Érase una vez en Córdoba capital, un sábado por la mañana. La luz del día despierta a Miel, al despertarse haciendo ruidos con sus andares matutinos despierta también a la flaca, una humana compañera.
La flaca se levanta de la cama, pone la pava y recuerda mirando a un punto fijo el piropo que le dijo su mejor amiga: “Para mí el té es vos y Pía. Y los budines también.” Este sentimiento le hace querer prepararse un té y emplearlo como afrodisiaco para uso interno. Se toma unas dos tazas “al hilo” y las acompañó con unas mandarinas de color naranja. Al pasar unos 40 minutos mientras reflexiona un texto budista que decía que “los tibetanos se levantan temprano para aprovechar la luz del día” nota un brillo demasiado naranja, un naranja muy fuerte en las cascaras de las mandarinas, entonces se dice a si misma:
Espero no haberme zarpado en té.
Su amiga compañera de casa se levanta y se dirige a la ducha, pone fuerte la radio futurock donde hablaban de la policía y su represión. Estas palabras, a la flaca, le hacen asustarse un poquito al estar en ese estado, recuerda esa realidad que también existe y que en la calidez de su hogar había olvidado por unos instantes.
Decide ir a comprar mas frutas, quiere ver como se ven los colores de los pomelos y desea sentir como entra por su boca una jugosa manzana. Le pregunta a la Miel:
¿Mmm…Voy a dar un paseo con esta flaca o sigo durmiendo la siesta? Se pregunta Miel… pero dejó de dudarlo luego de que la flaca agarre su correa azul y le diga:
¿Me acompañas acá nomas? -Okey, muevo la cola y salto a su lado como aprobación de su propuesta, se dice a sí misma.
Ya en las calles, caminando juntas entre las hojas secas de las veredas todo es juego, sonrisas de oreja a oreja y pulgares muy arriba. Barbijo de por medio nos encontramos en la cola de la verdulería, un policía se pasea muy lento por toda la cuadra. La flakis tiene miedo, a la paranoia de la cuarentena se le suma que esta bajo los efectos de un té que mas afrodisiacamente le pego psicodélicamente. La miel le ladra al cana sin parar.
-Shhhh, basta Miel! Le dice la flaca. Miel hace caso y se pone a olfatear por la vereda.
La flaca toma aire y respira profundo para sentir su cuerpo, mira al cielo quien se ve muy celeste en contraste con los edificios de ladrillo visto y puede ver fractales en los rayos del sol. Se ríe por dentro y estornuda dentro del barbijo.
Logra comprar las añoradas frutas y emprenden, junto con la Miel el viaje de regreso.
Al llegar a casa, la Miel, cansada de correr se duerme profundamente en el sillón. Comienza a soñar que corre en el parque, con lanzadas furiosas de pelotas, palitos y escucha a lo lejos un fanatique de lo medieval que informa que los Orcos no eran rivales para los Noldor y buscó en su corazón un nuevo consejo. La flaca la mira dormir y se ríe por los espasmos que hacen sus patitas simulando correr.
Siente una necesidad de sentarse a meditar, cierra sus ojos por varios minutos al abrirlos nuevamente para soplarse un pelo que le hacia cosquillas en la frente nota que las manzanas y los pomelos que compró en la verdu ya no existen, la Miel duerme a su lado y se da cuenta que nunca salieron de la casa. Todo habría sido una meditación distraída. Fin.