Tener una cita apartada resulta ser bastante diferente a pasearse en un día normal por el club sonriéndole a quién ve. No, debe de haber un trabajo importante detrás, desde su presentación personal hasta la planificación de la cita en sí deben de estar calculadas en su totalidad, algo de lo que Jun, honestamente, no se ha preocupado mucho en esta ocasión. La razón de aquello es la organización deficiente de los secretarios del club que no le mencionaron nada sobre la cita más que el lugar y hora de la reunión, ni siquiera el nombre del cliente; nada tiene que ver su interés personal por saber algo más acerca del asunto, no. Para su suerte, cinco años en este rubro le han enseñado a cómo actuar en estas situaciones: improvisación carismática... de la cual se siente bastante confiado, además. Y así entra por las puertas principales del club, vistiendo su piel de Host e intuyendo que, en realidad, no importa de quién se trate el cliente del día de hoy, él puede derretirle cual galio entre sus manos. Pronto barre el lugar con la mirada, buscando acaso a alguno de sus clientes habituales mientras se asía el cabello en un intento por peinarlo o quizá parecer más atractivo. Un poco de ambos. Sin embargo, no puede ubicar a nadie de entre los presentes y la ansiedad no se toma un tiempo para comenzar a germinar en él. Extiende así su brazo frente a él y se entretiene observando el tic tac de su reloj de pulsera, en un intento por distraer su mente. || @m-johann











