"Estamos hechos de la misma sustancia de los sueños
y también con un sueño concluye nuestra vida.
“Con alivio, con humillación, con terror, comprendió
que él también era una apariencia,
que otro estaba soñándolo.
Jorge Luis Borges, Ruinas circulares”
Hacia 1964 aquel argentino ciego por oficio y el más lucido a la vez, había escrito un poema que al terminar las últimas líneas, me había dejado una sensación, de un obsequio, de una sorpresa, de esas que solo se encuentran en el corazón, el poema titulado “el sueño”, que se escondía taciturnamente dentro de su libro, este sexagésimo cuarto poema que se encontraba sumergido dentro del libro “El otro, el mismo” , como quien esconde un tesoro que pocos lo hayan, las primeras líneas de este poema que solicité incesantemente a mis recuerdos, fueron las siguientes: Si el sueño fuera (como dicen) una tregua/ un puro reposo de la mente/ ¿por qué, si te despiertan bruscamente/ sientes que te han robado una fortuna?..., fueron líneas que resaltaban lo que alguna vez habría sentido he imaginado, los sueños como otra vida, como la sensación más pura de vivir cada día de diferente forma y ser alguien diferente (el sueño mortal se había realizado), por momentos ágil, grácil, por otros despiadado y excitante; se escuchaban un sentido desde la lejanía que la vigilia no aguanta, un suave sopor te hace inmortal por unas horas, y el sueño como un ente real porque produce manifestaciones corporales, que si bien la brusquedad del despertar muchas veces lo desaparece, otras simplemente multiplica esas desesperaciones, que a la vez nos hace despertar intranquilamente en busca de esa persona que quizás no existe, o según Freud, lo hayamos visto alguna vez (por lo menos) en nuestra vida; es así que lo onírico se torna en parte indispensable de la existencia, nos une de manera relevante a nuestro pasado, desde nuestro pasado vital a nuestro pasado histórico, recorriendo en estos, sobre los tiempos en que los escritores no tenían miedo de escribir sobre hombres sin nombres, sin nación, donde cada lugar carecía de sustantivo propio y era cualquier lugar a la vez. El sueño no tiene forma al principio con el continuar de los minutos vamos amoldando esa relación entre la física y la materia inexistente, aun así a veces esta historia no tiene pies ni cabeza, pero encierra un fuerte valor intuitivo y psicológico. Un sueño nunca es aburrido.
En un otoño leí de una enciclopedia occidental, del cual su nombre con el perdón del caso, me es indiferente, que los primeros onironautas fueron los chamanes de cada población, de cada continente, no han encontrado vestigios que fundamenten cual de todos fue el primero, si la cultura latina o la occidental, la asiática, o específicamente la hindú, tengo motivos fuertes para creer que las culturas latinas, fueron los primeros en independizar sus personajes oníricos, para luego congregarlos en un festín, en una especie de orgia donde los soñadores son todos y el sueño es único. “el sueño lucido”, gran parte de mi ser, en algún momento le excitaba la idea de contralar un sueño, de manipular física, y hasta sentimental un mundo; trate de captar todos los pormenores, los ejecuté, una que otra vez, creí haberlo logrado, y desmotivado me di cuenta, no por la desmotivación sino mas bien por la palpitación, elegía que me conllevaron a hacer apreciaciones personales sobre la vida (de otra vida), es la única libertad que podemos disfrutar sin sentirse luego amenazado, es el único conjuntos de circunstancias donde podemos degustar todos los sentimientos sin hacernos daño, sin una continuación (rara veces se da continuaciones, eso es también otro tesoro), en un principio la no-manipulación de estos agrada mas a mi persona, tomo quizás en una comparación dada, como la mortalidad nos agrada más que la inmortalidad a pesar de mentirnos plenamente sobre esto, no obstante las pesadillas que es una forma hiperestésica del sueño, que infinitesimalmente nos prolonga y aumenta el miedo, tanto así, que buscamos la “realidad” de manera desesperada, sentimos a veces la muerte tan apagada al ser, que aquel que diga que no teme a la muerte, se convierte en un pueril pensador sin agallas para afrontar sus debilidades.
Kafka fue uno de los pocos escritores y quizás el más valeroso (por la época en que vivía), para representar el sueño y las partes de éste como una realidad optativa, muy bien podríamos soñar “El proceso” o “América” y con más facilidad “la metamorfosis”, lo entenderíamos así, sin embargo si viviéramos cada capítulo como real también tendríamos muchas similitudes, pero de cualquier manera, Kafka nos dio, o mejor dicho nos recordó ese enlace inherente que personalmente desde Cervantes no había descubierto en otro (quizás alguna vez Ítalo Calvino), y esto nos sirve por muchos motivos; el principal es sentir aun más, más profundamente las sensaciones en los sueños, aun cuando nos demos cuenta que estas parado en una nube mientras ves a dos dragones pelear, no es real, pero no digamos lo contrario en que el sueño sea la amapola de nuestra vida.