Esta vez no tenia muchas investigaciones por hacer, sabia con exactitud quien y porque la mató e incluso, cómo lo hizo; lo presentía desde hacia varios dias atrás; tenia eso que buscan los investigadores criminales de las fiscalías, pruebas, certezas, vacíos en el ocultamiento del crimen, pero sobre todo tenia El Paso a paso de esta locura en la que se vio envuelta su amiga. Veronica desde el primer día presagio esto, y odiaba tener esos pensamientos, luchaba contra su negativismo y deseaba como nadie mas en el mundo que las señales que ella veía como obvias fueran solo producto del estrés que le provocaba su trabajo y los montones de cuerpos violados y maltratados que veia cada día, incluso le gustaba mas verse así misma como una mujer que habia perdido la cordura gracias al trauma que le causaba los asquientos hallazgos de su trabajo, antes que continuar con la certeza de que algo malo le iba a pasar a su amiga, a su compañera de tantos años, a la que fue, e incluso a la extraña en la que se habia convertido Sara esos últimos meses.
Y es que para ser sinceros Sara ya no era quien Veronica conoció alguna vez, de esa no quedaba nada, ni su cuerpo atlético y escultural, ni su actitud vibrante que a todos llamaba la atención, ni sus silencios cómodos, ni la inteligencia que siempre le habría puertas, ni la sonrisa única que iluminaba todo, todo lo trastoco ese maldito hombre, la revolcó por dentro y por fuera, mientras Sara se lo permitió, y entonces cambio sus jabones con olor exquisito y su intocable espacio personal por un cuchitril en el que entraban y salían hombres de toda clase, drogados, como él, en su mayoría, un pequeño lugar en el que permanecían estáticos niñitos al cuidado de nadie, con los que Sara pretendía escapar al hacerlos sonreír. Jugaba con ellos, Sara, la que odiaba que los niños se le aceraran, jugaba con los niños diciéndoles mi amor con actitud maternal, y enviaba fotos por doquier, intentando mentirles a todos, incluso así mismo, sobre todo así misma.
A Veronica le repugnaba la nueva Sara, odiaba sus nuevas actitudes, le causaban nauseas los pocos emails que le enviaba detallando su increíble vida en la selva,
Jajajajajajaja, se reía,
- Sara, mi Sara metida en la selva, con niños y sin zapatos, jugando a la salvadora, sin poderse siquiera rescatar así misma.
Sara a la que no se le rompe una uña, Sara la que me dejo de hablar durante un día en nuestro viaje a México por que invadí su espacio con mi maleta de mano, Sara la que tardaba horas en el baño con sus productos de cabello y sus aceites corporales.
Esa Sara.
Esa sara ya no existía, se la había tragado la tierra, o mejor dicho el horror de un salvaje, y su ridícula idea de demostrarle a todos que estaban equivocados, aferrada a su ego, atrapada en un violento ciclo, sin poder salir por no perder.
Eso repetía Veronica, se lo decía así misma, las tardes de domingo en las que al fin podia descansar de su extenuante trabajo, y agarraba un libro y una botella de vino para liberar la tension, pero terminaba llorando, le era imposible no recordar que habia perdido a su amiga cuando pensaba en algo cómico o encontraba en sus libros alguna cita que quería enviarle a ella, entonces tomaba su celular en un acto casi mecánico y buscándola desesperadamente entre sus contactos, lo recordaba, entonces se decía así misma, “ya no esta, no me va a contestar, ya no es ella, soy solo yo con las frases que creí que amaríamos”
Empezaba a llorar, lloró mares, lloro de dolor y de rabia, lloro de impotencia, lloro ríos, las lagrimas se le escapaban por entre las manos, al igual que lo hacia Sara, muchas veces llego a pensar en su ego, y en las traiciones que le estaba jugando, entonces le dolía ser así, le dolía repugnar las actuaciones de su amiga, y se sentía contrariada.
Como una premonición, meses antes del silencio que le impuso Sara a sus mensajes y llamadas, Veronica, a sabiendas que con ello rompería incluso sus propias reglas, le envió un email minado de un sin numero de fotos, videos e investigaciones que tenia en su poder sobre los feminicidios en los que estaba escudriñando, enlaces a paginas web de refugios y asociaciones que ayudaban a mujeres sobrevivientes de violencia de genero, y un típico “amiga date cuenta” al final, disfrazado con una frase escrita entre lagrimas y en mayúscula, en la que le suplicaba “SARA, NO QUIERO QUE SEAS UNA MÁS DE ESTA TERRIBLE LISTA”; pese a que ella ya lo era.
Lo fue desde hace mucho, lo fue desde que volvió de Londres, y permaneció estancada en el desconsuelo de aquellos recuerdos, porque su alma desde ahi estaba muerta de vergüenza y dolor, lo fue aunque caminaba, trabajaba, lo era pese a que juro haberse enamorado de nuevo, lo fue aunque por fuera sonreía y planeaba viajes para disimular que por dentro se desangraba, lo fue, aunque después, él la matara tantas veces y de tantas maneras como fue posible o mejor dicho impensable.












