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Caminaba por los pasillos cercanos a la cocina, había un paz poco normal pero de pronto aquella atmosfera tranquila se rompió al escuchar ruidos en la cocina.- ¡¿Hola?!-
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Caminaba por los pasillos cercanos a la cocina, había un paz poco normal pero de pronto aquella atmosfera tranquila se rompió al escuchar ruidos en la cocina.- ¡¿Hola?!-
Ugh,
Este alimento azul me provoca náuseas, no hambre —vociferó el pirata, mirando el platillo con asco—.
Se encontraba pensativo aquel día, el césped picaba a través de su ropa pero a el no parecía molestarle, quería hacer algo para su bellísima Ariel sin saber aun que preparar para ella, un detalle grande que ella pudiera guardar siempre ¿Qué haría? Tenía que pensar rápido y no tenía que decir a nadie, no tenia opción no le importaba la maldición , tendría que volverse a enamorar de ella porque nunca quería dejarla ir.
En sus tiempos libres, Jasmine decidía distraerse con algún hobby que tuviera el primer lugar de su lista de "Cosas favoritas de Jazz", la cual guardaba en su diario. Ese día decidió sentirse completamente libre e ir al salón de baile del castillo y hacer algo que le encantaba hacer desde pequeña, que por su puesto, era bailar. Llevo consigo su reproductor mp3, para darle play a su lista de canciones exclusivas para relajarse por completo y tal vez desbordar un poco de sensualidad mientras nadie estaba al rededor suyo.
Caminaba sin rumbo alguno por la orilla del castillo, proponiéndome encontrar cuál era el límite de aquella muralla que nos mantenía encerrados, excluidos del mundo en el que se supone que deberíamos de estar, era tanta mi curiosidad que no podía evitar querer correr el riesgo, sabía que aunque no hubiese alguien que impusiera la reglas, por simple instinto se sabía que no había que sobrepasarse de aquel humo negro, que con el simple roce quemaba. ¿Qué había allí? ¿Por qué no se podía ver más? Nervioso, miré a mis costados, cuando escuché un ruido proveniente de uno de los arbustos del jardín. Por poco y me escondo detrás de la roca más cercana, pensando que alguien podría descubrirme y encerrarme dentro antes de que se me ocurriera volver a respirar, pero aquella melena se me hizo conocida, así que me atreví a musitar. --¿Hola? ¿Quién ésta allí?--
El día soleado anunciaba buen clima y, aunque ventoso, no impedía disfrutar de un buen rato en los grandes jardines. Ataviada en abrigo y calzándose gorro y guantes, salió casi trotando al exterior, con una pequeña bolsa con algunos aperitivos colgando de su hombro. Pronto ya había recorrido una buena distancia y, cuando llegó donde el pequeño lago nacía, se sentó sobre el suelo. El pasto aún era verde, pero las hojas secas eran cada vez más evidentes, indudable recordatorio de que el otoño ya estaba por venir.
No otra vez...
... Parece que me quedaré sin cenar otra noche. Pero vale completamente la pena. — Tenía un libro azul polvoriento en mis manos, estaba sumida en mi lectura que ni siquiera me di cuenta que una persona estaba sentada al lado mio en el sofá. —
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--Esto de extrañar mi hogar, cada día se vuelve más difícil...-- Musitó la morena con un poco de nostalgia, la cual le provocaba aquel maravilloso atardecer que se podía apreciar desde el balcón de su habitación, pero no tan perfecta como la vista que poseía en su castillo en Agrabah.