Ni siquiera sé cómo comenzar, antes cuando se trataba de ti las palabras fluían sin parar, solía escribirte los versos más dulces de mi existencia, los que jamás le había escrito a nadie. Creo que así es mi tonta manera de amar, es todo o nada, pero nada a medias, porque en realidad, nadie merece un amor a la mitad.
Es tonta, si, porque así fué, terminé perdiendome a mi misma, con tal de repararte, con tal de sanarte; ingenuamente creí que mi amor podía curar lo que yo no rompí, que podía reparar lo que otros, incluyendo tu familia , rompió.
Te cuide más de lo que me cuidé alguna vez, mi existencia eras tú, mi razón de vivir, mi mundo entero. Pero tú, tú sabías lo mucho que te amaba, y que jamás te dejaría caer, y te aprovechaste sin remordimiento, me rompiste y no paraste.
Estaba ciega, siempre creí todo lo que me dolía estaba en mi cabeza, como tú siempre me decías, siempre creí que ibas a cambiar, a sanar...cada grito, cada palabra hiriente, cada vez que salí huyendo de tu casa al discutir, creía que solamente era netamente eso, una discusión más, que tú solamente estabas enojado y me dañabas con tus palabras al calor de la ira, pero no, no lo fué, nunca fué algo simple, fueron avisos del golpe final, que me obligó a irme de tu lado.
Aún escribo sobre ti, pero ya no es para decirte que regreses, hace mucho tiempo que ya no es así, tampoco con la esperanza de que leas mis escritos, porque sé, que no pasará y en realidad, me da exactamente igual. Me duele todavía, pero no a causa del amor, porque creo que hace mucho se congeló y quedó netamente dolor... escribo para sanar lo que prometiste nunca romper , y no cumpliste.