Es un incendio
Es un incendio y no está lloviendo. Lo que ocurre no es algo sobre lo que pudiera decirse que no es grave. Los que están ahí en medio de todo no son pocos, pero tampoco son 30 personas, y yo no puedo dejar de mirarlos porque no paran de gritar desesperados. No salgo de mi asombro porque ellos no son ajenos a mí, ninguno deja de ser pariente mío. De hecho ni mis abuelos, ni mis tíos, ni mis primos, ni mis hermanos, ni mis padres están ausentes en este evento. Esto no es algo que no haya visto antes, tampoco algo de lo que pueda dejar de observar fascinado. Todavía ninguno de ellos ha dejado de gritar y de sacudirse y ajitar los brazos, no entiendo exactamente de qué se trata. Siento que no es nada de otro mundo y no creo que tenga que alarmarme, no me cabe la menor duda, pero aún así no lo puedo creer. Lo siguiente que ocurrió fue algo que no voy a describir, de hecho voy a omitir cada detalle, pero no puedo dejar de decir que no fue nada bueno y que ahora es apenas un recuerdo vago que aún no puedo borrar de mi mente. Aunque nadie me esté acusando de nada, cabe aclarar que no fue culpa mía y que no hay de lo que deba arrepentirme. Sin embargo esa misma noche, después lo ocurrido, no pude dormir hasta que ya no fue de noche.
No pretendo ocultar ni negar los hechos, que según entiendo puedan no ser, o no estar, apegados a recuerdos que logren reflejar con exactitud lo que realmente ocurrió. Hay otros indicios para pensar que lo que ocurrió anoche, fue una fiesta. No descarto la posibilidad de que se haya tratado de una cena en casa de mis abuelos, porque mis recuerdos siempre tienen la particularidad o el inconveniente de brindarme certezas parciales sobre detalles no poco importantes.






