Señor estoy desorientada, no sueño con nada.
No importa el amargo del café, no importa el picante en la comida.
Mi carne no se irrita al quemarse.
No sé de qué manera me creaste:
este cuerpo siente menos que nada... y siente todo.
Este cuerpo inútil llora cuando es testigo de la desgracia ajena;
se cansa rápido por pensar pensamientos desordenados y pese al cansancio duerme tarde.
Mal duerme, mal come, mal vive... y vive, Señor.
Vive esta creación tuya a costa de penas y culpas.
Se mantiene respirando suspiros del "hubiera", del "quisiera", del "ojalá",
del "¿por qué no?" y ¿por qué yo?
Yo: la defectuosa de Dios, incapaz de agradecer lo bueno porque existe lo malo.
Mátame pronto, en cuanto logre vivir y respirar en dirección a la felicidad.
Y cuando la sienta - apenas un instante - deshazte de este cuerpo que ahora me es ajeno…
porque el día que sea dichosa, me lo voy a apropiar