Una sociedad que se acostumbra a las personas «no deseadas» también se acostumbra a las muertes no deseadas. Minneapolis es una llamada de atención... Renée Good y Alex Pretti murieron tiroteados en Minneapolis durante operaciones federales de inmigración... No se trata de «malos agentes», sino de un aparato que actúa de manera cada vez más agresiva y se deja controlar cada vez menos. Estas muertes no son «accidentes», sino el punto final lógico de un proceso de deshumanización que está en marcha allí... Es tentador descartar esta violencia brutal como un exceso de la cultura estadounidense o como los caprichos de un presidente autoritario. La verdad es mucho más incómoda. Lo que vemos en EE. UU. es la traducción física de un clima político que reduce a las personas migrantes y a las refugiadas a «el problema». Y en Europa también se ha convertido en la norma... En cuanto nuestro discurso político considera a las personas únicamente como aprovechadas, parásitos o un «tsunami», el paso hacia la violencia física se vuelve peligrosamente pequeño... También en Europa hay muertos a causa de la «caza de refugiados»... La caza continua de personas sin papeles crea un clima en el que el valor de una vida migrante se devalúa hasta convertirse en una carga administrativa que debe ser eliminada... Mientras EE. UU. construye un muro en la frontera, la Unión Europea subcontrata la crueldad a países en la frontera exterior... Financiamos a la guardia costera de dictaduras que empujan a las personas migrantes al desierto o las encierran en campos de tortura ¿Por qué mantenemos este sistema violento? Los países ricos atraen la mano de obra que necesitan, pero mantienen a otros fuera. Así surge un sistema de migración «deseada» y «no deseada». Este mecanismo sirve al máximo beneficio. La «reserva» de personas sin papeles es útil para la construcción, la limpieza y la agricultura. Mantiene los salarios bajos y crea una clase sin derechos, fácilmente explotada. Al mismo tiempo, se alimenta el miedo a la persona migrante para dividir a la clase trabajadora entre sí. Al calificar de «aprovechada» a la persona migrante, los gobiernos evitan que la ciudadanía mire hacia arriba, hacia los verdaderos aprovechados del sistema. La deshumanización en Minneapolis y las devoluciones en caliente en nuestras fronteras sirven al mismo objetivo: normalizar la exclusión para proteger el statu quo de la minoría poderosa... Cuando los trabajadores temen por su propia seguridad social, la persona migrante es un chivo expiatorio fácil... El resultado es una pendiente lenta hacia una ceguera ética completa (Marc Vandepitte)