Alguna vez te has preguntado... ¿cómo se forman los huracanes?
Por Luis Gerardo Canales Ocampo. Ilustrado por Fabian Colin.
Primero hablemos acerca de ciclones tropicales. Un ciclón tropical es un fenómeno meteorológico que se origina, principalmente, en los océanos tropicales y que se caracteriza por generar fuertes vientos junto con cantidades torrenciales de lluvia que rotan en torno a una región denominada “ojo”.
Todo comienza sobre las cálidas aguas del trópico cuando la temperatura superficial del océano, digamos, de 0 a aproximadamente 50 metros de profundidad, alcanza una temperatura promedio igual o mayor a aproximadamente 26.5 °C, condición propicia para que haya evaporación del mar a la atmósfera. En combinación con otros factores -como vientos débiles con dirección y rapidez constantes en las capas altas de la atmósfera y la existencia de una zona de baja presión cerca de la superficie del mar, es decir, una región de la atmósfera en la que hay menor cantidad de gas por unidad de volumen- se dan las condiciones necesarias para que se genere un gradiente de presión estable, ocasionando que los vientos fluyan de las zonas de mayor presión a la de menor presión, ubicada en el centro de la tormenta, conocida como “ojo”. Así inicia un complejo ciclo de corrientes de aire caliente y húmedo que asciende en forma de espiral sobre la pared del ojo, en donde se encuentran los vientos de mayor velocidad de la tormenta. Conforme estas corrientes ganan altitud y se expanden radialmente, se van enfriando y perdiendo velocidad hasta condensarse formando una banda de nubes a gran altitud en torno al ojo.
Debido que todo esto ocurre sobre un sistema de referencia en rotación (la Tierra), aparece en escena una fuerza ficticia, o inercial, llamada Coriolis, que es la responsable de que el aire ascendente gire en forma de espiral sobre la pared del ojo, en sentido contrario a las manecillas del reloj en el Hemisferio Norte y en sentido horario en el Hemisferio Sur. Pero... ¿fuerza ficticia?... Así es, pues no es una fuerza ocasionada por algún cuerpo sino que surge debido al efecto de la inercia que es la tendencia de un cuerpo a mantener un estado de movimiento con rapidez y dirección constantes. Por ejemplo, cuando vas en un vehículo y éste entra en una curva, tú sientes como si algo te “jalara” al lado contrario en el que está virando: esto es una fuerza ficticia. Algo análogo ocurre en la atmósfera, como si las grandes parcelas de aire y nubes se resistieran a la rotación de la Tierra, girando sobre ella para contrarrestar ese movimiento.
Debido a este efecto de rotación, la banda nubosa tendrá su borde exterior a mayor altitud que el interior, formando una estructura en forma de embudo. De este modo, las corrientes de aire cálido y húmedo que ascienden en las capas altas del ciclón tienden a alejarse del centro empujando a su vez el aire frío de las capas superiores de la atmósfera hacia el centro de la tormenta. Estas corrientes de aire frío formarán un remolino superpuesto al remolino de aire húmedo y caliente, pero que gira en sentido contrario. Este remolino de aire frío y con menor humedad descenderá por el centro del ojo, pues al ser más frío que su alrededor es más denso. El ojo de un ciclón tropical es una región de gran calma, baja nubosidad y baja presión, pues las mediciones de éste parámetro pueden ser hasta un 15% inferiores a las obtenidas fuera de la tormenta, de hecho están entre las más bajas registradas en la superficie terrestre al nivel del mar. Su tamaño puede variar desde los 3 hasta los 370 kilómetros de diámetro.
Por otro lado, las gotas de agua que forman la banda nubosa precipitarán formando bandas de lluvia organizadas en estructuras convectivas, es decir, corrientes ascendentes de aire caliente y húmedo, y corrientes descentes de aire más frío junto con enormes cantidades de lluvia en torno al ojo del ciclón.
Los ciclones tropicales transfieren el calor de la superficie del océano a la atmósfera a través de la evaporación, siendo la energía que proviene de la condensación de aire húmedo su principal fuente de alimentación. Este bucle de retroalimentación positiva continúa mientras las condiciones sean favorables, es por eso que cuando estos fenómenos entran a tierra firme se disipan, pues ya no existe agua cálida que siga alimentando a este mecanismo.
Un ciclón tropical libera un aproximado de 50 a 200 trillones de watts al día, que equivalen a aproximadamente 200 veces la capacidad de producción de energía eléctrica de todo el mundo, 70 veces la energía eléctrica consumida por los habitantes todo el planeta o a la cantidad de energía liberada en la explosión de una bomba nuclear de 10 megatones cada 20 minutos.
A pesar de ser fenómenos naturales altamente destructivos, los ciclones tropicales tienen un papel muy importante en el equilibrio termodinámico de algunos estratos de la atmósfera, pues ayudan a mantener el balance global de calor, desplazando calor y aire húmedo de los trópicos hacia latitudes más altas, es decir, a regiones más cercanas a los polos. También tienen una gran influencia en los regímenes de precipitación en las zonas donde impactan, aportando humedad a sitios que, de no ser así, serían áreas desérticas. Un ejemplo de esto es Japón, que recibe más de la mitad de sus precipitaciones anuales directamente de estos fenómenos.
Y… ¿cómo se clasifican? De acuerdo a la velocidad máxima promedio del viento a nivel de la superficie del mar los ciclones tropicales pueden recibir una sub-clasificación de la siguiente manera:
Clasificación mediante velocidad máxima promedio del viento a nivel de superficie
Depresión tropical - 62 km/h o inferior
Tormenta tropical- 63 a 118 km/h
Huracán o tifón, entre otros nombres - Mayor a 118 km/h
De acuerdo a la región del planeta en donde se desarrollen los ciclones tropicales se les da un nombre distinto: cuando se forman en el Océano Pacífico oriental y en el Océano Atlántico, son conocidos como huracanes (siempre y cuando la velocidad máxima promedio a nivel de superficie supere los 118km/h); en el Océano Índico norte se les llaman ciclones y si se forman en el oeste (China, Japón, Corea, etc.) se les llama tifones; en Australia se conocen como willy-willies y en Filipinas como baguíos.
La clasificación más aceptada para huracanes se hace mediante la escala Saffir-Simpson, que define la categoría de un huracán en función a la velocidad máxima promedio de sus vientos:
Categoría Rango de velocidad de los vientos [km/h]
¿Sabías qué… en la cultura taína, pueblo originario de las Bahamas, Antillas menores y Antillas mayores en época precolombina, huracán es el nombre de la deidad de las tormentas? Otro posible origen de este vocablo proviene de la cultura maya, pues en su mitología "hurakan" es un Dios creador que esparció su aliento a través de los caóticos mares, creando así la Tiierra.
RECUERDA: La temporada oficial de huracanes, en el Océano Pacífico nororiental, y que incluyen a las costas del occidente mexicano, inicia el 15 de mayo y termina el 30 de noviembre. En la cuenca del Atlántico, donde está incluido el Golfo de México y el Mar caribe, comienza el 1 de junio y termina el 30 de noviembre.