El color rojo de mi alma.
El psicólogo me pidió anoche que pensara en algún recuerdo que me hiciera feliz,
que cerrara los ojos y me mantuviera ahí.
Me preguntó cuál era mi recuerdo,
Me preguntó cómo se sentía la felicidad,
y aunque no supe al principio cómo describirlo,
admití que era una sensación de calor en el pecho.
Me preguntó de qué color era mi felicidad,
se sentía roja en mi corazón.
Es por eso que he decidido llamarte así.
El psicólogo anoche me ha pedido de tarea para mi siguiente sesión que te recuerde,
que dejes que me inundes el pecho de color rojo.
Que de ahora en adelante, pinte mi vida con el color de mi felicidad.