@pvntodefvga
Rosk Vladislav nació en una humilde provincia, en un punto inconcreto del mapa eslovaco. Allí pasó parte de su infancia, entre la escuela y las matemáticas de su progenitor. El cabeza de familia era un reconocido científico, quien dedicó su carrera profesional a Polaris Corporation, una aclamada empresa privada. Fue entonces, tras años de servicio para dicha entidad, cuando fueron invitados a reubicarse a las tierras canadienses y trabajar en un proyecto secreto. Su madre, en aquel momento, llevaba en su vientre a su segundo heredero.
La familia se instaló en aquel nuevo continente, invadiéndose de nuevas oportunidades en su horizonte. El pequeño Vladislav aprendió a perfeccionar su inglés, adoptando un acento que débilmente enmascaraba su lengua nativa. Pero, cuando avanzó en edad, decidió unirse a un programa de astronautas y licenciarse en la rama de geología. Tras un par de misiones a sus espaldas, el hombre fue condecorado como un emblema nacional. Aunque, en los últimos años, decidió formar parte exclusivamente de Polaris y sus particulares misiones…
En ese momento, la alarma de su móvil sonó con euforia. La mano de Vlasilav apuñaló repetidamente la pantalla hasta que el incesante e irritante sonido cesó. Fue entonces, inhalando el aroma cerrado de la habitación y removiendo las piernas entre las sábanas, cuando el hombre frotó sus nudillos contra los cerrados párpados. Le tomó un par de instantes, recopilando su ubicación, hasta que se percató del cuerpo que descansaba a su costado. Rosk tornó suavemente las líneas de su anatomía, las cuales se imponían sugerentes y sin prendas. Sólo unos bóxers ajustados y oscuros.
El castaño sopló hacia el cielo, para retirar el trozo de mechón que caía lacio sobre su frente. Acto seguido, observó en silencio a su marido… y esbozó una tierna sonrisa. Los dedos de su mano, con cierta timidez, recorrieron el rostro de aquel hombre rubio, de ojos profundos y labios seductores. “Buenos días…” insinuó con un susurro, inclinándose lentamente para proporcionarle un delicado beso en la boca. “Por un momento… casi me había olvidado de que hoy nos lanzan a un planeta perdido” bromeó, con su particular sentido de humor.












