Al ver cómo aquella persona se quedaba quieta por un instante al igual que yo, me quedé petrificado. Aunque unos segundos después pude reaccionar al reconocer la dulce voz de Bella. —Oh, eres tú Belle. ¿Quemado? Rayos, creo que tenemos que volver al castillo, al parecer no soy el único curioso.— Mascullé al liberar su vestido de las ramas y tomarla del brazo. —Debes ser cuidadosa, tienes una piel sensible. Pero tengo algunas medicinas adentro. ¿Te arde mucho?— Pregunté atento, mirando por si la quemadura no hubiese hecho un enorme daño.
Seguí sobando mi brazo, maldiciendo en mi cabeza lo impulsiva que había sido y más odiaba el muro que nos separaba del mundo exterior. — Si, eso parece... Lamento si te sorprendí, tú tranquilo que al parecer el responsable de habernos puesto en esté lugar nunca dará la cara. — Acomodé mi vestido ya liberado y recordé que era una princesa y debía comportarme aunque poco me interesaron los modales en ese momento. — Lo sé, es solo que estaba tan... Necesitaba saber si había alguna manera, de salir o... No lo sé. — En mi rostro se estaba tornando un gesto de vergüenza. — No, solo un poco, pero estoy segura que mañana en la mañana lo sentiré más.














