Con Em ayer hablábamos de la lista de hombres que llevábamos en nuestro prontuario amoroso. Ambas tenemos la tendencia a acumular seres con títulos, cómo si eso aportara a la calidad humana.
De alguna forma el título profesional nos atrae generando admiración por ese homo sapiens.
Em comentaba que dicha admiración la estimula. Le genera atracción. A mí me pasaba lo mismo. Hasta que me dí cuenta de que el título no es lo importante, de que confundía atracción con admiración y eso me generaba un montón de problemáticas relacionales.
Lo que sí es importante es compartir los mismos valores humanos, para eso se necesita conocer a la persona. No basta con una presentación cuál tarjeta.
No es fácil sacarse toda esa educación/aprendizaje de arriba igual. Todavía quedan vestigios de esos viejos ideales que me llevaban a la guerra interna en cuanto a los temas amorosos.
Cualquiera que lea esto diría que estoy bajando mis estándares al quitar las profesiones de mi check list. A no confundirse, dichos estándares subieron, la calidad humana no se encuentra en cualquiera. Eso se demuestra con el tiempo y no con un discurso de dos horas. Si se preguntan por la economía, mientras se tenga solvencia económica e independencia es suficiente. Parece poco pero es mucho.
Es lo bueno de saber lo que se quiere.
Y en cuanto a la admiración, la dejo para otras mujeres, para esas que enfrentan sus batallas internas y externas en el día a día. Que, aunque fracasen se vuelven a levantar una y otra vez, camino a la victoria.