Había aguantado lo suficiente, se dijo, y se venía quejando desde hacía bastante— Esta vez es cierto, no puedo más. Es... Uf... —fue pronunciando, con poco aire. Estaba en peor forma de lo que creía. Se detuvo junto a los balones deportivos, manos en las rodillas, mientras recuperaba el aliento—. Ya. ¿Viste? Cumplí, salí a trotar contigo. Te adoro, de aquí a la luna. Pero hasta aquí llego —declaró, dejándose caer dramáticamente en el césped, seguro bordó del esfuerzo—. Acuéstate. Me merezco no sólo un descanso, sino un masaje, y cinco horas seguidas de chisme y charla. Pueden empezar ahora. Va, tú que tienes aire —así ella lo recuperaba, mientras él hablaba, o lo que fuese. La verdad era que lo extrañaba y tomaría cualquier excusa para tener un rato entre ellos. Hasta esa. Ugh, tendría que haberle convencido de hacer pases con el balón de futbol y ya. // w. @calebine