-No, no puedo hacerlo.- Su mano dejó de tiritar. Y al mismo tiempo que caía su brazo, bajaba la cabeza hasta mirar al suelo mientras una lágrima furiosa se suicidaba.
-Así no te sacaré nunca de mí cabeza.- Recuperó el aliento, no era fácil hablar tras haber vivido aquello.
-Para qué quieres eliminarme.-
-Solo te quiero fuera, no existas.-
-Pero, ¿es qué no recuerd…-
-¡No! No recuerdo, ya no, ya no recuerdo.-
Se encogió y comenzó a tiritar mientras le corrían lágrimas desesperadas por su suave piel. Luego comenzó.
-Recuerdo una mariposa, y recuerdo el cielo que ella tenía de fondo. Los dos, solos en el pasto del parque, bajo la sombra de aquél roble que nos vio florecer tan acogedor y cariñoso como siempre. Mi mano en aquella más pequeña y delicada, suave y sublime.-
-No recuerdo como sigue. –
-Ahora es lo mismo. Pero no hay mariposas ni cielo, tienes tu mano en la tuya y tu cabeza fija al televisor, mientras te acuestas en tu cama. Solo.-
Paró de tiritar y miró a su alrededor. Era verdad. Todo era un desorden y el único sonido distinguible era aquél de una televisión mal sintonizada. Estaba en blanco.
-No, no recuerdo, ya no, ya no recuerdo.
-¡No puedo! ¡Mierda! ¡Entiende, por favor, no puedo!-
Un puño rápido y fuerte fue lanzado junto la desesperación de aquellas palabras.
-Caminando. Caminaste hacia los lados, pero caminaste. Luego del parque soltaste su mano, dijiste lo que tenías que decir y no volviste jamás.-
-Entonces ¡¿Qué mierda hago aquí?!-
-Tú, tú no puedes recordar la mariposa. No estabas ahí.-
-Claro que sí, siempre estuve ahí, yo siempre estoy ahí.-
-No, ella estaba conmigo.-
-Sigue diciendo eso, quizá te funcione.-
-Pero ella se fue, yo me fui y no volví.-
-Ya te dije que… espera. Yo estaba yendo.-
-¿No es acaso esta tu casa?-
-Si, pero no mi hogar. Yo estaba saliendo y tú llegaste, tú no quieres que llegue.-
-No, yo quiero llegar. Yo voy a llegar.-
Se paró ágilmente, recogió el revólver que tenía sangre en la punta del cañón por lo fuerte que lo habría presionado contra su garganta. Lo puso sobre su herida y sin duda, disparo.
-No siempre la gente llega a un hogar. A veces prefiero, lo construyan.-