Me siento agotada,
como si cada día fuera una batalla,
una lucha silenciosa que nadie ve,
que nadie entiende.
Dicen que no debería sentirme así,
que no hay razón para este cansancio,
pero el dolor no sigue lógicas,
y las heridas no sanan con el tiempo que dicta el reloj.
Sí, soy la rota,
la que carga con cicatrices invisibles,
la que ha visto más sombras que luces,
la que no sabe cuánto falta para sanar.
¿Me culpas por ello?
No es que no lo intente,
lucho cada día, aunque sea un paso pequeño,
lucho por no rendirme,
por no caer en esa oscuridad que me llama.
Y entre los juicios y los silencios,
agradezco a los que se quedan,
a los que no me juzgan por mi lucha,
a los que no invalidan mi dolor.
Ellos son los que me recuerdan
que la salud mental importa,
que mis sentimientos tienen valor,
y que no estoy sola en este camino
aunque a veces todo pese tanto.



















