A propósito de Julio, ya mismo es Octubre
Por Julia Coronado Pin
El primer premio Larga Trayectoria del Salón de Julio 2025, obra de Xavier Coronel, es un cuadrazo, así le arda a algunos: la conjunción de técnica y conceptos, da cuenta de la envergadura de su trayectoria. Es pertinente remarcar que en otras obras de la categoría, como las de Roberto Noboa (segundo premio) y Xavier Patiño, el uso de simbologías y elementos presentes en sus más de tres décadas de trayectoria, remarca su espacio ganado en la historia del arte guayaquileño. Oswaldo Terreros también tiene una estética propia reconocible, y la presencia de obras como las de Ruth Cruz, Mónica López, Charlotte Forster, Andrea Mejía, Kim Yagual, entre otras, destacan el carácter expandido de la curaduría, práctica usual de Jorge Aycart como artista-curador: su selección es coherente con la convocatoria y el discurso esgrimido, y contó con el acompañamiento de un jurado internacional de profesionales del arte de nuestra región, como lo requiere el salón desde hace tantas ediciones.
Para fundamentar esta opinión sobre la selección, consulté el texto de la convocatoria, me dirigí a la web donde se pueden descargar las bases y revisar todas las postulaciones. También tuve varias conversaciones con diferentes artistas. Cabe decir que porque una obra no haya sido seleccionada, no significa que necesariamente esta es mala: existen limitaciones espaciales, presupuestarias y un marco curatorial que se reafirma en el texto de sala. Pienso que al museo le faltó rigor y recursos que garanticen la presencia de elementos pedagógicos de automediación, que le sirvan al público general que no tiene por qué saber de arte, y necesitan apoyo para acceder a su contenido: sustentos verbales acompañando a las cédulas, QRs, folletos, talleres con juegos didácticos impresos para niños, contenido en redes (reels), catálogo... Todo esto es pertinente en un museo de la ciudad, ya que sólo el circuito artístico sabía que la información está en la web. El alivio a esa carencia fue la mediación de la curaduría: hubo visitas guiadas con los artistas y el curador, y una charla de parte del curador y el jurado, a la que tuve el placer de asistir. Hubiera sido ideal que se transmitieran en vivo o se registraran en video.
Hago un paréntesis para agregar que el organigrama de la Dirección de Patrimonio y del del museo bajo ese paraguas, debe estar acorde a las necesidades, y contar con todos los departamentos y profesionales calificados para cada cargo: no entender los perfiles necesarios tiene subutilizados sus recursos humanos e infraestructura. En lo positivo, debo señalar que cuando María Isabel Silva fue la directora hubo un giro positivo en la programación y la museología, y destaco en la administración actual, qué es perceptible la adición de Anthony Arrobo al staff, tanto en la programación como en el gesto de socializar las reservas. No me extenderé más porque eso ya sería una consultoría, pero señalo lo que dentro de lo obvio, hay mucho más a lo que necesitan asignarle fondos: recursos materiales y humanos, adicionar departamentos, comprar equipos, dar mantenimiento las instalaciones y capacitaciones para el personal antiguo no profesionalizado que ha entregado su vida a la institución, etc.
Regresando al Salón, lo aburridor de ciertos comentarios en el circuito se refleja en críticas carentes de profundidad, que se extienden la idea absurda de que la comunidad artística de las dos centro de formación superior en artes que existen en la actualidad en la ciudad Guayaquil, no deben participar en el salón por un supuesto conflicto de intereses. El circuito es tan pequeño, que eso constituye un delirio destructivo contra otros artistas de parte de personas que pretenden representar un supuesto sector marginado. La noche del 18 de septiembre me salió una publicación en Instagram, que una vez más repetía esa idea:
Eso me motivó a escribir la presente entrada de blog cuya última edición la hice el 22 de septiembre del 2025. Considero que ese criterio hace eco de opiniones que ya había visto antes circular en esa, y otras redes sociales, fundamentándose en un recuento de ocasiones en las que en los premios del salón predominó entre los ganadores y los seleccionados, la presencia de docentes y estudiantes que fueron parte del itae y/o ahora son parte de la uartes (artistas todos). Opino que esa idea es estéril; si restamos la cantidad que se recuenta del total de ediciones celebradas, vemos que aún no se llega ni a igualar la cantidad de ocasiones en que los favorecidos fueron artistas proveniente de otros circuitos. Es lógico que la comunidad perteneciente a las instituciones profesionalizantes que históricamente han existido en la ciudad de Guayaquil puedan participar en el salón de su ciudad, esas instituciones van a seguir profesionalizando más artistas. Antes de que ninguna de ellas existiera, muchos premios se los llevaban los alumnos del Colegio Bellas Artes Juan José Plaza, institución donde se impartía artes plásticas. Intuyo que en ese tiempo, eran los autodidactas los que reñían la participación con los del colegio.
La convocatoria en el Salón de julio es abierta a artistas ecuatorianos e internacionales; no obstante, como todo salón de pintura, la selección final y la premiación se realizan en función de la calidad de las obras, y el discernimiento de los autores para detectar si su producción encaja en el concepto curatorial anual preconcebido y de qué manera: como en todo concurso profesional de arte. Aparentemente hay un sector de artistas qué mal entienden que el hecho de que sea un salón financiado con fondos públicos implica que la proveniencia de los artistas, o su status socio-económico suman puntos, lo cual no es cierto porque no se trata de una beca, ni de una ayuda solidario, sino de un premio que reconoce la producción artística con el objetivo ulterior de alimentar el acervo de la reserva patrimonial.
Todo esto fácilmente nos lleva a notar que el Salón, tal como está concebido, ya le queda chico a necesidades independientes, tales como: reconocer a los artistas guayaquileños profesionales y sus diversas prácticas, alimentar la colección patrimonial y el acervo de la reserva, (con obra nacional e internacional), incentivar la expresión del talento autodidacta ciudadano, y construir un relato histórico qué dé cuenta de la producción artística de nuestros tiempos. Estamos hablando de que se necesita cubrir más categorías (corta, mediana y larga), más prácticas artísticas, más concursos, más sedes, y mayores presupuestos para hacer registro, publicaciones impresas, investigaciones, publicaciones indexadas, escuela de mediadores, horarios extraordinarios para los encuentros, contar con personas capacitadas para generar contenidos en redes que generen sentidos, mejorar y ampliar premios e incentivos, y que la difusión y la mediación sean adecuadas y oportunas.
Estas 'críticas' en las que un par de artistas plásticos y un par de gestores acuden al inmediatismo mediático para generar controversias que circularon en WhatsApp, Instagram y Facebook, no se arriesgan a desarrollar y aportar con una crítica institucional constructiva; meterse con el curador, los artistas y el pecado de profesionalizarse dentro de su propia ciudad, es menos riesgoso: se queda en su fantasía de eliminar a 'la competencia' de manera genérica, porque carecen de nivel para competir (opinión personal con base en lo que su producción y su autogestión deja ver). Lo más triste es que encuentran eco en personas que se limitan a ellos como representantes y jueces autodesignados del arte, que señalan a otros artistas y gestores por ocupar cargos para los cuales han construido trayectoria académica y profesional, durante las que han gestionado vínculos para formar redes de trabajo y comunidad. Lo único a rescatar del señalamiento qué hacen, es que el sector no profesionalizado del arte sin trayectoria formal o línea discursiva predominante: amateurs; estudiantes de arte, artesanos, diseñadores, y artistas plásticos cuya obra se enfoca exclusivamente en el dominio de la plástica, requieren de sus propias instancias de participación que avalen adecuadamente sus prácticas.
Los comentarios lanzados al aire que se quedan en el chisme, y deriva en que nadie aporta miradas edificantes a la problemática central qué es el crecimiento de la población de artistas y la diversificación de prácticas en la ciudad. Esto causa resentimiento en los actores culturales, lo que deriva en discusiones estériles entre los mismos por hacer prevalecer su opinión o su animadversión hacia otros, y eso no impide que muchos terminen peleando por migajas: los escasos fondos públicos concursables (en relación a los vacíos que buscan subsanar), las escasas iniciativas del sector privado, los espacios expositivos y de difusión, las ofertas disponibles que no responden a los costos de producción e incluso buscan regatear, los cargos públicos y privados, y la participación en salones, concursos y bienales existentes, que cada vez se quedan más cortos para suplir la falta de políticas públicas que realmente mejoren esa situación. Al final, todos se lanzan a recoger caramelos cuando revienta la piñata, pero siendo tan pequeña, siempre quedan descontentos. El hate no es crítica, y estos comentarios coloquiales son para que lo goces. En fin, obviedades para salir de la rutina y contrarrestar el efecto de quienes esperan agazapados, año tras año a la convocatoria del salón de Julio no para participar demostrando su valía, sino para ser las víboras que atacan al nido fragmento del circuito de las Artes, y pelearse por las migajas presupuestarias, producto de un sistema que ellos prefieren no tocar.















