—Y aún así, no has hecho avances. Sigues en el mismo lugar en el que estabas hace meses. Ninguno de los Schreave te tiene entre sus favoritas, estás comenzando a tomar tiempo prestado,— es fácil refutar algo que no es la primera vez que pasa por su mente. Ideas a las que le ha dado vueltas incontables veces, en especial desde que Pandora es -se podría decir- una de aquellas “subordinadas” directas, por encontrarse en el palacio como infiltrada. —Porque recuerdas cuál es tu misión aquí, ¿no es así? ¿O es que ya te encariñaste?— la burla llega clara y sin misericordia, como si se tratara de una despreciable emoción que ninguno de los dos podría permitirse. Y casi era así: nublaba sus mentes, dañaba sus planes. —Ya sabemos cómo termina eso, ¿o has olvidado el día del ataque? No fue tu mejor día…— y se encarga de continuar, de dar un paso más en dirección a la seleccionada, movimiento que es calculado y no deja de ser amenazante, del tipo que predice que algo está a punto de ocurrir. —Torpeza… Realmente espero que sea eso; torpeza. Te has vuelto descuidada, Pandora. ¿Es algo de lo que vamos a preocuparnos? ¿De lo que voy a tener que encargarme?— dedica un especial énfasis a la última palabra, dejando en claro que no tendría ningún tipo de remordimiento en cumplir con la velada amenaza. Ella debería saberlo mejor que nadie: no había forma de dejar la causa que con tanto ahínco habían defendido, no con vida. —Vas a soportar esta ‘hipócrita charla’ tanto como sea necesario,— no hay paciencia en su voz, ni simpatía en los oscuros orbes del mayor, en lo que resulta una orden directa.
Sus extremidades muy lentamente se cruzan, posicionadas ahora sobre su propio pecho. "Disculpa, pero no te considero una fuente confiable de instrucciones para saber cómo juego esto. Y en todo caso, nunca estuvo en el plan que yo sea una favorita, Desmond" pausa, el tono de voz en descenso, sílabas cada vez más siseadas "el plan era que yo iba a durar hasta la última fase donde se supone que que ya íbamos a lograr cierto golpe certero a la monarquía y eso no está sucediendo porque entre muchos problemas nuestros líderes planifican mal todo lo que hacemos, quizá porque están muy distraídos siendo emparejados o con empleados o con príncipes mismos, no estoy dudosa de la causa, estoy dudosa de nuestros ritmos y fracasos" finalmente, la verborragia sale de sus labios, incontrolable, quizá gracias al alcohol, quizá gracias a su valentía natural y desfachatez, y además porque recuerda nítidamente las promesas de su hermano, soportar unos meses nada más, no asegurarse ni una corona ni un anillo en su dedo, y miente, miente con absoluta serenidad, engaña con tal de zafar de la situación de presión, habla con el mismo despotismo que aquellos que fueron siempre un ejemplo a seguir. La sangre comienza a calentarse, de pronto respirar el mismo aire que el contrario se siente terrible y enfermizo, pensar que está del mismo de la vereda que él sólo la aleja más y más del horizonte diseñado para su persona. "Te aseguro que con amenazas no funciono mejor" porque no ha soportado este tipo de trato ni siquiera de aquellos que portan su misma sangre, mucho menos de un desconocido, eso sí, Pandora nunca ha expresado o demostrado dudas de su iniciativa delante de los ojos oscuros de alguna de esas figuras familiares. Al contrario, no, la manera en que es observada por la oscura mirada masculina sólo incentiva las dudas y la batalla de moral/ética interna. Coloca los ojos en blanco, toma una bocanada de aire. Se muerde la lengua, la amenaza está ahí, deseosa de salir a al luz, porque no es el único que puede manejarla, si iba a jugar, jugaría sucio, jugaría sabiendo siempre sólo de algo: supervivencia. De quedar enterrada bajo tierra por esas manos tan sucias no se iría hasta el fondo sola y no se iría sin dejar un poco de caos y descubierto a su paso, su nombre no sería recordado únicamente como una pobre víctima, no, estaba convencida de ello. “Como quiera, General.”