No están hechas las rocas para los mares desolados, pero a veces recostados sobre ellas hacen resbalar alguna perdida lágrima y una dulce caricia.
Hallamos entre grietas el refugio, nuestras palabras. Rocas, testigos silenciosos de historias, de vida, de surcos, de encuentros, de despedidas.
Solo es la quietud de la roca y el latir del alma, destinos en un océano eterno de esperanza.
Buenas noches amor

















