D e v o c i o n a l:
No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes.
1 Juan 2:15 NTV 🚀
Sigue habiendo Evas y Adán alrededor del mundo, apesar de que la historia con ellos dos, hubiese terminado hace miles y miles de años atrás.
Tu y yo hemos sido ese personaje alguna vez en nuestra época actual. Tal vez no comamos del fruto prohibido como lo hicieron ellos dos pero si nos hemos revelado a cometer y hacer actos que van en contra de seguir una regla que se nos encomendó.
No comemos de un fruto físicamente pero si hemos codiciado vienes materiales, personas, riquezas, lujos, popularidad. En resumen una vida perfecta. A los ojos de Eva ese fruto le resultaba tan atractivo, tan fácil de tomar, era tan alcanzable que sintió el deseo de tomarlo y comerlo para saciar su curiosidad.
Sus ojos fueron abiertos y pecó.
¿Qué peligro corro cuando tomo "un fruto prohibido? ¿Cuándo me moldo a este mundo?
Dejamos de confiar en Dios.
Lo material y lo que vemos día a día se vuelve tan real en nuestras y toman más peso que las cosas del cielo. Nos volvemos tan pero tan dependientes a un servicio de TV, a una marca de teléfono, a varios ceros en nuestra cuenta bancaria, a números en las publicaciones y fotos o las marcas de las etiquetas de ropa. Todo se vuelve algo que deberíamos tener para saciar nuestra "necesidad" y nos volvemos dependientes.
Dejamos de confiar en Dios.
Dejamos de confiar en Dios y de obedecerlo. La dependencia a cosas materiales produce más dependencia, y la dependencia a esos vienes produce desconfianza.
Dios no interviene.
Dios no interviene en decisiones que hemos tomado por nuestra cuenta. Eso nos hace vulnerables a la comparación con otros, a la dependencia emocional con otros, a la baja autoestima, a corazones duros que mienten, guardan odio, rencor o tristeza.
Te invito a reflexionar el estado de tu corazón y las pasiones con el que lo estás alimentando.
-Xoxo
Un pequeño planeta- In His Orbit blog 🌎












