𝗔𝗟 𝗕𝗢𝗥𝗗𝗘 𝗗𝗘𝗟 𝗠𝗨𝗡𝗗𝗢.⠀⠀⠀⠀⠀
〔 Hay momentos en los que vivir y morir se parecen tanto, que cuesta distinguir cuál es cuál. No me refiero al acto físico de la muerte, ese final predecible y clínico que detiene el cuerpo. Hablo de otra cosa. De ese instante suspendido donde algo dentro de ti se apaga o se transforma. El punto exacto en el que dejas de ser quien eras… y no sabes aún en quién estás por convertirte.Algunos lo llaman crisis. Otros, despertar. Pero hay un vértigo detrás, un borde. A veces es real —una cornisa, una ventana, una línea trazada en la arena—. Otras veces es interior: una conversación que no dijiste, un silencio que pesó demasiado, una noche que duró más de lo que debía.Edgar Allan Poe solía escribir que no hay nada más poético que la muerte de una bella mujer. Pero tal vez lo más poético no sea la muerte como fin, sino la muerte como tránsito. Como espejo. Como ese mar que se agita justo antes de calmarse. Como esa polilla de Virginia Woolf, luchando contra un destino ineludible, volando aunque ya no pudiera sostenerse en el aire. Como Iván Ilich, enfrentando el final y entendiendo —por fin— que nunca había vivido de verdad.Porque a veces, vivir también es dejar morir algo. La versión de ti que fingías. La obediencia automática. La herida mal cerrada. Morir sin desaparecer. Caer sin perderse. Abandonar el disfraz para que algo más verdadero tenga espacio.Lo difícil 𝙣𝙤 𝙚𝙨 𝙨𝙖𝙡𝙩𝙖𝙧. Lo difícil es 𝙙𝙚𝙘𝙞𝙙𝙞𝙧 𝙦𝙪𝙚́ 𝙙𝙚𝙟𝙖𝙧 𝙖𝙩𝙧𝙖́𝙨 𝙖𝙡 𝙝𝙖𝙘𝙚𝙧𝙡𝙤. 〕
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El viento silbaba entre las rocas, rizando el aire como si el tiempo mismo se estuviera doblando sobre sí. Yo estaba quieto, de pie sobre aquella cornisa que sobresalía del acantilado, sintiendo bajo mis pies la piedra caliente y áspera que parecía estar vibrando al mismo ritmo que el latido frenético de mi corazón. Miré hacia abajo, donde el mar se extendía hacia el horizonte y lo que sentí no fue miedo exactamente. Un escalofrío me recorrió la piel de un plumazo, el bello de mis brazos destellearon con la luz del atardecer. El cuerpo siempre sabe, mucho antes que la cabeza, cuándo estás a punto de cruzar un límite invisible, ese borde que divide entre el mejor salto de tu vida o un completo sacrificio.
Desde abajo, la voz de Violet fue la primera en colarse entre el ruido del viento y el estruendo de las olas.
— ¡Vamos, Carter! ¡Vamos! —ella gritaba con esa energía imparable, con esa luz que la envolvía y que parecía capaz de incendiar hasta el cielo más gris.
Luego, Damián se sumó, su voz tenía un tono más áspero, con ese arrastre sureño que me llevaba directo a noches alrededor de una fogata. Y no es que fuera idílico el momento, prácticamente porque las fogatas terminaban siendo un rugido de llamas devorando cualquier resquicio de madera que encontraban a su paso.
— ¡Eh! ¡No te rajes ahora! ¡Tira p’alante, que tú no eres de los que miran desde arriba! — me lanzó, con los brazos abiertos, como si quisiera agarrar el aire y empujarme hacia adelante.— ¡No eres como ellos!
No respondí. No porque estuviera de acuerdo. En realidad era exactamente igual que ellos, siempre lo había sido y hasta hace un año estaba descubriendo quién era realmente. Violet saltaba de nuevo como si pudiera canalizarme su energía para que dejase de pensar tanto. Bella estaba quieta, mordiéndose el labio con preocupación y el reproche brillando en sus ojos. Finn sonreía, sí, pero a diferencia de Bella no le iluminaba la mirada. Estaba preocupado, confiaba en mí, pero había ciertas locuras que daban cierto respeto y más cuando la altura dependía salir vivo de esta. Holden, en cambio, apenas se mantenía de pie. Se giraba hacia un lado, como si mirar el momento pudiera traerme mala suerte.
El mar no parecía violento. Las olas besaban las rocas con un ritmo hipnótico, recordándome que un mal cálculo podía costarme mucho más que un susto o un respiro corto. No iba a morir, lo sabía. Pero un salto torpe podía borrarme de este mundo, aunque solo fuera un rato. Convertirme en espuma o en gritos ahogados bajo el agua.
Y entonces, sin avisar, la memoria me golpeó con fuerza. La ventana con el marco de madera, las paredes blancas de la habitación cerrada con llave. El grito seco de mi padre atravesando la casa como si fuera de papel. Halloween acababa de pasar y las decoraciones aún seguían colgadas, tristes, en el vecindario. Tenía aún restos de pintura negra bajo las uñas por mi disfraz improvisado que había arrojado bajo el somier. Después vino el encierro y junto a él, el condenado castigo y la soledad. Ese día no salté por valentía porque me hiciera gracia. Salté por necesidad. Porque quedarse allí era peor que cualquier caída. Porque el aire en esa casa era tan denso que dolía. Trepé por el escritorio, me impulsé sin pensar demasiado, y caí sobre las ramas de un árbol que casi me partieron una costilla. Pero me sentí libre. Por primera vez en años, libre.
En este caso no estaba huyendo, estaba poniéndome a prueba a mí mismo. Saber de lo que era capaz de hacer, tomar esas decisiones propias y no impuestas por terceros. Si me rompía la espalda era por decisión propia, no por influencia de.
El viento se arremolinó a mi alrededor y cerré los ojos un segundo. Respiré hondo. Uno... dos... tres... Abrí de nuevo los ojos, di un paso hacia el borde y les escuché de nuevo.
— Joder… —susurró Finn desde abajo, sabiendo que ya no había marcha atrás.
Y entonces me dejé caer hacia adelante. No fue un salto perfecto, la verdad. El aire golpeó mi rostro, y el estómago me subió hasta la garganta. Por un momento sentí que iba a vomitar, aunque menuda escena. Durante un segundo, sentí que el mundo desaparecía y la adrenalina me hacía cosquillas en la punta de la nariz.
Luego vino el agua. Joder, estaba congelada. El impacto fue brusco y todo mi cuerpo se arqueó al tocar la superficie. Por un instante solo hubo burbujas y el rugido sordo del mar envolviéndome. Cuando conseguí que la fuerza no me tragara a las profundidades, emergí con la urgencia de tomar el primer bocado de aire.
Desde la orilla, mis amigos estallaron en vítores. Seguía vivo. Me pasé las manos por el rostro, apartando el agua, y grité al cielo sin pensar.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝙄’𝙢 𝙩𝙝𝙚 𝙠𝙞𝙣𝙜 𝙤𝙛 𝙢𝙮 𝙤𝙬𝙣 𝙡𝙖𝙣𝙙.











