Leer escuchando: Maldita Nerea-Bailarina
Por fin descubrí el lado más humano de Sandra Barneda. Hasta que no la conocí en persona me molestaba un poco su seriedad, ese punto que tiene de saber estar en todas partes sin llamar la atención. Pero ahora ya me da igual. Se acabó. A partir de ahora Sandra va a encontrar en mí a uno de sus mayores defensores. ¿A qué viene esto?, os preguntaréis. Pues a que no me hizo falta más que pasar unas horas con ella para darme cuenta de la luz que proyecta. Es como que tiene el RDF de Steve Jobs, aunque el de ella menos potente, tampoco vayamos a exagerar.
Me da igual si sale a cenar con Vasile, me da igual si vive o no vive con Nagore, no me importa si parece una borde delante de la cámara. Tiene todo mi respeto. El mismo que ella demostró tener hacia los que fuimos sus alumnos durante unas horas. Impartió una clase dura, sincera, incluso diría que demasiado directa, pero eso fue lo que para mí hizo que Sandra sea todo una profesional. No se guardó nada. Honestidad, pedía. Y ella fue la primera en darla. Claro que se puede equivocar con su punto de vista o dando su opinión. Solo faltaría. ¿Y qué?.
A la Barneda más personal la leo en su blog. Y también se dejó ver en la recogida del Premio Triángulo Visibilidad 2017. Se emocionó. Nos emocionó. Fue libre. Honesta. Luchadora. Indomable. Pisó fuerte. Fue la versión de la Sandra que más me gusta a mí. La que no tiene miedos. La que nunca se rinde.
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Cotilleo1: Sandra es tan guapa que es la típica mujer que se pone un pantalón pitillo y una camisa tres tallas más grande, y ya está lista para ir a cualquier parte.
Cotilleo2: En el descanso de la Masterclass, Sandra se tomó un café solo y unas galletas Príncipe. Con eso fue con lo que me ganó para siempre.