Tengo ahogados al final de la garganta todos esos besos que no te pude dar…
—Roy Martínez
seen from United States

seen from Thailand

seen from United Kingdom
seen from Spain

seen from Italy

seen from Thailand
seen from Spain

seen from Thailand
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from China

seen from Thailand

seen from Ukraine

seen from Malaysia
seen from Malaysia
seen from United States
seen from Ukraine

seen from Slovakia

seen from United States
Tengo ahogados al final de la garganta todos esos besos que no te pude dar…
—Roy Martínez
Tal vez si fuera un poco más guapo, si mis ojos no cargaran tanto cansancio y mis ojeras no hablaran por mí. Si mi rostro no mostrara las guerras que libré en silencio, si mi sonrisa no se notara tan ensayada, tan cansada de fingir que todo está bien.
Tal vez si fuera más listo, si mis palabras no se trabaran cuando intento explicar lo que siento, si no me hubiera quedado mudo justo cuando más queria decir “te quiero”. Si supiera hablar sin tartamudearle al miedo, sin dejar que el temblor en mi voz delate lo mucho que me importas.
Tal vez si tuviera mejor humor, si mis silencios no fueran tan largos ni mis pensamientos tan ruidosos. Si no me perdiera tanto dentro de mí, si no me costara tanto volver a la superficie cuando me hundo en mis propios laberintos.
Tal vez si no tuviera depresión, si no cargara con esta sombra que me sigue a todas partes y me recuerda lo que perdí. Si no me pesara tanto existir algunos días, si el sol no me quemara la piel en lugar de calentarla. Si pudiera sonreír sin que doliera, dormir sin pelear con los fantasmas, respirar sin sentir culpa.
Tal vez si la ansiedad no me respirara en la nuca, si pudiera mirar al futuro sin miedo, sin esa sensación constante de estar a punto de romperme. Si pudiera confiar en que lo bueno también puede quedarse, que no todo lo que amo tiene fecha de caducidad.
Tal vez si mi cuerpo fuera distinto, si fuera más atlético, más firme, más digno de una mirada tuya. Si el espejo no me devolviera esta versión fracturada, si pudiera mirarme sin sentir vergüenza, sin querer desaparecer de mi propio reflejo.
Tal vez si tuviera un trabajo mejor, si pudiera hablar de mis logros sin sentir que exagero, si mi voz no se llenara de culpa al mencionar mis sueños.
Tal vez si hubiera terminado mis estudios, si el pasado no me hubiera hecho tropezar tantas veces, si las promesas que hice no hubieran quedado suspendidas en el aire.
Tal vez si la vida no me hubiera golpeado justo donde más dolía, si no me hubiera convertido en alguien que aprende a querer con miedo, que ama con las manos temblando.
Tal vez si tuviera un carro, un poco más de dinero, una historia menos rota. Si no me sintiera tan pequeño frente al mundo, tan invisible entre tanta gente que parece tenerlo todo.
Tal vez entonces me verías.
Tal vez entonces no me mirarías con esa distancia que corta.
Tal vez entenderías que no soy un mediocre, que no todo lo que falla está roto.
Tal vez entonces, y solo entonces…
me hubieras querido.
—Roy Trouble
No siempre quiero luchar
A veces, solo quisiera acurrucarme en el regazo de alguien y quedarme ahí, sin tener que explicar todo lo que pesa dentro. Sin justificar esta tristeza que a veces me moja por dentro. Quisiera hundirme en unos brazos que no pregunten, que no huyan, que solo estén, y que me digan, aunque sea en un susurro: “Todo va a estar bien, aunque no lo parezca”. Porque a veces uno no necesita soluciones, ni consejos, ni promesas. A veces solo necesita no estar solo mientras duele.
Que alguien me diga que no es pecado sentirse cansado, que no soy débil por querer rendirme un rato. Que está bien no entenderlo todo, que hay días en que la vida simplemente se desordena, y eso también forma parte de existir. Que el dolor no es un castigo, sino una forma torpe que tiene el alma de pedir ayuda. Que las sombras son inevitables, pero que también lo es la luz… que incluso en el rincón más oscuro de uno mismo, siempre hay un rincón tibio esperando ser habitado.
A veces, lo que más anhelo es que alguien me vea de verdad. No solo la sonrisa que uso para no incomodar, no solo el silencio educado o las palabras medidas. Que alguien vea mi caos, mi miedo, mi ternura desorientada, y no huya. Que no me exija estar bien todo el tiempo, que no espere de mí más de lo que puedo dar, que entienda que esta lucha diaria es ya de por sí un acto de amor propio. Que alguien entienda que también tengo hambre de cuidado, de ternura, de sentirme protegido un poco, aunque sea por un instante.
Porque me he acostumbrado a dar. A ser abrigo. A ser consuelo. A sostener a otros incluso cuando yo mismo estoy tambaleando. Pero también quiero saber lo que se siente ser sostenido. Quiero saber lo que es que alguien se quede, no porque le sea fácil, sino porque elige quedarse. Quiero saber que, en algún lugar, existe alguien que no tenga miedo de mis grietas. Que no me repare, pero que tampoco me deje caer.
Y no sé cuándo llegará, ni si llegará. Pero sigo esperando que alguien vea esta parte de mí y la abrace sin miedo. Tal vez no hoy, tal vez no pronto. Pero mientras tanto, sigo escribiendo. Sigo respirando. Sigo resistiendo. Porque a veces… solo a veces… basta con imaginar que ese regazo existe, para que esta noche pese un poco menos.
-Roy Martinez
No quiero convertirme en eso que duele
Tengo que aprender a mirarte distinto. Mirarte sin que se me escape el alma por los ojos. Sin que el pecho me delate. Porque si te sigo viendo como hasta ahora, si no pongo una distancia que me proteja, voy a romperme en mil partes la próxima vez que hables de otro con ese brillo que alguna vez imaginé para mí. Y no es que quiera hacerlo… es que tengo que hacerlo. Porque me está matando a fuego lento esta forma de quererte que no tiene dónde quedarse.
Tengo que enseñarle a mis ojos a no buscarte, a no encenderse cuando llegás. A que tu nombre no me duela. A que tu ausencia no me parta los días por la mitad. A mirarte con la ternura de quien ama sabiendo que no puede tocar. Porque si no lo hago, cuando te vea feliz en brazos de alguien más, me va a doler tanto que no voy a saber cómo seguir respirando.
Y no quiero convertirme en eso que duele. No quiero envenenarme con el rencor. No quiero desaparecer ni irme, porque no sé cómo hacerlo sin dejar algo roto en el camino. Quiero poder quedarme desde otro lugar, uno donde mi cariño no pese, donde no tengas que cargar con mi dolor. Por eso tengo que aprender a mirarte como quien mira lo que ama, pero entiende que no es suyo. A mirarte desde lejos, con una nostalgia que abriga en vez de arrasar.
Y tal vez, con el tiempo, este amor aprenda a doler un poco menos. Tal vez empiece a vivir en mí de otra forma. Y quién sabe… tal vez un día, sin darme cuenta, esta tristeza deje de doler tanto. Tal vez esta sonrisa fingida empiece, de a poco, a ser real.
Y así tal vez, con el tiempo… seguir. No sé si vivir, pero al menos, seguir…
¿Por qué sucede esto?
Part. Final
No sé si esto que escribo es para que lo leas o para convencerme a mí mismo de algo que no quiero aceptar. Pero aquí estoy, dejando que las palabras se escapen, que mi verdad se derrame en un papel que no tiene respuesta. Aquí sigo, esperando a que tú digas algo, o que al menos el silencio lo haga por ti.
-Roy Trouble
¿Por qué sucede esto?
Part. 4
Me encuentro atrapado en esta situación absurda, pensando demasiado en lo que pudo haber sido, en lo que quizás nunca será. Mi cabeza es un campo de batalla entre el deseo y la resignación, entre la esperanza y la duda. Escribo, borro, vuelvo a escribir. Y mientras tanto, los “si hubiera” me atormentan, como sombras que se cuelan en mis pensamientos, rompiendo la paz que nunca existió. ¿Qué hago con estos pensamientos que llegan de la nada, que se asoman sin avisar y se quedan aquí, clavados en la piel?
-Roy Trouble
Que quieres que te diga, hay dias que venias y otros en los que no existias, como era posible que estes presente siendo tan ausente. Así que dime, ¿qué quieres que te diga? Que te extraño incluso cuando estás aquí. Que duele más tu ausencia cuando puedo sentirte tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos. Que aprendí a vivir con tu ausencia disfrazada de presencia, como si fuera suficiente, cuando en realidad nunca lo fue.
-Roy Martinez
Qué complicadas son las relaciones humanas…
Te extraño, pero no de la misma forma en que te extrañaba antes. Antes te extrañaba por la simple necesidad de verte, de abrazarte, de compartir contigo. Hoy te extraño por la distancia que tú misma has sembrado entre nosotros.
Es extraño, doloroso incluso, extrañar no solo a una persona, sino a lo que era contigo, a la manera en que me mirabas, a la forma en que tu voz encontraba un refugio en mis oídos. Extraño tu manera de estar, tu manera de ser conmigo.
Hace unas semanas todo era distinto. Hoy, en cambio, te siento lejana, ajena, como si te hubieras convertido en una versión tuya que ya no sabe cómo acercarse, o peor aún, que no desea hacerlo.
Sé que no terminé de conocerte, sé que eso no puede lograrse en tan poco tiempo… pero créeme, cada día, en cada pequeño detalle, yo intentaba descubrirte, aprenderte, entenderte.
Y lo sigo intentando, aun cuando parece que cuanto más intento acercarme, cuando doy un paso adelante, tú das dos pasos atrás.
Antes mi mente estaba plagada de tu risa, de tu voz, de tus miradas que iluminaban mis días.
Hoy, mi mente está invadida de tus silencios.
Y aunque sigues siendo tú en mis pensamientos, esos silencios pesan… y duelen más de lo que podría describirte.
-Roy Martinez