Haciendo archivo: página de la desaparecida plataforma Entelequia
Hace unos años, en un edificio patrimonial ubicado en la esquina entre Eloy Alfaro y Colombia, Liberti Nuques abrió un espacio junto a otros amigos con la finalidad de levantar una galería. Un tiempo después esa iniciativa se potenció con la colaboración de Marco Sáenz, junto a quien sostuvo una plataforma y un verdadero espacio disidente donde durante cinco años, se realizó ferias, recitales, curadurías experimentales, exposiciones de arte contemporáneo y bulla punk. Al finalizar el proyecto, ambos convinieron en que les haga una página que haga archivo de lo que llegó a ser Entelequia. Les comparto el link a ese trabajo, para que cumpla su función, como documento archivo, hecho con los registros y demás insumos disponibles que hablan de lo que fue ese espacio, en ese tiempo.
El primer premio Larga Trayectoria del Salón de Julio 2025, obra de Xavier Coronel, es un cuadrazo, así le arda a algunos: la conjunción de técnica y conceptos, da cuenta de la envergadura de su trayectoria. Es pertinente remarcar que en otras obras de la categoría, como las de Roberto Noboa (segundo premio) y Xavier Patiño, el uso de simbologías y elementos presentes en sus más de tres décadas de trayectoria, remarca su espacio ganado en la historia del arte guayaquileño. Oswaldo Terreros también tiene una estética propia reconocible, y la presencia de obras como las de Ruth Cruz, Mónica López, Charlotte Forster, Andrea Mejía, Kim Yagual, entre otras, destacan el carácter expandido de la curaduría, práctica usual de Jorge Aycart como artista-curador: su selección es coherente con la convocatoria y el discurso esgrimido, y contó con el acompañamiento de un jurado internacional de profesionales del arte de nuestra región, como lo requiere el salón desde hace tantas ediciones.
Para fundamentar esta opinión sobre la selección, consulté el texto de la convocatoria, me dirigí a la web donde se pueden descargar las bases y revisar todas las postulaciones. También tuve varias conversaciones con diferentes artistas. Cabe decir que porque una obra no haya sido seleccionada, no significa que necesariamente esta es mala: existen limitaciones espaciales, presupuestarias y un marco curatorial que se reafirma en el texto de sala. Pienso que al museo le faltó rigor y recursos que garanticen la presencia de elementos pedagógicos de automediación, que le sirvan al público general que no tiene por qué saber de arte, y necesitan apoyo para acceder a su contenido: sustentos verbales acompañando a las cédulas, QRs, folletos, talleres con juegos didácticos impresos para niños, contenido en redes (reels), catálogo... Todo esto es pertinente en un museo de la ciudad, ya que sólo el circuito artístico sabía que la información está en la web. El alivio a esa carencia fue la mediación de la curaduría: hubo visitas guiadas con los artistas y el curador, y una charla de parte del curador y el jurado, a la que tuve el placer de asistir. Hubiera sido ideal que se transmitieran en vivo o se registraran en video.
Hago un paréntesis para agregar que el organigrama de la Dirección de Patrimonio y del del museo bajo ese paraguas, debe estar acorde a las necesidades, y contar con todos los departamentos y profesionales calificados para cada cargo: no entender los perfiles necesarios tiene subutilizados sus recursos humanos e infraestructura. En lo positivo, debo señalar que cuando María Isabel Silva fue la directora hubo un giro positivo en la programación y la museología, y destaco en la administración actual, qué es perceptible la adición de Anthony Arrobo al staff, tanto en la programación como en el gesto de socializar las reservas. No me extenderé más porque eso ya sería una consultoría, pero señalo lo que dentro de lo obvio, hay mucho más a lo que necesitan asignarle fondos: recursos materiales y humanos, adicionar departamentos, comprar equipos, dar mantenimiento las instalaciones y capacitaciones para el personal antiguo no profesionalizado que ha entregado su vida a la institución, etc.
Regresando al Salón, lo aburridor de ciertos comentarios en el circuito se refleja en críticas carentes de profundidad, que se extienden la idea absurda de que la comunidad artística de las dos centro de formación superior en artes que existen en la actualidad en la ciudad Guayaquil, no deben participar en el salón por un supuesto conflicto de intereses. El circuito es tan pequeño, que eso constituye un delirio destructivo contra otros artistas de parte de personas que pretenden representar un supuesto sector marginado. La noche del 18 de septiembre me salió una publicación en Instagram, que una vez más repetía esa idea:
Eso me motivó a escribir la presente entrada de blog cuya última edición la hice el 22 de septiembre del 2025. Considero que ese criterio hace eco de opiniones que ya había visto antes circular en esa, y otras redes sociales, fundamentándose en un recuento de ocasiones en las que en los premios del salón predominó entre los ganadores y los seleccionados, la presencia de docentes y estudiantes que fueron parte del itae y/o ahora son parte de la uartes (artistas todos). Opino que esa idea es estéril; si restamos la cantidad que se recuenta del total de ediciones celebradas, vemos que aún no se llega ni a igualar la cantidad de ocasiones en que los favorecidos fueron artistas proveniente de otros circuitos. Es lógico que la comunidad perteneciente a las instituciones profesionalizantes que históricamente han existido en la ciudad de Guayaquil puedan participar en el salón de su ciudad, esas instituciones van a seguir profesionalizando más artistas. Antes de que ninguna de ellas existiera, muchos premios se los llevaban los alumnos del Colegio Bellas Artes Juan José Plaza, institución donde se impartía artes plásticas. Intuyo que en ese tiempo, eran los autodidactas los que reñían la participación con los del colegio.
La convocatoria en el Salón de julio es abierta a artistas ecuatorianos e internacionales; no obstante, como todo salón de pintura, la selección final y la premiación se realizan en función de la calidad de las obras, y el discernimiento de los autores para detectar si su producción encaja en el concepto curatorial anual preconcebido y de qué manera: como en todo concurso profesional de arte. Aparentemente hay un sector de artistas qué mal entienden que el hecho de que sea un salón financiado con fondos públicos implica que la proveniencia de los artistas, o su status socio-económico suman puntos, lo cual no es cierto porque no se trata de una beca, ni de una ayuda solidario, sino de un premio que reconoce la producción artística con el objetivo ulterior de alimentar el acervo de la reserva patrimonial.
Todo esto fácilmente nos lleva a notar que el Salón, tal como está concebido, ya le queda chico a necesidades independientes, tales como: reconocer a los artistas guayaquileños profesionales y sus diversas prácticas, alimentar la colección patrimonial y el acervo de la reserva, (con obra nacional e internacional), incentivar la expresión del talento autodidacta ciudadano, y construir un relato histórico qué dé cuenta de la producción artística de nuestros tiempos. Estamos hablando de que se necesita cubrir más categorías (corta, mediana y larga), más prácticas artísticas, más concursos, más sedes, y mayores presupuestos para hacer registro, publicaciones impresas, investigaciones, publicaciones indexadas, escuela de mediadores, horarios extraordinarios para los encuentros, contar con personas capacitadas para generar contenidos en redes que generen sentidos, mejorar y ampliar premios e incentivos, y que la difusión y la mediación sean adecuadas y oportunas.
Estas 'críticas' en las que un par de artistas plásticos y un par de gestores acuden al inmediatismo mediático para generar controversias que circularon en WhatsApp, Instagram y Facebook, no se arriesgan a desarrollar y aportar con una crítica institucional constructiva; meterse con el curador, los artistas y el pecado de profesionalizarse dentro de su propia ciudad, es menos riesgoso: se queda en su fantasía de eliminar a 'la competencia' de manera genérica, porque carecen de nivel para competir (opinión personal con base en lo que su producción y su autogestión deja ver). Lo más triste es que encuentran eco en personas que se limitan a ellos como representantes y jueces autodesignados del arte, que señalan a otros artistas y gestores por ocupar cargos para los cuales han construido trayectoria académica y profesional, durante las que han gestionado vínculos para formar redes de trabajo y comunidad. Lo único a rescatar del señalamiento qué hacen, es que el sector no profesionalizado del arte sin trayectoria formal o línea discursiva predominante: amateurs; estudiantes de arte, artesanos, diseñadores, y artistas plásticos cuya obra se enfoca exclusivamente en el dominio de la plástica, requieren de sus propias instancias de participación que avalen adecuadamente sus prácticas.
Los comentarios lanzados al aire que se quedan en el chisme, y deriva en que nadie aporta miradas edificantes a la problemática central qué es el crecimiento de la población de artistas y la diversificación de prácticas en la ciudad. Esto causa resentimiento en los actores culturales, lo que deriva en discusiones estériles entre los mismos por hacer prevalecer su opinión o su animadversión hacia otros, y eso no impide que muchos terminen peleando por migajas: los escasos fondos públicos concursables (en relación a los vacíos que buscan subsanar), las escasas iniciativas del sector privado, los espacios expositivos y de difusión, las ofertas disponibles que no responden a los costos de producción e incluso buscan regatear, los cargos públicos y privados, y la participación en salones, concursos y bienales existentes, que cada vez se quedan más cortos para suplir la falta de políticas públicas que realmente mejoren esa situación. Al final, todos se lanzan a recoger caramelos cuando revienta la piñata, pero siendo tan pequeña, siempre quedan descontentos. El hate no es crítica, y estos comentarios coloquiales son para que lo goces. En fin, obviedades para salir de la rutina y contrarrestar el efecto de quienes esperan agazapados, año tras año a la convocatoria del salón de Julio no para participar demostrando su valía, sino para ser las víboras que atacan al nido fragmento del circuito de las Artes, y pelearse por las migajas presupuestarias, producto de un sistema que ellos prefieren no tocar.
Les comparto el texto de sala que escribí como parte del trabajo que realizo desde Tráfago, para que acompañe la primera exhibición individual de Josue Lino. Esta exhibición la cure junto a Eduardo Vélez. Como uno de los dos integrantes de 230 laboratorio en artes, él me invitó a participar en este proyecto, al que de manera orgánica ambos siempre tuvimos vínculo. Se trata de una síntesis del texto curatorial que consistió en una investigación y análisis que apoyó a la museografía y la comunicación en torno a la muestra, que además pone en valor la trayectoria de Josué. El texto de sala, a continuación, también fue editado y además diagramado por Eduardo como co-curador de la muestra y editor en jefe de la editorial Sociedad Anómica.
Luego de años de trabajar con Diego en torno a su obra, hice el texto de sala para su segunda exhibición individual, que se realizó a fines del 2020. La premisa autoimpuesta fue lograr acercar al espectador a la obra de manera creativa y sencilla, sin restringir el acceso a sus intereses de investigación desde el arte, para poner en contexto su abordaje:
Las manos dan forma o deforman la realidad; crear y recrear en una búsqueda cíclica e infinita, el eterno retorno1. Cocer el fruto de la tierra es un ritual sanador del espíritu, que le da sentido al vacío ilusorio, un momento sagrado de trance, de choque y fusión de energías, de liberación y depuración del espíritu. El paso del agua irriga la tierra, la fecunda y la ablanda. Al transmutar en una pasta que cocida a fuego lento se vuelve un objeto, que si es hueco le da forma efímera al aire, es hacer conciencia de los cuatro elementos2 y las cuatro direcciones3.
Este abordaje que se conecta con lo ritual desde una perspectiva fenomenológica4, se escapa de ser algo encomendado al Dios de los vacíos5 y más bien, es un rito que libera la tensión, los dedos revientan agujeros cuál burbujas entre el barro húmedo, para que pase la luz y se ilumine, para que pase el viento y refresque y haya eco y acústica y música y también sea contenedor y vertedero de toda materia cuyo estado le permita fluir, catarsis del universo, el arte de la tierra6.
Un hoyo negro absorbe la luz para convertir la materia, en cascara con agujeros vivos como poros a gran escala, para que todo, lo que está de paso, transite como los ánimos del ser y del cuerpo. Antes de realizar el ritual de la wasichina7 en la madre tierra, hacer casa, se le pide permiso para iniciar la minka8. Una casa para que habiten los cuerpos y los espíritus, los elementos, la oscuridad, la luz, la sombra, el sonido, el ruido y el silencio. La tierra pasada por agua, viento y fuego, fecunda, alimenta9 y abriga, la vida es el éter10.
Julia Coronado Pin
(30-11-2020)
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1. Representado en la antigüedad en la autofagia del Ouroborus, “Todo es uno”(Cleopatra la alquimista), Quetzacoatl, Venus y los solsticios, “Como es arriba es abajo” en el Hermetismo, el Ying y el Yang, el devenir de los días y las noches.
2. Alusión a la antigua acepción de los cuatro elementos de la naturaleza antes de que se desglosen a los elementos químicos.
3. Direcciones cardinales, las cuatro direcciones del universo en Nahuatl, la Chakana(escalera de cuatro lados).
4. Fenomenología desde la mirada de Husserl. Psicología descriptiva, la estructura de la experiencia subjetiva descrita y entendida en sus propios términos.
5. Dios de los huecos o Dios tapa-agujeros: ante los vacíos del conocimiento, se atribuye lo ininteligible y lo inexplicable a una deidad.
6. Alusión al Landart que toma materiales de la naturaleza.
7. En quechua, ritual comunitario ancestral para erigir una casa.
8. En quechua, actividad comunitaria de beneficio colectivo o intercambio.
9. Técnica ancestral y ritual para preparar los alimentos enterrando la olla en la tierra sobre leña.
10. Para los griegos, la quinta esencia, el aire más puro, el que respiran los dioses; para los alquimistas incinerar (como al quemar palo santo o hierbas para purificar el aire) o el nombre de la sustancia con la que se fabrican los cuerpos celestes.
Por Julia Coronado de Tráfago, Ft. José Pinto, artista-autor de la muestra
En Nodriza, video que da título a la muestra individual de José Pinto, se ven intervenciones en espacios naturales cercanos a su habitar. En la edición o montaje del video, se apropia de ciertas estructuras cinematográficas y de cualidades psicológicas del color y el sonido. En la museografía, éste se interrelaciona con pinturas y dibujos que sin dejar de ser obras por sí mismas, son a la vez un estudio pictorico y gráfico previo. En ciertas piezas, recurre a crear adaptaciones de fotografías o archivos de acontecimientos bélicos.
Pinto hace un estudio de la imagen como ente discursivo, como impacto de influencia fenomenológica, la imagen en tres diferentes apariencias: Tangibles (pinturas-dibujos), Proyectadas (Video) y metafísicas (según él en la obra que utiliza el hollín como medio y limpia la materia gris del soporte, para revelar una materia ficticia mediante el rebote de luz). Comenta que éste último tipo de imagen, apareció luego de una reflexión personal acerca de las teorías de la creación y cuestiones de la espiritualidad. En teorías como la del Big bang, el espacio se crea mediante una explosion, la vida es una explosion, los árboles están explotando de forma lenta...
El autor considera que al igual que en otros videos u otras piezas anteriores, su trabajo investiga desde el arte de manera intuitiva: la trama de una posible película se va revelando y conformando de manera fragmentada, sin propósito narrativo predefinido. En esta parte, muestra personajes provenientes de su archivo, desarraigados de un contexto original. La ausencia del caos de la guerra y ese enfrentamiento constante con la naturaleza en estado agreste que es recurrente en la obra de Pinto, crean una sensación suspendida en el tiempo, sin narrativa aparente en medio de la depredación de la existencia civilizada en el espacio, esbozando una historia otra, quizás anacrónica, quizás postapocalítica.
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Desde fines del 2016, comenzamos a levantar vuelo como la plataforma Tráfago. Julia Coronado Pin es la ideóloga del concepto actual de Tráfago, luego de que pasamos de la idea inicial que teníamos de hacer un blog de crítica, con Ismael Chock Méndez y otro compañero que se retiro antes del comienzo. Ismael sumó al concepto actual la idea de erigirlo a través de videos, cuyo contenido materialice las posturas de ese concepto a través de la curaduría de ambos en los temas a presentar.
Si bien el pensamiento crítico y el delineamiento de nuestra línea editorial es inminente como en todo proceso, en ese momento coincidimos que la crónica verbal, visual, sonora y todas aquellas que de distintas maneras podamos abordar, son testigos más ecuánimes a la hora de esbozar relatos que puedan generar debate, opinión, registro y discernimiento. Ambos desde distintas perspectivas, aunque ambas relacionales, coincidimos en el interés por abordar los temas más allá de una voz especializada, sin desconocer nuestras influencias teóricas académicas que dan postura a nuestro proyecto.
El enfoque fundamental de Tráfago es el no-arte y arte y curaduría experimental. A través de una mirada ecléctica, transversal, heterogénea, diversa y académica y disidente, queremos extender redes colaborativas e integradoras en la ciudad de Guayaquil y a futuro, el resto del Ecuador. Nuestros textos en diverso formato, buscan visibilizar las obras de arte y no-arte en contexto, desde las voces de los autores, el público y todos los que de diversas maneras, son parte de los circuitos en que las artes visuales, sonoras, musicales, teatrales, literarias, performáticas, y el ruido hacen del caos un sitio de convergencias y colisiones que se suceden transversalmente. Aportamos a la construcción de la historia de nuestro tiempo con relatos descriptivos escritos, visuales y audiovisuales provenientes o complementados por las/los voces de los autores y las experiencias del público.
Quienes materializan el cuerpo de Tráfago siendo engranajes físicos de su enfoque somos:
Julia Coronado Pin es la directora editorial, productora, co-productora, diseñadora, investigadora, gestora, relacionista, community manager y camarógrafa/fotógrafa de la mayoría de los proyectos. Ismael Chock Méndez es el productor audiovisual, co-productor, corrector de textos y co-editor de contenidos y en ocasiones también investigador y/o camarógrafo/fotógrafo. Ambos a la cabeza de nustras funciones permanentes o por proyecto, colaborando creativamente en las propuestas de ambos. Nos hemos ido acoplando orgánicamente a las diversas funciones específicas y necesarias sin que esto excluya eventuales intercambios de roles de acuerdo a la circunstancias, en términos generales. La ayuda de diversos colaboradores con la toma de registros o generaación de textos han sido también aportes valiosos para nuestras actividades; estamos abiertos a recibir propuestas colaborativas siempre. La academia también es un vehículo para transitar esta ruta. No somos reporteros ni periodistas; somos artistas investigadores inmersos en los procesos para generar conexiones relacionales.
Hoy nuestra meta es diversificar y crear formatos para que los textos lleguen de una forma u otra, optimizar recursos, afinar la pertinencia y construir lazos que nos permitan renovarnos continuamente.
Escuchen el Podcast/ Playlist de la entrevista a Angel Salazar, gestor y creador de Permutación Sonora a propósito del lanzamiento de su VI edición!
En vista del auge de la nota de voz como medio ágil para comunicar varias ideas, tonos de voz a través de servicios populares de mensajería como Whatsapp y Messenger, seguimos apostando por el formato podcast como otro modo más de acercar la información a todos. En Tráfago nos interesa investigar, registrar y dar a conocer las ideas tras las imágenes y los sonidos para todos y para la historia contemporánea del Ecuador. Gestión, producción e investigación de Julia Coronado Pin para Tráfago.
En marzo se inauguró la exposición colectiva El Malentendido, en la galería DPM, donde se expusieron obras de Josué Lino, Daya Ortiz, Pablo Andino, Saskya Fun Sang, Antonio López, Ana Cristina Vásquez y Fernanda Murray. A propósito, decidimos utilizar un formato con el que ya hemos trabajado antes, el videoregistro, pero apostando más hacia que la información verbal esté contenida en el mismo y que sintetice la información pertinente, para acercarla más a nuestros seguidores ocasionales y permanentes.
La entrevista que realicé a Pablo Andino y Ana Cristina Vásquez, nos ayuda a conocer más sobre la selección de las obras, la museografía y el discurso tras el trabajo curatorial. En ella pude contar con el feedback de Fernanda Murray sobre su obra y su comentario sobre la obra de Pablo Andino. Luego, vino la tarea compleja de editar y sintetizar más de treinta minutos de entrevista y coloquio en torno a la muestra, para que mi compañero de Tráfago, Ismael Chock, complete la edición con el material visual y audiovisual registrado por él y Ruth Cruz, de la productora amiga Mutantes Bros.