¿Por qué no consideramos una calle, una plaza o una avenida como un objeto, como un spime de historias compartidas y escondidas? En un momento en el que algunas instituciones o marcas apenas hablan de una Internet de las cosas de objetos conectados con sensores, de datos controlados verticalmente, las Historias de las cosas cocinadas conjuntamente pueden jugar un papel vital. De nuevo, la tecnología necesaria es asustadoramente básica. Podemos abrir una entrada en la Wikipedia para un rincón / calle / parque de una ciudad. Después, creamos un código QR para dicha entrada con la herramienta gratuita QR Pedia. Una vez colocado en el espacio físico serán los ciudadanos los que creen una narración colectiva (suma de narraciones individuales) sobre dicho lugar. Parece inevitable: las instituciones o marcas tendrán cada vez más difícil imponer narrativas sobre lugares concretos. La voz ciudadana se va a elevar. Y la ciudades, bosques o islas se irán transformando colectivamente gracias a un procomún de historias. ¿La narrativa de la calle Serrano de Madrid será siempre sinónimo de consumo de lujo? ¿O un nuevo enjambre conectado rescatará el pasado intelectual de Serrano, la herencia de la Residencia de Estudiantes, y recordará la creación sin ataduras de Buñuel, Lorca o Dalí? ¿Conseguirá el Ayuntamiento de BCN anular la marca 15M, sus narraciones colectivas, colocando pistas de hielo comerciales sobre la Plaça de Catalunya?
Ciudades, procomún y narraciones colectivas, por Bernardo Gutiérrez en el Blog de Ecosistema Urbano















