Asher se encontraba sentado en uno de los sofás, alejado de la multitud como casi siempre. No era que le gustase estar solo, realmente, pues a nadie le gustaba, pero prefería aquello a estar con alguna persona y decir las tonterías que solía soltar a menudo acompañadas de un insufrible tartamudeo. Disfrutaba de la música y de su cerveza, la cual reposaba en su mano, mientras movía la cabeza al ritmo, observando el escenario. Desde allí se veía todo bastante bien. Y de pronto notó algo helado caer sobre sus pantalones, haciéndole soltar una pequeña exclamación. Alguien había tropezado y toda su bebida se había volcado encima del regazo del ojiverde. --Dios, está helado--. Musitó enderezándose, deshaciéndose de los hielos que habían quedado encima.













