensaba en poder tomarme un uber y estar en mi casa. El ómnibus de vuelta demoró bastante, y había quedado de encontrarme con una amiga a las 22:30 en la parada en la cual me bajaba para poder ir a casa y seguir con la larga noche de entregas. En la mayor parte del viaje pensé que no me iba a encontrar con ella. Finalmente llegué 10 minutos tarde y por suerte me estaba esperando.
Me desperté y tuve el acto inconsciente de llevarme el celular a la cocina. Pero no Valentina, si está apagado.
Este día me reuní con unos amigos para estudiar. (Previo mail para arreglar horario, claro.) Me di cuenta que algo no sonaba hace tiempo en mi casa. El timbre. La costumbre de mis amigos de avisar por whatsapp que están afuera.
Qué pasa cuando no tenés un celular en una reunión con amigos? No perteneces. O mejor dicho, ellos no pertenecen. Te sentís aislado, entre ellos hasta se mandan publicaciones por Instagram cuando perfectamente pueden estirar el brazo y mostrarlo desde la misma pantalla. Y uno ahí, mirando la situación no entendiendo nada.
(Esto me hizo acordar mucho a la publicidad de Ikea que dejo al final de esta publicación.) (Recomiendo tener pañuelitos cerca)
Sin ser eso, el día dos fue el que menos extrañe el cel. Estaba con mis amigos, podía charlar y recibir opiniones acerca de los trabajos que estaba haciendo. Esto último me costó el día uno, suelo mucho enviar diseños a algunos amigos para que me den su opinión y así poder mejorarlos.
Pasó la hora y al final terminé prendiendo el celular 00:30.
CONCLUSIÓN DE DOS DÍAS SIN CELULAR
Mi rendimiento mejoró muchísimo.
Invertí mejor el tiempo en cosas productivas y no me dejé llevar por la tentación de prenderlo y revisar redes sociales.
Me amigué con el reloj de pulsera.
Aprendí a organizarme en caso de no tener celular.
QUÉ PASÓ CUANDO LO PRENDI?
Hubo un problema en el trabajo y no me avisaron
Se recibió un amigo y no me enteré
Tuve una oportunidad laboral y no me enteré a tiempo. (MUY MAL HUMOR)
Una amiga me pidió ayuda y no estuve presente.
Me perdí noticias de interés público por estar acostumbrada a mirarlas desde el celular.
Varios mensajes de Whatsapp e Instagram sin leer.
Lo extrañé? sí, un poco. De ahí a la nomofobia no creo. Aprendí a no depender tanto de un aparato, pero acepto que es sumamente importante para el tiempo de hoy. Nos aporta muchas facilidades y sin duda es una herramienta fundamental para trabajar.
Ahora, el momento de la verdad. Lo apagaría de nuevo? Solo en vacaciones.