Coleccionista de caras
Estuve cambiando de rostros últimamente. Por ejemplo, hoy estoy usando esta cara. Mi cara feliz. ¿No me veo feliz acaso?
Pero tengo un montón más… ¡Una gran colección! Tengo mi cara triste, para ocasiones tristes. Ya saben cuáles.
Y mi cara seria, por si tengo que ir al doctor o... trabajar. Jaja... trabajar.
Eso me hizo reír, ¡voy a cambiar a mi cara graciosa! JA... JA... ¡JA! Ésta siempre me hace reír.
Es muy cómodo tener todas estas caras. La vida en sí requiere el uso de múltiples caras. Y uno, como buen miembro íntegro de la sociedad, debe adaptarse a cada situación.
Esta es mi cara de dar discursos, por cierto. La conseguí por ahí...
Como les digo, la colección crece cada día más. Más caras aparecen todo el tiempo.
El otro día estaba viendo una película... Quizás la conocen: Doce hombres en pugna. Maravillosa.
Ese film era un desfile de caras, ¡un carnaval de gestos! Conté aproximadamente... unas seiscientas setenta y ocho. Y no eran muchos los personajes, ¿eh? Me sorprende la versatilidad. Qué talento.
Esperen... me pongo mi cara de profesor. Saben... hay caras que son más difíciles que otras. Por ejemplo: la cara triste, la cara gritonAAAAAAAAAAAH— …la cara asustada. Esas son figuritas fáciles.
Pero por otro lado tenemos: la cara feliz, la enamorada, la avergonzada... Esas son muy complicadas. Y sólo les estoy mencionando algunas.
Esta es mi cara emocionada.
Pero hay una... una que es mi favorita. La más difícil de todas. La que más me costó conseguir.
Mi cara enojada.
Esa es mi tesoro. Porque se la vi a todos. Y no soportaba no tenerla. Así que, en un momento de pura envidia... ¡ZAP! La conseguí.
Empecé a coleccionarlas cuando todo se vino abajo. Fue algo que me mantuvo... distraído. Después se volvió una obsesión.
Pero aún así... cuando comparo mi colección con la de otros... me parece pobre. Tan pobre...
A veces no sé qué cara tengo ahora. Pero al menos tengo para elegir.












