Eran poco más de la tres de la madrugada cuando el teléfono de Alex comenzó a sonar, era la madrugada de un sábado por lo que no le sorprendía que alguno de sus amigos lo llamara borracho.
Cuando iba a ver de quién se trataba solo vio un número que no tenía en sus contactos, "tal vez sea importante", pensó y atendió.
Del otro lado le respondió una voz femenina. Que al parecer había anotado mal el número de uno de sus amigos. Se le notaba algo asustada, por lo cual él trató de calmarla.
Ella le explicó que ya había marcado a sus otros amigos, pero ninguno de ellos le contestaba. Al parecer le había jugado una broma (la habían hecho bajar del auto antes de llegar), era la primera vez que salía y estaba sobria, por lo cual era entible su miedo. Curiosamente al boliche al que iban era justamente al que estaba solo a unas cuadras de la casa de Alex. Cuando le pregunto en donde estaba, ella le dio la dirección de una casa que se encontraba a solo algunos metros de la de él.
Le explicó como llegar al antro, comentandole que él conocia el lugar, pues vivía muy cerca.
En aquel momento ella le comentó que había un hombre que se acercaba a ella y le estaba dando mucho miedo. En ese instante preocupado por la vida de aquella chica le dijo que su casa estaba dos delante de donde ella había dicho que se encontraba, que fuera hasta allí y el saldría para acompañarla. La chica accedió.
Cuando Alex salio pudo verla a ella y al hombre que se acercaba. Se apresuró a saludarla y en cuanto lo vio aquel hombre solo cruzó la calle.
La observó detenidamente era muy bonita y se había vestido más como para una cena elegante que para salir a bailar, era un tanto extraño, pero no le dio importancia.
Tal y como estaba, descalzo y solo con una bermuda puesta la acompañaría las dos cuadras restantes que le quedaban de camino.
Una de ellas era una gran terreno abierto, lleno de arboles y malesa, hace años que estaba abandonado. Era un lugar tranquilo durante el día cuando no se escuchaba musica de discoteca, aunque lleno de insectos.
A mitad de camino la chica se detuvo y por consecuente él. Lo miró algo perdida y le susurró.
Alex sintió un pinchazo en su pierna a la vez que todo su cuerpo quedaba paralizado y del de la chica comenzaban a suguir extraños y escalofriantes apéndices mientras su rostro y su cuerpo se deformaban.
Esta comenzó a abrir, con unas punzantes extremidades que salían a solo unos centimetros de sus brazos, la panza del joven muy lentamente. Mientras él no podía moverse o emitir sonido, ni siquiera podía sentir dolor.
Antes de matarlo y comenzar a consumir sus organos le dedicó unas últimas palabras.
—Lo siento, es mi naturaleza. Debiste quedarte en casa, entonces aquel hombre hubiera tomado tu lugar.