La primera vez (Wigetta Fanfic)/Amor de Tumblr. Capítulo 15.
Narra Guillermo.
Me mordí el labio inferior con preocupación, a pesar de que el deseo se apoderó de todo mi cuerpo. Me sentía completamente inseguro. No sabía cómo otorgarle placer y los únicos acercamientos íntimos que había tenido con anterioridad además de hacerme sentir incómodo, fueron un completo desastre. La expresión de mi rostro debió reflejar todos mis sentimientos porque Vegetta sonrió con dulzura, tomó con su mano una de mis mejillas y me lanzó una mirada, que dejó atrás todos mis miedos.
-No te preocupes Willy, también será mi primera vez- susurró con ternura haciendo que frunciera el ceño con extrañeza y dejara salir una risa burlona- Me refiero a que será la primera vez que esté con un chico, soy nuevo en esto- ese comentario sin duda alguna me dio más confianza- Será la primera vez que haga el amor.
-Será la primera vez en todos los sentidos para mi- respondí con un leve sonrojo sobre mi rostro.
-¿Qué?- preguntó incrédulo- Buah chaval, no te creo en lo más mínimo.
-Es la verdad- contesté frunciendo el ceño con molestia- No dejo que se me acerque cualquiera tío.
-Eso si que no lo pongo en duda- contestó divertido- Eres un hueso duro de roer tío.
-Da igual, menos charla y más acción- respondo agarrando rápidamente su rostro y pegando mis labios con fuerza sobre los suyos.
Por fin era capaz de sentir aquellas mariposas en el estómago de las que tanto hablan los cuentos de hadas. Mi corazón latía a mil por hora mientras sus manos retiraban con rapidez cada una de las prendas que cubrían mi cuerpo. Mis dedos se encargaron de agarrar cada uno de los botones de su camisa, para abrirla con desesperación y tirarla al piso de la habitación. Volaron medias, esqueletos y zapatos, hasta que quedamos ambos en ropa interior, con nuestros cuerpos frotándose entre sí.
Elevo mi mirada hasta fijarla en sus ojos llenos de deseo. Mis pupilas se dirigen desde su rostro hasta sus manos que terminan de bajar sus calzoncillos, al tiempo que su pene sale expulsado por fuera de la tela y de su boca sale un fuerte suspiro de alivio.
-¿Puedo tocarlo?- le pregunto sin dejar de mirarlo. Él también está tratando de leer mis pensamientos en éste momento.
-Estoy ansioso de que lo hagas.
Envuelvo su pene en mi mano, pero no la muevo, el líquido pre-seminal comienza a gotear por su hombría. Vegetta jadea y yo me tenso.
-Tu mano se siente tan diferente a la mía. Mejor.
Cuando comienzo a deslizar mi mano por su pene es evidente que él no puede contener los gemidos. No puedo evitar sonreír con arrogancia al sentir que estoy haciendo bien mi trabajo; después de todo, tengo experiencia con mi propio cuerpo. Él toma con suavidad mi pene y repite mis movimientos, lo que ocasiona que mis gemidos comiencen a llenar el lugar.
- Hazlo más rápido- le pido.
Tengo que concentrarme para no soltarlo porque quiero que lleguemos juntos. Creo que Vegetta se da cuenta, porque trata de sostener en el lugar su mano y a la vez, impedir que mi cuerpo caiga con rudeza sobre el suyo. Estoy empapado en sudor y mi respiración es cada vez más pesada.- Samuel- jadeo y me mira fijamente a los ojos. El sigue acariciándome mientras se tensa de repente, mi boca se relaja y un gemido se escapa por mis labios. Sólo puedo decir su nombre, una y otra vez. Me caigo hacia adelante y entierro mi cabeza en su hombro, mientras siento que él me acaricia suavemente el cabello.
-¿Estás listo?- susurró en mi oido con delicadeza.
-Más que nunca- respondí a pesar del temor que sentía, al imaginar el dolor que me causaría el tamaño de su miembro en mi interior.
Se removió de la cama para alcanzar su equipaje y sacar un tubo de lubricante entre sus cosas. Cerré los ojos con placer cuando el líquido se deslizo por mi entrada y me estremecí con incomodidad, cuando insertó uno de sus dedos. Cerré los ojos ante el dolor, a pesar de que rápidamente tomó con su otra mano mi miembro y lo envolvió con suavidad iniciando un movimiento que logró calmarme un poco y despertarlo nuevamente. Nuestras bocas se encontraron y su lengua se deslizo por mi boca con deseo, ocultando nuestros gemidos. De repente sentí un dolor agudo en mi parte trasera que me obligó a clavar mis uñas sobre sus hombros, mientras soltaba unas cuantas lágrimas.
-Lo siento cariño, sólo durara un momento- se encargó de darme picos llenos de delicadeza por todo mi rostro, a la vez que sus manos acariciaban con suavidad mi espalda.
Luego de un rato la incomodidad fue cesando, por lo que me empujé sobre su miembro, para indicarle que continuara con el movimiento. Él me ayudaba a ir bajando lentamente acariciando mi cadera y susurrando palabras de estímulo. Las caderas de Vegetta se arquean penetrándome profundamente y ambos gemimos en armonía. Comenzamos a movernos en un ritmo agradable, fuerte y completamente excitante a pesar de la inexperiencia. Siento que estoy a punto de llegar al orgasmo mientras él comienza a empujar adentro mío, cada vez más profundo.
-Mierda, creo que voy a…- es lo único que logro pronunciar mientras mis ojos se cierran a causa del placer que recorre todo mi cuerpo.
-Yo igual.
Mi orgasmo se libera sobre las sábanas. Segundos después siento una presión en mi trasero y su semen recorriendo mis muslos. Lentamente su miembro sale de mi interior causándome nuevamente un gemido. Rodamos sobre la cama, toma con suavidad mi cintura y aprovecho para acurrucarme contra su pecho. Mis párpados se comienzan a cerrar debido al cansancio y antes de que ocurra, escucho aquella frase que soñé por tanto tiempo escuchar de sus labios.
-Te quiero Guillermo-susurra besando mi cabello con suavidad.
Sonrio con ternura sabiendo que él sabe mis sentimientos, por lo que no es necesario responderle aquella frase.
-No usamos condón, espero que no salgas embarazado chaval- termina divertido aferrándome con más fuerza.
-Es que eres tonto- suelto dejándome caer en los brazos de Morfeo y sonriendo nuevamente ante su tontería.
Aquella fue la mejor noche de mi vida. Por un momento entendí lo que era alcanzar el cielo con las manos, sentir que la felicidad se te acumulaba en el pecho y que todos los problemas desaparecían. Olvidé mi sufrimiento, el dolor y el miedo que rodeaban mi vida. Por un instante sólo fuimos nosotros dos y nadie podía acabar con aquella paz que nos rodeaba.
Al menos no hasta el día siguiente.










