Percibió la llegada de una figura a su derecha, probablemente tomando asiento para pedir algo en la barra. Ella, por su parte, estaba esperando a que le sirvieran su segunda copa. "El amor," comenzó a decir a aquella persona, a pesar de que absolutamente nadie había preguntado, "no existe", declaró, con puchero incluido. "Así que no me preguntes al respecto." Pero claro, tan solo mentía, pues lo que más deseaba hacer era hablar de su historia romántica fallida.
"Pero, ¿y a ti qué te pasa ahora?" Se tomó la confianza como para hablar con franqueza. "Obviamente que no existe, los verdaderos conocedores de las mentes humanas ya lo sabíamos." Añadió como si nada, como si estuviera hablando del tiempo. "¿Es por eso por lo que estás al borde de la depresión?" Cuestionó después, mirándola de arriba a bajo. "Anda, alegra ese rostro, ¡Que no pasa nada! Mírame a mí, nunca he creído en esa chorrada y estoy perfectamente, ¿no crees?"












