El año llega a su fin, y el círculo del infierno que habitaba se consume lentamente en las cenizas que yo misma aprendí a dejar atrás. No temo a lo que venga. Seguiré caminando, incluso cuando el camino arda, aunque el paraíso no me espere al final y el cielo deje de ser una promesa. Porque avanzar, aun sin destino sagrado, también es una forma de salvación.









