De los tuertos es el reino de los ciegos.
Humo negro, conciencia sombría, misterio iluso, niebla en los ojos, un claro celestial muy oscuro, infierno gris con jerarquía establecida, fe elitista, oro impuro; brilla la hambruna, es solo un protocolo condenar la situación, mientras le entra el moho a su fortuna invaluable, tesoro y codicia, humildad aparente, demonios y avaricia, austeridad que ya se quisieran en cualquier realeza; rezan los muertos, fingen ser ángeles los que perpetúan las guerras, morbo santo, conflictos eternos, negocio y poder, mensajes de paz segregados, almas en pena, cadáveres sin nombre; el purgatorio hace acepción de personas. El mundo gira y gira, el mismo ritual, todo sigue igual. Crucifijos sobre tumbas vacías, esperanza puesta en un hombre, ciegos guiando a ciegos, figuras de yeso riéndose, credo que no deja de llorar, la agonía siempre recae sobre los infieles, dudas en la verdad, expectación cínica, amarillismo teñido de sangre, blancura con tintes tenebrosos, juicios pendientes, confesiones archivadas en algún rincón custodiado, idolatría perversa, devoción conveniente, sotanas que cubren pecados, imperio del abuso, hay un líder que juran divino y le imponen las manos, títeres manipulando títeres, polvo eres y polvo serás. Sospechosos paseándose dentro del Vaticano, evidencia que por milagro desaparece, pureza que mira con lujuria, impulsos desenfrenados, niños que cerraron los ojos y, al abrirlos, les imputaron las culpas. La enfermedad tiene su CURA; la cura realmente nunca importó. Los piadosos terminan pidiendo piedad después de negarla; la tentación no fue resistida, menos si el placer es un dios imposible de saciar: espiritualidad carnal, prostitución sagrada eclesiástica; la misericordia por los desposeídos se les cobra a los mismos con crueldad. Se persigna Lucifer cuando mira de reojo y hace arcadas. Rezar algún rosario en voz alta no es más que otra forma de callar la abominación. Hay censura en las plegarias si repiten la misma aflicción, liturgias que esconden secretos personales; no hay homilía que explique por qué el agua bendita tiene tanta turbiedad. No te metas con los elegidos, representantes del Seol, ovejas al sacrificio; los lobos por naturaleza no saben de abstinencia. No digas nada que hay devotos dispuestos a lapidarte, es blasfemia si de pronto piensas mal, hostia con sabor a azufre, sacramento de la penitencia eterna; el perdón no absuelve si está sujeto a la perversidad.
No todos los PERROS se van al cielo.














