Lancelot se sentía— restringido, y a la vez, fascinado. Con su curiosidad tan volátil, en realidad no debería ser una sorpresa encontrarlo con una revista en la mano y móvil en la otra, a pesar de lo que de verdad quería era salir a explorar por su cuenta, tomar fotos, aprender. “Okay pero escucha esto,” pidió, a nadie en particular, pues era una charla más para sí mismo que para cualquier audiencia posible, “tienen carreras de camellos manejados por androides, supuestamente— impresionante, ¿no?” Silbó, con sorpresa. “¿No te gustaría ver algo así?”













