LA CARRERA DE TU VIDA
Este es un mundo que corre velozmente y todos procuramos unirnos a este ritmo de vida y, en la mayoría de los casos, corremos tras los afanes, nos imbuimos en la búsqueda de aceptación por lo que hacemos o por lo que tenemos.
En ese ritmo de vida avanzamos pensando en obtener un título universitario y así culminar una carrera profesional, sin embargo, simplemente estaremos empezando con gran expectativa la siguiente etapa de la carrera, cuya meta “creemos” que es lograr una buena posición de acuerdo al perfil profesional que tengamos; no obstante, el Señor Jesús, a través del apóstol Pablo, nos describe la necesidad de ubicarnos en la verdadera carrera de la vida que tenemos por delante.
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Hebreos 12:1-2 (RV60)
Hay dos afirmaciones que se desglosan de la cita anterior; la primera es que estamos llamados a “correr con paciencia la carrera que tenemos por delante”. La segunda afirmación es que Jesús, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz”. Es evidente aquí que la carrera que Jesús tenía por delante era el camino de la cruz. Pero, ¿Qué significa el camino de la cruz?
La cruz ha tenido un solo significado en la historia de la existencia del ser humano, una sola trayectoria y un solo destino. Cuando Jesús usó esta figura para sus seguidores, «tome su cruz, y sígame», los discípulos sabían lo que significaba. (Lucas 9.23). La crucifixión era un método romano común de ejecución. Los romanos forzaban a los criminales condenados a llevar su propia cruz hasta el lugar de la crucifixión; llevar una cruz significaba llevar su instrumento de ejecución mientras se enfrentaba al ridículo en el camino a la muerte.
Por lo tanto, Jesús en todas las ocasiones que declaró “Toma tu cruz y sígueme” quiso decir: Debes emprender el propósito de la verdadera carrera, estar dispuesto a todo e incluso a morir por seguirme. Esto se llama “morir a sí mismo.” Un llamado a la entrega absoluta, un estar dispuestos a despojarnos “de todo peso y del pecado que nos asedia” como la única manera para correr legítimamente la carrera; la autenticidad del tomar la cruz tiene que ver con la muerte del orgullo, del egocentrismo, de la soberbia, de la auto-suficiencia, de la auto-complacencia, del auto-rechazo, de la codicia, de la ambición, de la blasfemia.
¿Qué carrera estás corriendo?
¿Qué carrera estás llamado (a) a correr?
¿Qué te está impidiendo correr liviano (a) y de qué tienes despojarte?
¿Qué vas a llevar a la Cruz?
¿Cuál es la meta y el final que hay en tu carrera?
Ningún corredor puede correr efectivamente sin tener puesta la mirada en la meta; te invito a que tengas “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”, te niegues a ti mismo y tomes cada día tu cruz y le sigas, recordando que el gozo y la victoria que trae el terminar esta verdadera carrera, no se compara con nada de lo que hayas vivido o estés por vivir en este afanado mundo.
No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro sólo en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús. Filipenses 3:13-14 (NTV).















